Capítulo 24: Otro cliente
familiar
Me encontraba
durmiendo plácidamente en la comodidad de mi hogar cuando recibí una llamada de
Nelly.
—Hey, bueno… —dije
con la voz seca.
—¿Sabes qué día es
hoy?
—No, ni perra
idea.
—Es tu
cumpleaños idiota.
—No me jodas, ¿y
qué?
—Bueno, que te
he estado tratando de llamar por la última media hora y no contestas tu maldito
teléfono.
—¿Quién te pidió
esto, Lupita?
—Si, ella fue
—dijo Nelly exasperada— planean celebrar una fiesta en su casa, estoy en el
jardín acomodando las mesas y sillas.
—Oh, ok ya voy
para allá —dije mientras me incorporaba en la cama— ¿necesitan que compre algo?
—No borracho,
solo vístete y trae tu trasero aquí.
—Mierda, estas muy a
la defensiva —dije sentado en el borde de mi cama— ¿todo está bien?
—Si, discúlpame
—dijo Nelly apenada— es que tengo muchas presiones hoy, no estoy acostumbrada a
lidiar con tantos niños, ni al ejercicio físico y creo que estoy hasta los
huevos de organizar fiestas.
—¿Cuáles huevos?
Ambos nos reímos
a carcajadas por el teléfono.
—Ya muévete wey,
¡¡¡ya!!!
—Si ya voy, ya
voy bye.
Colgué el teléfono y
me incorporé por completo, me rasqué la cabeza y me percaté de que mi cabello
había crecido demasiado, no estaba seguro si era algún efecto secundario de las
pastillas o tal vez el simple hecho de que no había pisado una barbería en más
de un año y varios meses, al parecer había sido negligente con mi aspecto
personal. Pero al mirarme en mi espejo de cuerpo completo me pude dar cuenta
que no era del todo cierto, mi piel estaba muy bien tratada por todos los
productos que utilizaba, además de estar afeitado de pies a cabeza ya que me
había desacostumbrado demasiado al vello corporal (aparte nunca fui muy peludo)
me raspaba y me daba comezón. Estaba muchísimo más delgado y tenía los músculos
bien definidos, además de que los ejercicios de pierna habían surtido muchísimo
efecto ya que mis glúteos se veían muchísimo más grandes, redondos y firmes.
Realmente mi figura parecía femenina desde ciertos ángulos, e incluso mi
elección de pijama (o más bien mi falta de ella) hacía una gran diferencia.
Dejé de usar bóxers o
cualquier ropa interior masculina desde hace mucho tiempo, solo usaba tangas de
encaje y de hilo dental, me había acostumbrado tanto a la sensación que incluso
me las ponía cuando utilizaba ropa de hombre, increíblemente mi pene se sentía
cómodo apretado contra aquella tela tan suave, había aprendido a meter mis
testículos en un pequeño espacio entre mi fémur y el músculo. Y lo que más me
satisfacía es que nadie sabía ese secreto tan bochornoso. Recordé una anécdota
en la que estaba en el banco como hombre y tenía puesta una tanga que se sentía
muy suave, además de unos pantalones de mezclilla de mujer que me quedaban
súper ajustados, solo me reía de la cara estúpida del trabajador del banco
contando dinero mientras yo tenía un pequeño episodio de voyerismo y
satisfacción genital.
Volviendo al
presente, esa mañana llevaba puesta una tanga roja muy bonita y cómoda, además
de una blusa suelta. Me tambaleé hacia el baño para prepararme, me senté en la
taza a orinar, ya me había acostumbrado a ello y era mucho menos desastroso y
sucio. Ya no me importaba nada el hacer cosas de mujer, conservaba los aretes
que me había puesto, me ponía esmalte trasparente en las uñas, usaba lipstick
para proteger mis labios además de cremas para la cara y champús especiales. Mi
reflejo en el espejo del baño era muy parecido al que tenía como chica justo
antes de maquillarme.
Toda esa magia
femenina se iba al traste en cuanto me vestía como hombre, ya que el usar
camisa, pantalón de vestir y zapatos de cuero mataba cualquier ápice de
feminidad. Me agarré el cabello con una liga y me marché hacia mi fiesta.
La verdad no fue nada
muy grande ni digno de mención, acudieron algunos amigos y familiares lejanos,
nunca tuve primos ni sobrinos de mi edad. Mis niños preguntaron por su tía
Nicol y solo atiné a decirles que ella se sentía mal y no podía venir. Pero que
en la noche trataría de hacernos una video llamada. Los niños parecían
disgustados, le mandaron algunos mensajes al supuesto número de su tía los
cuales contesté en secreto cuando ellos no me estaban viendo. Les mandé una
foto mía un día que estaba acostada en la cama de un hotel, los niños eran tan
inteligentes que seguro si les mostraba otras fotos de Nicole acostada en la
cama de mi casa seguro la reconocerían por las sábanas o la pared. Gracias
bendita tecnología.
Quise ver la reacción de Lupita ante mis
fechorías, pero solo obtuve una sonrisa apenada de su parte, habíamos hablado
de él “encuentro” que habíamos tenido hace algunas semanas, y habíamos llegado
a un acuerdo muy abierto en el que ninguno de los dos se sentía incómodo por lo
sucedido, incluso hasta sentía que habíamos logrado sanar muchas cosas
importantes que no habíamos hablado con nadie. De hecho, Lupita me mencionó que
ella quería hablar un poco conmigo en privado sobre una cosa importante, a saber,
que sea, no creo que sea otra vez por lo de Cristina.
El día en sí fue
muy divertido y tranquilo, me cantaron las mañanitas y me partieron un pastel
muy rico, la fiesta duró poco debido a que la mayoría de los invitados se
retiró muy rápido.
Pero Nelly y yo
aprovechamos nuestro tiempo y nos pusimos a tomar unos tragos de tequila de una
botella que me habían regalado.
—Pedro, tengo
algo que preguntarte.
—¿Si qué es?
—pregunté con tranquilidad.
—Me enteré de que
tuviste sexo con un tipo en mi fiesta.
Casi escupo lo
que tenía en la boca.
—¿Qué, no yo no
tuve nada con ninguna persona ahí y…
—Tranquilo, no estoy
enojada, de hecho, me sorprende no haberme dado cuenta cuando pasó, ya sabes
tomando en cuenta el olfato que tengo para esas cosas.
—Fue un
accidente, había bebido y no estaba en mis 5 sentidos.
—No lo dudo,
pero ese sujeto resultó ser el socio más cercano de mi esposo, hace poquito él
le contó que había conocido a una chica con tus mismas características y que
quería conocer su nombre para poder volver a hablar con ella.
—No, esta
alucinando no le hagas caso.
—No lo sé, parece
decente —dijo Nelly encogiendo los hombros.
—No sé qué decir, fue
como una especie de flechazo fugaz, no sé por qué le dejé meterse conmigo de
esa manera.
—Bueno ya
habíamos hablado de eso, antes era un momento en el que aún no te abrías
sexualmente, ¿a diferencia de ahora no? —preguntó Nelly con curiosidad.
—Es verdad,
ahora ya todo ha cambiado mucho.
—Si, ya eres una
persona diferente.
—Sigo trabajando
en ello, aun no cantes victoria pervertida.
—Chinga tu madre
vieja.
Ambos reímos, se
nos estaba subiendo el alcohol al cerebro.
—Bueno, creo que
sabiendo esto puedo decirte que Javier le dio tu número.
—¿Qué? —dije con
los ojos crispados.
—No lo supe
hasta varios días después, perdóname.
—Bah, que diablos ¿Qué es la vida sin un poco de emoción? —dije de forma
despreocupada, para después beberme una cerveza de un solo trago —recibí un
mensaje de una persona desconocida, ya creo que sé quién es el hombre detrás
del misterio.
Tenía a mis hijos en
casa, estaba jugando con ellos y charlando un poco con las niñas, las cuales ya
se veían mucho más tranquilas desde aquel tiempo a solas que habíamos tenido.
Pero Alex seguía preocupándome, su mirada era esquiva y distante, me carcomía
no saber que pasaba por su mente así que le pregunté directamente.
—¿Que hay amigo?
—le dije mientras le ofrecía un pequeño juguito.
Alex lo acepto y
le puso la pajita, murmuró algo poco comprensible.
—No te entendí Alex,
¿qué dices?
—Que no somos
amigos —dijo en un tono muy duro.
—¿De qué hablas?,
siempre hemos sido los mejores amigos.
Alex no dijo
nada y siguió jugando en el piso con algunos bloques.
—Alex, lo siento, sé
que no nos hemos visto en mucho tiempo, pero sigo siendo ti papá y te sigo
queriendo.
—No importa, ya
tengo a mi abuelita Lupita.
—¿Y qué me dices de
tu tía Nicol?
—También la
quiero más.
—Alex, yo te quiero
—dije tomándolo del hombro y abrazándolo.
—No me gusta que
nos dejes solos —dijo llorando en un murmullo.
—A mí tampoco me
gusta dejarlos solos campeón, lo odio, pronto estaré más cerca de ustedes, lo
juro.
Alex me abrazó
con fuerza y continuó llorando en mi hombro.
—Te voy a llevar
en un viaje de campamento, solo tú y yo amigo, solo para hombres, será mi forma
de darte el tiempo que no te he dado.
La cara de mi
hijo se iluminó y preguntó:
—Me vas a
enseñar a pescar.
—Si encuentro un
buen río sí -dije riendo- y también me falta la caña.
Ambos nos reímos con mucha felicidad, y mis dos hijas chismosas se nos
unieron en un gran abrazo familiar.
Esa misma noche
recibí otro mensaje de mi cliente misterioso.
—¿Estás
disponible ahorita?
—Fabián, deja de
jugar.
—¿Cómo supiste?
—Era obvio
patán.
—Ya extrañaba tu
hostilidad Nicol.
—Yo no te
extraño…
—No creo que
puedas seguí con esa mentira por mucho tiempo.
—¿Mentira?
—Si, puras
mentiras, quiero verte, por favor.
—Eso cuesta.
—Sin problema, ¿dime
donde nos vemos?
—Si quieres en
tu depa o un motel.
—Mi departamento
está bien, te pago el Uber.
—Tengo mi propio
auto, no necesito tus limosnas.
—Cada día me
sorprendo un poco más.
Me mandó la dirección
y quedamos acordados de vernos en su departamento a las 9:30, le llamé a Lupita
y llegó en muy poco tiempo, le pedí que no interactuara con los niños ya que
todos estaban dormidos, solo que les hiciera creer que su padre seguía viendo
la tele en la sala. Me transformé en velocidad exprés y bajé las escaleras con
las llaves del coche en mis manos, Lupita estaba acostada en el sillón de la
casa viendo en la televisión un programa de disputas familiares. Le avisé que
tenía un cliente conocido de la fiesta de Nelly y le mandé la dirección del
lugar.
—Con cuidado
hija.
Me despedí de
ella con un beso y subí a mi auto, dirigiéndome al departamento del estúpido de
Fabián.
Pasé las calles
a velocidad moderada y terminé siguiendo el GPS, me mandó justo al frente de un
edificio de departamentos en la zona rica de la ciudad. Le llamé al teléfono e
indicó que tocará el timbre de la recepción y que él bajaría para recibirme.
Al encontrarme con él
cara a cara de nuevo causo que hubiera un cortocircuito en mi cerebro, el
hombre era prácticamente una escultura viviente y símbolo de la masculinidad.
Quise portarme fría con él y solo hacer mi trabajo, pero él sabía presionar
todos los botones correctos dentro de mi cerebro para hacer que el enojo se
convirtiera en una especie de deseo extraño.
Pasamos dentro de su
departamento y me invitó a sentarme en el sillón de la sala, todo el lugar era
bastante pequeño, pero aun así conservaba cierto tono elegante.
—Vaya, pensé que
vivías en una ratonera.
—Las apariencias
engañan listilla.
Que tipo tan
odioso.
—Ash, que cliché
de frase.
—Oh, perdona que
no se me ocurran mejores frases a las diez de la noche, no lo hago a propósito —dijo
de forma burlona.
—¿Y me vas a
ofrecer algo de tomar o solo me quieres para coger?
—¿Se puede hacer
ambas?
—No sé, tu dime.
—Bueno, a mí si me gustaría.
—Bueno, ¿Y que
me vas a ofrecer?
—¿Prefieres algo
sueve o algo más potente?
—Algo fino,
mejor.
Él asintió y se
metió en la cocina, dónde tenía una mini cava de vinos y licores.
—Aparte de mal
anfitrión, borracho.
—Apuesto a que
tienes peor selección que yo Nicole.
Era cierto, yo
me llenaba el hocico con cerveza y vino barato, este wey si tenía vodka francés
y whiskey escocés.
Terminó sirviendome
una bebida vibrante de colores atractivos, me dijo que se llamaba margarita
Citrus, la cual había preparado con un jugo que sacó de su refri y un poco de
Absolut y frutas rebanadas.
Su cristalería no era
muy fina, pero pasaba, pasaba.
—Así que esto haces
para divertirte los fines de semana? —dije con un tono incisivo e hiriente
—¿contratar putas y empedarte?
—Que feo,
llamarte puta a ti misma.
Maldito, me la
aplicó, pero no me mostraré ofendida.
—Por lo menos yo
sé lo que me gusta y lo que soy.
—Lo dudo mucho
Nicole, además la que me pidió bebida fuiste tú.
Me la volvió a
aplicar.
—Te odio.
—Odia al juego,
no al jugador.
—Esto no es Monopoly,
ridículo.
El solo hizo un
gesto con la mano que se asimilaba a una marioneta abriendo y cerrando la boca.
Pero no pude
evitar reírme ante tanta idiotez junta.
—sabes, eres
gracioso si lo intentas.
—Mierda Nicole,
¿eres bipolar? —dijo en tono de falsa seriedad.
—No, ¿por qué?
—Hace unos
segundos me acabas de decir que me odias.
—Ash, era de
broma, niño sensible
—Yo me lo tomo
en serio —dijo en tono de falsa seriedad de nueva cuenta.
—Y yo también —dije
con exasperación mientras arrastraba los ojos por detrás de mis parpados.
—Todo te lo
tomas en serio como si fuera vida o muerte, relájate por un segundo Nicole.
Pensé
detenidamente en sus palabras por un momento y asentí.
—Bueno, lo intentaré,
creo que puedes tener razón.
Fabián se me acercó
más y más hacia mí, debo admitir que me sentí algo sorprendida e intimidada por
tan repentino movimiento de su parte, ¿pero a quién quiero engañar?, ya sabía a
lo que venía, aparté mi bebida del camino y le dejé espacio para que se acercara
más a mí.
Su respiración se
sentía caliente y profunda, me impactaba justo debajo de mi nariz. En un
momento que se sintió sumamente extraño, él me arrebató un tierno beso. Justo
en ese momento la Nicol desenfrenada y adicta al sexo se volvió a apoderar de
mí, y como siempre, yo respondí ese tímido beso con una salvaje y seductora
comida de boca.
—Wow Nicole, yo…
—Cállate y
bésame cabrón —dije casi gritando.
Ni tonto ni perezoso
me abrazó con mucha fuerza y ahora él era el que me comía la boca a mí, me
gustaba ese tira y afloja de poderes y voluntades.
Mis manos necesitaban
algo de acción también, solté mi agarre del cuello de Fabián y pasé mis palmas
por encima de su camisa, le desabroché los botones lentamente y le dije:
—No recordaba que
tuvieras tan buen abdomen, ¿qué tanto ejercicio haces?
—Hago un poco —dijo
riendo—. Además, la última vez que nos vimos estábamos en un lugar escondido y
muy oscuro.
—Ni me lo
recuerdes.
—Pero me alegra
que haya sido así, por lo menos tuve la oportunidad de conocerte.
Sentí un espasmo en
el estómago ante tal comentario, pero él retomó sus besos y yo ya no pude
volver a concentrarme en mis espontáneos pensamientos. Y yo volví también a lo
que estaba haciendo, procedí a bajar más mis manos hasta llegar a su pantalón,
era bastante bonito y elegante, parecida a la tela de un traje de vestir.
Hábilmente desabroché
su cinturón, botón y cierre y no pue evitar sentir la familiar forma de un
miembro masculino. Le sonreí coquetamente viéndolo a los ojos y no pude evitar
el pasar mis manos por encima de su ropa interior para poder realmente palpar aquel
bulto que parecía hacerme más y más grande.
La curiosidad pudo
más que yo y decidí que descubrir aquella interesante forma era lo mejor. Me
encontré con una grata sorpresa, obviamente había visto su pene antes en la
fiesta de Nelly, pero como él mismo había dicho, no era lo mismo. Ahora podía
apreciarlo y contemplarlo todo lo que quería.
Él solo se
dejaba hacer, así que volví a tomar el control y le ordené:
—Llévame a un
lugar más cómodo.
Nos habíamos
quedado fajando en la sala de su casa, y él inteligentemente (después de mi
indicación) me llevó hacia su habitación. Esperaba que estuviera bien
amueblado, porque ya me habían tocado unos sujetos que se pasaban de minimalistas
y que casi casi solo tenían la cama y el closet. Pero de nuevo me sorprendió gratamente
porque su cuarto estaba muy bonito y ordenado, como esas fotos que salen en
internet sobre como decorar y amueblar una habitación de hombre.
No pude evitar darle
mis felicidades por tan buen gusto, él se volteó a agradecerme y yo solté una
carcajada.
—¿Por qué te
ríes?
—Es que se me olvidó que estábamos encuerados
—dije casi con lágrimas en los ojos.
La escena era
sumamente cómica, una despampanante chica vestida solo en brasier y pantis y un
sujeto con los calzones puestos pero el pene de fuera.
—Oh, sí —dijo Apenado.
No lo había notado.
Ambos reímos
como maníacos.
Entramos al cuarto y
Fabián le habló a su aparato Alexa para poner un poco de música romántica,
hubiera preferido algo de pop, pero supongo que el cliente escoge.
Mi “amigo” se deshizo
por completo de lo poco d ropa que le quedaba y la aventó de una patada hacía
una esquina del cuarto.
—Anda, ponte
cómoda.
La verdad a mí me
gustaba estar medio vestida cuando tenía sexo porque me gustaba mucho llevar
lencería puesta, pero supuse que lo que realmente quería Fabian era poder verme
totalmente desnuda, así que le cumplí su fantasía y me alejé un poco de él para
que tuviera una mejor visión, La música se puso casi al tono que yo pensé para
poder darle un pequeño baile, y recordé mi primer cliente, por el cual también
bailé, y la emoción se me bajó e inmediatamente dejé de bailar.
—¿Te pasa algo Nicole?
—No, es solo que
no me gusta mucho hacer strip tease, tuve una mal experiencia con eso.
—No tienes que
hacer nada que no quieras…
No pude evitar
pensar que esa era tal vez la primera vez que ningún cliente me había dicho esa
combinación de palaras.
Mágicamente
recobré la confianza.
—Gracias —Le
dije con honestidad.
El solo me
acarició el hombro y me dio unas palmaditas en la espalda.
Eres graciosa
Nicole, pensé.
Volteé a ver de
nuevo a Fabián y me recibieron sus suaves ojos de color, y su expresión calmada
y amable. Le dí otro beso y me recosté con él en la cama, puso su pierna por
encima de mí, como si ya fuéramos a hacer una penetración, pero quería seguir
jugando un ratito más con él, así que le dije:
—Acuéstate.
Se recostó lentamente
boca arriba y puso un par de almohadas debajo de su cabeza para poder verme y
tener la cabeza elevada.
Su pene se
despertó más y más ante la inminente llegada de mis manos.
Yo tenía las manos
súper bonitas debido a que les doy un extensivo cuidado y manicuras semanales,
además de la practicas uñas postizas que Nelly me recomendó. Y Esas suaves y
lindas manos querían tocar aquel pene tan atractivo y grande, y cuando por fin lo
hicieron pude sentir una inusitada emoción y excitación. Empecé lento, traté de
bajar su prepucio para descubrir su glande, de un color rosado intenso, él
tenía el vello del pubis recortado a la perfección, hasta parecía que un
barbero le había perfilado su corte con maquinilla y navaja.
Yo lo masturbaba
con ambas manos, su pene estaba durísimo y la calidez y elasticidad de su piel
era muy agradable, sus testículos rebotaban gentil y rápidamente en la parte
baja de mis manos, y sus gemidos suaves me complacían.
—¿Te gusta? —La
pregunta se me antojó cursi y trillada, pero yo apostaba a que él ni se
pensaría ese detalle.
Y no lo hizo,
solo gimió un leve siseo. Eso por alguna razón reafirmó mi personalidad
controladora.
Comencé a jugar con
su abdomen con mi otra mano y lentamente comencé a acomodarme encima de él,
poniendo mis piernas por encima suyo, sujetándolas con firmeza, sin dejar de
masturbarlo. Y a sosteniendo su pene él se movió un poco y de un buró sacó un
condón, me lo entregó y se lo puse con una facilidad extrema, la práctica hace
a la maestra. Siempre digo.
Me gustaba estar
encima de mis clientes para yo también disfrutar a mi ritmo. Su pene estaba en
la cúspide de su dureza, casi podía sentir la sangre fluir por sus venas. Y por
su parte mi vagina se sentía súper húmeda, una gruesa gota de mi lubricación se
escurrió por mi muslo izquierdo, y pensé que sería un lindo detalle que su
glande tuviera una probada de ese viscoso liquido transparente. Así que dirigí
mi mano que aún sostenía su pene hacia mi humedad. Restregué su verga tan duro
contra mi piel que hasta sentí que se resbalaría y entraría por accidente en mi
ano.
Su cara me lo dijo
todo.
Decidí dejar de ser
tan mala y darle la satisfacción de una vez a este pobre diablo, finalmente
dejé que su verga se insertara suavemente dentro de mí, debo admitir que el muy
cabrón tenía un miembro de muy buen tamaño, y me hizo sentir que mis más profundos
adentros se dilataban. Y el más delicioso de los movimientos comenzó, aquel
sube y baja rítmico me hacía sentir como toda una vaquera putona, y realmente
disfrutaba, cosa que de vez en cuando se me dificultaba, obviamente varía de
cliente a cliente. Pero por ahora todo fluías como seda.
M e percaté que aún
tenía el brasier puesto por lo que estiré rápidamente uno de mis brazos por
atrás de mi omoplato, para así poder desabrocharme. Mis perfectas tetas se
descubrieron y el movimiento de arriba a abajo hacía que rebotaran de una
manera deliciosa, y si eso me parecía a mí ya me imagino que tan bien me veía
desde la perspectiva de Fabián. A veces me amo mucho.
Aceleramos el
movimiento y yo decidí hacerme rebotar mucho más duro por encima de él, los
famosísimos sentones. Pero esto parecían más cabalgata desenfrenada que alguien
sentándose, así de violento. Y yo movía mi cadera en moción circular, de
adelante hacía atrás y podía ver de primera mano la reacción directa de mis
móviles caprichos. Sudábamos, realmente llevábamos solo unos pocos minutos,
pero era demasiado intenso, como si ambos lo estuviéramos haciendo con una
feroz pasión. Y yo no sé él, pero a mi si se me antojaba hacerlo de tal manera.
Pero lo noté algo cansado.
—¿Todo bien Fabián?
—Pregunté algo pensativa.
—Sí, es solo que me
cansé un poco.
No sé por qué, pero
la verdad no tuve el impulso de burlarme, como lo hacía con la mayoría de los
hombres con los que me relacionaba.
—¿Quieres cambiar de
posición? —Le sugerí.
El solo asintió y se
incorporó levemente, por lo que me indicó que se quería levantar más. Yo traté
de levantarme, pero mis piernas parecían pegadas a las sábanas, no me había
percatado, pero yo también estaba sumamente cansada, así que le indiqué con movimientos
que me ayudara a poderme a un lado. Lo que tampoco me esperaba es que al él
intentar sacar su miembro de mi vagina a mí me causó algo muy extraño, me dolió
un poco, ósea, no dolor-dolor, si no como una especie de placentero
entumecimiento (como cuando destapas un corcho o te chupas el pulgar y lo sacas
rápidamente de tu boca) lo que por alguna otra razón extraña me hizo sentir
culpable, ya que jamás lo había sentido, no sé qué fuera. Y lo peor es que me
gustó, me recordó a las primeras veces que tuve sexo como mujer, o como cuando
descubrí la masturbación, o cuando me metí varios dildos a la vez, y todos esos
recuerdos me hicieron pensar de mí mismo de nuevo en masculino, como si me
sintiera culpable de ser tan aberrado sexualmente hablando.
No le dije nada ad
eso a Fabián, temía que actuar como profesional.
Descansamos un rato
dándonos la espalda, y con la respiración agitada. Y era reconfortante sentir
su ancha, cálida y fuerte espalda contra la mía, aunque lamentablemente mi
inmenso trasero me separaba un poquito de él.
No nos dijimos nada,
pero él me dio una leve sobadita en el costado, indicándome que estaba listo
para proseguir. Y me puse en posición.
Acostada de
lado, apoyada en mi codo derecho y con la pierna izquierda levantada para darle
acceso a mi vagina.
Fabián se acostó
detrás de mí y me dio un beso en el hombro mientras me acariciaba el brazo, era
lindo y se portaba de manera gentil, así que decidí recompensarlo.
Me giré un poco y me
encontré con su boca, dándole un fuerte beso en los labios. El empezó a jugar
con su boca y a corresponder mis besos. Con la punta de mi lengua lamí sus
labios, estaban un poco secos. Así que me moví un poco y busqué un bálsamo
labial en mi bolso, saqué 2.
Me acomodé boca abajo
y le expliqué a mi nuevo amigo.
— Mira este es un
bálsamo para humectar y este es un labial transparente con sabor a Hershey’s.
Fabián tomó el
bálsamo y se lo puso en un dedo para pasárselo a los labios. Y después el de
chocolate, luego yo también me los aplique.
—Ahora si papi, podemos
volver a jugar.
Me puse sobre él
apoyándome en la cama, mis pechos chocaban con sus pectorales.
Volví a besarlo
y la diferencia era mortal, sabían riquísimo sus labios y tocábamos nuestras
lenguas de forma juguetona. El subió sus manos y me agarró la cara de las
mejillas. Besándome más apasionadamente y metiendo su lengua a mi garganta.
Pero que besote me estaba dando.
Me sorprendí de
repente ya que bajo sus manos por mi espalda y las puso en mis nalgas. Me las
agarro con fuerza y me dio una nalgada en ambas.
Yo solté un
gemido de sorpresa.
Aún tenía mi tanguita
puesta, y el empezó a ser más incisivo con sus manos.
Yo lo besaba y
me separaba un poco de él para poder respirar.
El metía su mano
dentro de mi tanga y me agarraba la nalga desde mi entrepierna. Y a propósito
el muy fresco pasaba su pulgar por mi ano.
Yo me separé por
completo de él, tomé mi brasier para volvérmelo a colocar. Y admiré un poco a
Fabián.
Era un hombre esculturalmente hermoso, tenía el pecho muy fuerte, sus
brazos marcados y el abdomen muy definido. Su cara era varonil y su barba y
cabello a la moda lo hacía verse aún más apuesto. Su desnudez era electrizante,
mucho mejor que lo que yo podría jamás haber soñado siendo hombre.
Fabián se cubría la cara con las manos y reía mientras yo lo admiraba y
mordía mis labios por el deseo.
Apoyé mis manitas en su abdomen y le di un besito en los labios. La única
parte de su cara descubierta. Me acomodé en la cama y me quite la lencería,
haciendo un improvisado bailecito erótico para mi amigo.
—Ay por dios mi amor, eres la mujer más bella del mundo.
Yo tenía ganas de decirle lo mismo pero mi ego femenino me lo impidió.
—Pues tu eres simpático, curiosito.
Soltó una carcajada y me acaricio los muslos.
—Solo tú sabes hacerme reír así linda.
Solo me límite a sonreírle y sonrojarme un poco.
Fabián se incorporó
un poco más y empezó a manosearme ya totalmente desnuda. Me acaricio las tetas
y paso su mano por mi vientre, yo me recosté junto a él y lo acaricié también.
Podía agarrarle los pectorales, los bíceps y la cara y él no decía nada solo
respiraba con profundidad. Baje más mi mano y acaricie su pene que se había
puesto un poco más flácido.
Lo masturbé de nueva cuenta y el a mí, paso sus dedos por encima de mis
labios vaginales, acarició mi pubis con sus nudillos, froto mi clítoris con su
pulgar y metió un poco de su dedo índice en la abertura de mi coño.
Yo le gemía rico en el oído y su pene se endurecía en mis manos.
Volví a mi posición inicial recostada de lado, pero esta vez de cara a
él, me beso y coloco su hermosa verga en la entrada de mi vagina, y empujó con
toda su hombría.
Subí mi pierna encima de la suya para darle mejor abertura y más
espacio, aun así, era una posición algo incomoda, pero muy rica ya que lo podía
ver directamente a los ojos y besarle.
Saco su pene violentamente y se masturbó a escasos centímetros de mi
coño, estimulando mi clítoris con su glande, se arrancó el condón, soltó un
gruñido y todo su semen empezó a salir disparado, manchando mi entrepierna, mis
labios vaginales y un poco de mi vientre.
Y con su mano la resbaló por encima de mi entrepierna masturbándome y
embarrándome su ardiente semen.
Y como todo un caballero me susurro al oído algo en francés.
Con tanto estímulo directo yo también tuve un orgasmo, y uno muy fuerte
que me hizo cerrar los ojos, me estaba derritiendo por aquel hombre. Sentí como
si me hubiera separado de mi cuerpo o como si estuviera flotando en el espacio.
—Sabes algo, este fue el mejor sexo de mi vida, y lo más sorprendente es
que fue con alguien que normalmente es hombre.
–Justo ahora soy mujer, y muy mujer —dije frente a él mostrándole mi
cuerpo.
Realmente lo decía en serio.
Contar lo que hicimos después sería algo redundante, simplemente nos
relajamos, limpiamos y nos volvimos a vestir, yo tenía que volver a casa,
quería despedirme de beso, pero realmente no pude hacerlo.
Así que bajé las escaleras del edificio de departamentos y salí a la
calle, Fabián me siguió y me abrió la puerta al salir, me dio un abrazo rápido
e incómodo.
—¿Nos podremos ver pronto?
—Trataré de revisar mi
agenda y te aviso, ¿ok? —dije de manera seria, pero amable.
—Ok, va, me divertí mucho
Nicole.
Mi corazón se apachurró.
—Sabes, te enviaré un
mensaje mañana por la mañana y te aviso, trataré de darte un día que tenga
mucho tiempo, ¿vale? —Dije de una manera más amable.
Y lo volví a abrazar, esta
vez de una manera mucho más sincera.
Salí, me subí a mi auto, y
volteé hacía la puerta del edificio, Ahí estaba él despidiéndose con la mano y
vestido cómicamente con una bata a modo de pijama. Lo saludé de vuelta y no
pude evitar sonreír. Devolví mi mirada hacia el camino y arranqué.
Llegué como unos quince
minutos después a mi casa, las calles estaban desiertas y me tocaron muchos
semáforos en verde.
Llegué a la casa, me bajé y
mi celular vibró fuertemente dentro de mi bolso. Lo saqué y revisé
las notificaciones, tenía un mensaje y una llamada perdida de Papi. Le
respondí.
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