Capítulo
13: El fabuloso Mr. Black
El
seguir trabajando en el Aphrodite tenía sus pros y contras, mucho dinero, pero
poco tiempo.
Y el fin de semana que me tocaba iba a ser muy duro, pero estaba acostumbrado
a los retos laborales.
Esa ves el mismísimo papi fue quien me dio la encomienda.
—Este cliente es amigo personal mío y no quiero que lo arruines —gruño
papi desde su escritorio, lanzándome a la cara una humareda de su puro. Se
relamió los labios y chaqueó la lengua.
—Claro Papi, solo dime lo que quieres que haga y yo obedezco —dije
cruzando los brazos sobre mi entrepierna en una pose inocente y con una voz más
aguda de lo normal, incluso di un pequeño saltito que hizo rebotar mis senos.
—Que
obediente eres mi niña —dijo con una sonrisa— tu trabajo será acompañar a mi
cliente en su yate privado, le quiere dar una buena fiesta a su hijo, así que
quiero que es una buena impresión.
—Si papi, muy bien.
—Ah, y llévate a tu amiguita Nelly, ocuparas ayuda con mi amigo, le
llaman Mr. Black.
Ese
viaje a la playa sería en fin de semana, así que tuve que inventarme algo de un
congreso en la playa donde habría otras compañías y tendría que ir
forzosamente, incluso busque alguna información de algo así que se efectuaría
en esos días y tomaría algunas fotos para mostrárselas luego a Lupita, tenía
que conservar mi integridad.
Tome mi maleta de nuevo y junto con Nelly subimos al avión, llevaba meses
sin ver a Neil, por lo que intuía que Nelly hablaba enserió con lo de sentirse
completamente mujer, y me alegraba por ello.
Al llegar al aeropuerto de Cozumel tuve que despertar a Nelly con un
codazo y ayudarla a llevar su equipaje porque aún seguía muy dormida, el mar no
le sentaba nada bien.
Su mareo se terminó rápido, incluso creía que tendría que llevarla a
alguna enfermería del aeropuerto.
Otra vez había alguien esperando por nosotras, esta vez era un joven rechoncho
de unos veinticinco años muy rubio y con rubor en las mejillas. Tenía una
tableta con nuestros nombres.
Nos recogió en una camioneta negra y nos llevó
a una casa muy elegante en una zona residencial exclusiva.
El
chico nos ayudó a bajar las maletas y subirlas a las habitaciones de nuestra
estancia, ahora nos tocó una propia, ya que no teníamos que compartirla con
nadie más, toda la casa para nosotras solas.
Mandamos al gordito que se llamaba Miguel a la farmacia por medicina
contra el mareo, y en cuanto llegó se la di a Nelly.
—Si
se ve mala tu amiga —tenía un acento chistoso.
—Siempre que ve imposible al mar se siente así.
—Que mal.
El chico me ayudó a llevar a Nelly arrastrándola por la habitación y la
dejamos acostada, junto con un suero oral.
—Descuida, ahorita se queda dormida y cuando despierte se sentirá mucho
mejor.
El chico miró a Nelly con preocupación.
—Está
bien, me tengo que ir a recoger a otros invitados, luego las veo.
El
chico era amable, pero algo tímido, le di unos cuantos billetes por la ayuda
extra.
Después de varias horas recibí una llamada del chico diciendo que la
fiesta en el Yate se había adelantado para hacer una especie de bienvenida, por
lo que ya nos teníamos que alistar. Lo bueno es que había aprovechado a
desempacar todo.
Nelly ya se sentía mucho mejor, así que no le tuve que ayudar a vestirse.
Me
puse un bikini color fucsia, y por encima me puse una especie de falda que se
agarraba de lado.
El chico llegó unos 45 minutos después de haberme llamado y nos pidió
subirnos a la camioneta lo más rápido posible, Nelly parecía verse mejor.
Pasamos por los suburbios ricos de la zona y llegamos a un pequeño muelle
privado, ya que tuvimos que pasar una caseta de seguridad y el chico le mostró
una tarjeta al guardia.
Pude vislumbrar un yate del tamaño de maldita casa a unos 200 metros del
auto. Llegamos y otros sujetos abrieron las puertas, habíamos llegado temprano
ya que no había nadie de la fiesta a la vista.
Nos
condujeron a Nelly y a mí por un pequeño puente entre el muelle y el yate.
Caminamos con cuidado y otros sujetos nos dieron la mano para no caer, ya que
obviamente no llevábamos los zapatos más idóneos para la ocasión.
Nos mantuvieron en un camarote dónde los empleados nos llevaban comida y
bebidas de vez en cuando, ya que nos dieron un pequeño botón para llamarlos,
esperamos unas dos horas y comenzamos a oír más ruidos en el Yate. Nelly estaba
desparramada en la cama con una botella de agua y algunas uvas en un plato. Le
deba algunas pastillas que había guardado en mi bolso y mejoraba poco a poco.
—Este maldito barco se mueve demasiado.
Yo no sentía nada, pero le aseguré que ya se le pasaría.
Más tarde el ruido se había comenzado a expandir, y un trabajador nos
tocó la puerta y pidió que saliéramos. Me sorprendió ver qué ya era tarde y se
empezó a ver el ocaso. El cielo estaba precioso, color ciruela.
Salimos
tomadas de la mano, y vimos a unos cuantos invitados, yo ya me había tomado
algunos tragos para tranquilizar mis nervios de volver a ser vista en público,
así que ambas comenzamos a andar por la fiesta, sorprendentemente había otras
chicas que no conocíamos, pero pronto nos dimos cuenta de que eran las novias
de los invitados. La mayoría eran jóvenes no mayores a treinta.
El dj, había terminado de instalar su equipo y dijo por el micrófono que
la fiesta había comenzado oficialmente. Solo se tocaron canciones horribles de
reggaetón, cosa que ni con todo el alcohol del mundo me pondría a bailar, así
que decidí ser más misteriosa y solo ponerme a charlar con los chicos que me
hablaban.
Fue bastante extraño ver cómo las propias novias de los chicos me
proponían hacer un trío con ellos, pero yo declinaba diciendo que era muy
tímida para esas cosas. Si supieran que tal vez éramos las personas con más
experiencia sexual de la fiesta.
Pronto todos comenzaron a gritar y vitorear la llegada de otro chico, de
cabello negro y rizado y con la cara de mirrey más grande del mundo.
—¿Santi,
¿cómo estás papá? —Le dijo al primer amigo que se le acercó a abrazarlo.
Eso sí todos hablaban súper fresa.
Ese debía ser el hijo del señor Black, lo recibieron con caballitos de Bacardí
y tequila, y muchas chicas se le dejaron ir encima al cumpleañero.
Yo solo aplaudía y vitoreaba a lo lejos, Nelly también se unió al barullo
junto a las demás chicas, se entendía por ser ella más joven en edad.
El chico se sentó en uno de los sillones de la cubierta del yate y todos
se amontonaban junto al él.
La
música siguió y yo también seguí con lo mío sin ponerle mucha atención al
chico, al fin y al cabo, nosotras éramos simples adornos para la vista en ese
momento.
El Capitán llegó a la fiesta y anunció con un megáfono que pronto
zarparía la nave a mar abierto. Los meseros guardaron todo el alcohol como
medida de seguridad y los chicos se terminaron sus tragos.
En
menos de diez minutos ya estábamos a medio kilómetro de la bahía y apenas se
podía ver la playa, ya empezaba a anochecer, pero la música no paraba, todos
platicaban entre sí.
El muchacho ni siquiera me prestó atención, y al parecer yo tampoco se la
puse a Nelly ya que la vi bailando en la fiesta un perreo casi profesional.
Decidí animar a mi amiga a seguir para evitar que se enfocará en sus
náuseas y que fingiera trabajar un poco.
Paso el tiempo, seguimos festejando al cumpleañero y muchos chicos y
chicas interactuaron con nosotras, éramos casi como invitadas de verdad.
Con
el paso de las horas y los tragos yo también terminé soltándome y empecé a
bailar imitando a Nelly, era muy complejo, pero tarde o temprano mi inexperto
baile sería lo suficientemente convincente. Era inevitable que entre todas las
personas de la fiesta no chocará con la gente, pero dada mi inexistente suerte
la persona con quien choque no era nadie ordinario.
No me había percatado, pero una pequeña barcaza había dejado a alguien en
el Yate ya muy entrada la fiesta.
Me detuve en seco y vi con pánico a la persona con la que choqué. Un
hombre de mediana edad, barba muy cuidada, canoso y muy en forma. Ese debía ser
el señor Black.
—Ay, disculpa, no me fije y choque con usted señor —dije temblorosa como
una chiquilla tonta.
—No hay ningún problema dulzura, no soy de cristal —me respondió el señor
con mucho humor.
—Lo siento —atine a decir.
—Claro.
El
señor se apartó de mí y con unos modales finísimos me dio su perdón de manera
no verbal. Caminó hasta su hijo y lo abrazo con mucha fuerza.
Fue
con el dj, y tomo el micrófono para agradecer por la asistencia de todos, tenía
una gran voz y era como uno de esos magnates de Playboy. Iba con las chicas y
la abrazaba de manera muy cercana como si fueran sus propias hijas o tal vez
alguna otra cosa. Era como un chico de 25 en el cuerpo de uno de 50. Se
pavoneaba entre todos y llenaba la pista, su hijo parecía estar algo molesto,
tal vez porque le quitó por completo el reflector. Se despidió de los chicos y
se metió dentro de uno de los pasillos del yate, creía que iba a hasta la
cocina. Saludaba con amabilidad a toda persona con la que se topaba. Yo lo
seguí con la mirada. Y el me notó, con un dedo me hizo un gesto para que fuera
hacia él.
Me
apunté al pecho con mi dedo y dije entre labios “yo”, el asintió.
En
cuanto llegué él me acercó su brazo como pidiendo que lo tomara y lo obedecí
para ver a dónde me llevaba. De cualquier forma, la fiesta no me entretenía.
Nos
alejamos y fuimos llegando a otras zonas del yate, dónde estaba mucho más
lujoso y mucho más privado, solo se veían a trabajadores dando vueltas por ahí
haciendo lo suyo, llegamos a una especie de salón con sillones y una mesa de
billar donde había otros hombres sentados bebiendo y fumando, eran hombres de
unos 40 años y vestían de forma elegante. Eran amigos del señor Black, él me
fue presentando y yo saludaba a cada uno de esos señores aparentemente ricos.
—Ellos son algunos amigos míos Nicol, te llevarás bien con ellos.
—¿Como sabes cómo…? —pregunté a medias susurrándole al oído.
—Te diré más tarde—susurró con su grave voz.
Me mantuve callada un momento haciendo una nueva y decidí no molestarlo,
solo le seguí la corriente mientras me mostraba a sus amigos.
—Que viejita tan buena te encontraste Black.
—¿Siempre tienes que ser tan descortés Sebastián? —dijo con seriedad el
señor Black— solo les estoy presentando a mi amiga, no hay necesidad de que la
ofendan.
—No se preocupe y
—No Nicol, no permitas que te traten de esta forma, además Sebastián
siempre es así de maleducado.
El
tal Sebastián que era un hombre de unos 45 años rubio y con una camisa de tela
muy fina solo atino a voltear la cara y darle una fuerte calada a su puro.
—El capitán salva putas al rescate —dijo a carcajadas.
—No
sé por qué te invité.
—No te apures Black, no vengo a verte, vengo por tus vinos y licores
—dijo con una blanca y fría sonrisa.
—Los demás señores parecían hastiados y solo comenzaron a acallar al
sujeto.
El señor Black me jaló un poco y me hizo salir de la habitación, yo solo
me deje llevar. Y hasta cierto punto me sentí ofendida por aquel sujeto.
—No dejes que los hombres te humillen, no importa lo que seas date a
respetar, está gente que nació siendo tica no entiende lo que es tratar a
alguien de forma amable.
—Gracias, supongo.
—Igual
que mi hijo, me avergüenza un poco que sea tan materialista. Pude ver su cara
al ver que la gente me miraba más a mí que a él, no quería eso, solo quería que
el tuviera un buen momento y se lo arruiné.
—En realidad no creo que haya sido algo grave.
—Espero que aprenda a ser algo más humilde, incluso si termino molestando
lo, solo no quiero que tenga problemas gordos en la vida.
—Los problemas son parte de la vida, el ya aprenderá.
No me había dado cuenta, pero nos habíamos alejado de la puerta y
habíamos llegado a una especie de escaleras que llevaban a otra cubierta del
yate.
—Subamos,
tienes que gozar esta vista —acompañé al señor, y me quedé junto a él agarrada
de un tubo viendo el cielo y el mar nocturno.
En
realidad, si era algo impresionante, nunca había estado en ningún bote de este
tipo.
El señor Black recitaba cosas o tal vez solo hablaba con mucha soltura,
pero era muy elocuente e interesante. Me enseñó las estrellas que se veían muy
claro en el cielo, la osa mayor, y otras cosas del cielo.
Era
muy listo, a decir verdad. Y era todo un caballero.
La noche debió de haber transcurrido muy rápido porque más pronto que
tarde volvimos al muelle y no me percate, estaba perdido en las palabras de
aquel sujeto tan interesante.
Toda la tripulación bajó y el señor Black me siguió tomando del brazo.
Vi a Nelly entre la multitud, parecía totalmente animada y enfiestada.
Unas camionetas negras esperaban a los asistentes de la fiesta, nos
llevaron a todos a una pequeña mansión a poca distancia, pero el señor Black
insistió en que yo le acompañara en su propio vehículo.
La mansión era mucho más moderna que la otra que habíamos visitado meses atrás,
y el señor Black seguía con su gran plática.
Llegamos y todos corrieron al gran salón como cucarachas, había bebidas y
comida esperando a todos, todo igualmente muy elegante.
La
música retumbaba, pero no era tan horrible como la del yate, era más como de
instrumentos y guitarra clásica.
—Esta es mi humilde casa Nicol.
—¿Humilde?
El señor Black se hecho a reír como si le hubieran contado un gran
chiste.
—Nicol, me matas, eres tan… popular.
—Dígame naca de una vez.
Volvió a matarse de la risa.
Los invitados se dispersaron y caminamos en la dirección de los chicos
más jóvenes, Nelly iba con ellos platicando animadamente.
El tiempo pasó y seguimos todos en la sala común, bebíamos y comíamos
tentempiés y el señor Black hablaba con todo mundo, pero especialmente conmigo.
Me senté junto a Nelly, y la fiesta comenzó de ser muy elegante a casi
una simple fiesta de borrachos, las chicas bailaban y se despojaban de sus
tacones y los chicos bebían como locos y bromeaban a gritos.
Nelly
se paró y comenzó a bailar también, me quiso jalar, pero le insistí en que no
tenía ganas. Ella solo se encogió de hombros y se apartó.
—¿Nicol, puedes acompañarme? —me dijo el señor Black al oído para que le
pudiera entender.
Solo asentí con la cabeza.
Nos levantamos y nos dirigimos a otra sección de la casa.
El señor Black me tomó del hombro conduciendo me por dónde quería y
después me dio la mano y subimos las escaleras más hermosas que jamás había
pisado. Mire a la sala desde ahí arriba y veía a mi amiga Nelly dando vueltas
mientras movía las caderas y se despojaba de su ropa para luego arrojársela a
los amigos de Damián.
Seguimos avanzando y llegamos a un gran pasillo, el señor me llevo hasta
la puerta de una habitación, rebuscó en su bolsillo y la abrió con una llave.
Entramos y el cerró la puerta tras de mí.
La habitación era de apariencia antigua, pero clásica. Con una cama
gigantesca y llena de almohadas.
—Siéntate Nicol, por favor.
Lo obedecí y me senté en la cama con las piernas cerradas. Ese gesto era
nuevo, antes solo me sentaba como un hombre, pero aprendí a ser más sutil.
Él
se apartó un poco de mí y dijo:
—Eres tan bella Nicol, casi que me duele mirarte fijamente.
—Ay no diga eso jaja, me hace sentir observada.
—Aquí no hay nadie, no te preocupes.
Me lanzó una sonrisa genuina.
—¿Puedo ofrecerte algo?, Tengo vino, champagne, agua.
—Tomare lo mismo que usted, si eso está bien.
—Champagne entonces.
Tomó
su celular y realizo una llamada rápida, el servicio de sus camareros llegó
rápido con una botella muy fría en una cubeta con hielo.
Me sirvió una copa y se sentó junto a mi mientras se servía la suya.
—¿Nicol, puedo preguntarte porque trabajas con papi?
Esa pregunta me desconcertó un momento.
—Pues necesitaba un empleo y ya.
—Nicol,
yo estoy consciente de tu naturaleza, se quién eres dentro de ti no me mientas
por favor.
—¿Que en realidad soy hombre?
—Si, yo sé a lo que se dedica Papi.
—¿No te molesta?
—Para nada, ni un poco.
—Es bueno saberlo, pues bueno necesitaba dinero y mantener a mis niños y
papi me dio la oportunidad junto con mi amiga de allá abajo.
Le soltaba información con mucha naturalidad, por alguna razón hablar con
el tanto tiempo me dio algo de confianza.
—¿Tienes hijos?
—Si.
—¿Te molesta si te pregunto cómo se llaman?
—No
sé por qué te confiaría una información tan personal.
—Disculpa, no quise ser intrusivo, solo tenía curiosidad.
—La curiosidad mató al gato —dije tomando de mi copa.
—Pero al menos pudo resolver su curiosidad —dijo antes de robarme un
sorpresivo beso.
—¿Qué fue eso?
—No tengo idea Nicol, solo fueron mis instintos, o tal vez quise
demostrarte que en realidad no me molestan tus acciones, un padre tiene que
hacer lo que tiene que hacer, y más por sus hijos.
—Es
lo que siempre me digo a mí mismo.
—Yo igual, creo que todos los padres haríamos eso por nuestros hijos.
—Me he sacrificado mucho —dije con tristeza.
—Y seguramente ha tenido frutos ese sacrificio —dijo mientras me ponía el
brazo encima— sabes, no me molestaría apoyarte económicamente si es para una
causa tan buena como lo es mantener a un hijo.
—Gracias, pero no puedo aceptarlo.
—Orgullo, lo entiendo te lo quieres ganar.
—Así es, no acepto caridad.
—Eres una persona con la voluntad muy férrea, me agradas.
Nos servimos más champagne.
Cambiamos el tema de conversación por algo más ligero y el comenzó a halagar
ni apariencia.
Siendo
sincero hablar con un hombre así era algo totalmente nuevo, él era refinado,
fuerte, masculino y muy interesante.
—Nicol, quisiera hacerte el amor.
—Oh, claro para eso me trajiste aquí.
Me levanté y comencé a quitarme los tacones.
—No es así, siéntate —me tomo de la mano y me volvió a sentar— quiero
hacerte el amor porque me atrajiste demasiado al conocerte mejor, no porque ese
fuera mi objetivo final.
—Si, claro —dije incrédula.
—Es cierto, si mi pareja no me atrae emocionalmente mi cuerpo no
responde.
—Este
borracho.
Se levantó de pronto y se dio vuelta hacia mi cara, se agachó y me volvió
a besar de sorpresa.
—Para
nada Nicol, tú eres especial.
Me
tomo de las caderas, me levantó y me atrajo hacia sí. Estaba a centímetros de
su cara, su barba incluso me rozaba el cuello y el escote.
Para
probarlo le di un beso, era de las cosas más light que hacía en los últimos
días, el me lo devolvió. Y comenzó a agarrarme más de la cintura, en realidad
si era muy fuerte. Me ponía los gruesos y masculinos labios suyos en mi boca, y
con su lengua jugaba dentro. Mis senos estaban presionados duramente sobre sus
pectorales.
—Te quiero hacer el amor Nicol, déjame por favor.
No le dije nada, solo deje de tensar mi cuerpo y me deje caer en la cama.
Se
acostó junto a mí y me abrazó por encima, besándome la cara y acariciándome.
Me había llevado bien con él, pero ahora tenía que ejercer mi trabajo, no
era algo que no estuviera esperando.
El
señor Black me respiraba encima de mi cuello, era raro sentirlo tan junto, pero
por lo menos no era tan repulsivo cómo los demás hombres con los que me tuve
que meter. Olvidé mencionar que durante mis pláticas con el señor Black pasamos
por mi cuarto y me puse algo menos revelador que mi bikini porque ya hacía
frío, y ahora el señor Black me lo estaba intentando quitar. Me hizo acostarme
boca abajo y bajo el cierre en mi espalda. Me jaló el vestido hacía mis piernas
y me lo quitó por completo, ahora quedé igual que como lo conocí, en bikini 👙.
Se posó encima de mí, no me percate de que él también se había quitado la
camisa y estaba en calzoncillos, era rápido aquel viejo mañoso. Me besó la
espalda y el cuello, apartó mi cabello y me masajeo la espalda un poco.
—Para que estés totalmente relajada preciosa.
Solo respiré con profundidad y dije ajá. Me desabrochó el top y pude
sentir un movimiento placentero en mis senos. Me siguió besando el cuerpo,
deteniéndose en las costillas y la línea que delineaba mis tetas y me pasó la
lengua, su barba me raspó.
Se
separó de mí y yo volteé para verlo, estaba en muy buena forma y tenía
pectorales peludos y canosos. Su estómago era plano y como estaba en
calzoncillos y obviamente soy una chica muy atractiva para los hombres mi amigo
ya tenía un considerable bulto que sobresalía mucho en su boxer.
—¿Te gusto Nicol?
—No
me gustan los hombres, pero usted tiene una gran apariencia señor.
—¿Como, ósea que no eres un hombre gay?
—Pues he hecho muchas cosas que cuestionarían eso en este trabajo, pero
pues el yo tener a mis hijos creo que significa lo contrario, ¿no?
—Me sorprendes más a cada momento Nicol, no puedo más que admirar tu
voluntad.
—Gracias.
—Pero está bien si ya no quieres continuar con esto.
—Es
mi trabajo y además ya lo he hecho antes con otros hombres, no me agrada, pero
no será nada que no haya hecho antes.
—Descuida,
ya sé que hacer.
El señor Black se puso encima de mi trasero, ambos aún teníamos nuestra
ropa interior y el señor Black apuntó su pene enorme hacia mi cavidad
agarrándolo con una mano. Me comenzó a acariciar la vagina con su pene por
encima de mi tanga. Se sentía muy grande y duro, y la verdad se sentía
ligeramente bien, como masturbarse despacito. Aunque no había hecho eso como
chica desde que tuve mi primer orgasmo en mi casa. Después de un ratito el
señor Black se apartó y se bajó el boxer, lo miré de reojo y ahí estaba su
erecto y duro pene a centímetros de mis casi desnudas nalgas, con uno de sus
dedos apartó la parte de mi tanga que cubría mis labios vaginales y me acaricio
con los dedos.
—Nicol, tienes una vagina hermosa.
La
verdad era cierta, le ponía mucho empeño a rasurarme bien y dejarme todo con
buena higiene, no me gustó nunca depilarme así que solo me dejaba un corto
triangulito de vello en mi pubis.
—Gracias.
—¿Lista?
Me aferre a las sábanas y cerré los ojos esperando un dolor horrible,
pero escuche su gruesa y sensual voz en mi oído.
—Sin miedo preciosa, seré cuidadoso.
Y la sensación más hermosa del mundo sucedió entre mis piernas. El señor Black
empezó a restregar su glande contra mi coño, lo pasaba desde la abertura de mi
ano y los pliegues de mi vulva, lo pasaba por mis labios, pero decidió prestar
especial atención a mi clítoris y por segundos creí que como su pene era tan
grande debía de tener un orificio igual de grande, y… a veces creía sentir como
si mi clítoris se introducía un poco dentro de él. Era casi irracional todo lo
que sentía.
Siguió restregándome su pene por todo mi trasero y juntando mis nalgas
para masturbarse un poco.
—En verdad tienes un trasero hermoso chiquilla, no se compara con el de
ninguna otra mujer con la que haya estado.
Era
un halago muy bizarro, pero me hizo sentirme bien por todo el sacrificio que
hacía al comer bien y hacer ejercicio. Ah y también el sacrificio de
prostituirse, pero descarte ese pensamiento.
Sus
gruesas manos se apoyaban en mis hombros, y con mis manos yo sola me habría más
las nalgas para que recorriera todo mucho mejor, la champaña me había atontado
un poco, pero sabía que esto último lo hacía por placer propio.
El pegó su fuerte pecho en mi espalda y comenzó a besar mi cuello, la
combinación de todas las sensaciones me derritió el cerebro. Tanto que comencé
a soltar gemidos cortitos de genuino placer.
—Ay —dije jadeando.
—Me alegra que te guste preciosa, siempre disfruto al complacer a una
mujer —dijo el señor Black con su gruesa y refinada voz.
Seguimos ese jueguito por un rato más y el señor Black ya había empezado
a jadear también.
—¿Se siente bien?
—Si Nicol es solo que me siento muy excitado, quisiera poder penetrarte.
A mí se me ruborizó la cara, a lo que mi acompañante soltó una risita y
me dio un beso en la mejilla.
—Lo haré con cuidado.
El señor Black se masturbo un poco sobre mi culo para que se le parara
por completo, luego apoyó su glande con fuerza entre mis labios vaginales y
finalmente se escuchó un ruidito húmedo. Me la estaba metiendo, y su pene era
tan grande que no se compara con ninguno que hubiera sentido antes. Era como si
me estuvieran metiendo una vara de metal, pero obviamente de carne.
Yo me sobresalté un poco por la impresión y dije:
—No, sácalo por favor.
—Shhh espera, espera.
Me
dejó toda ensartada, pero no se movió. En cambio, sentí su mano en mi
entrepierna y el comenzó a tratar de acariciar mi clítoris.
—Solo ocupas lubricar un poquito más.
Las
sensaciones eran sobrecogedoras y me avergonzaba el pensar cómo se debía ver
esta escena por fuera, un hombre mayor penetrando a una chica que aparentaba
ser de la mitad de la edad y aparte siendo masturbada. Hundí la cara en la
cama.
—Si, ya te estás mojando muy rico 🤤.
—¿Ya no me va a doler?
—Ya no —aseguró.
Me soltó y comenzó a mover sus caderas, había comenzado a penetrarme.
Empezó despacito, pero me abrió las nalgas y pasó su pulgar por encima de mi
ano, totalmente cubierto de saliva.
—Tienes unas nalgas muy seductoras Nicol —dijo mientas aceleraba el paso.
Me enterraba la verga duro y
profundo, sus fuertes caderas pegaban contra mi suave culo y me hacía soltar un
fuerte gemido prolongado, como cuando te hacen un masaje y dices “ah” todo el
tiempo.
Mi vagina se sentía muy caliente y me palpitaba, ya no había rastro de
dolor, solo de una sensación muy grande y rica.
No
sé por qué, pero mi mente no funcionaba igual, algo era distinto, algo no
coincidía. Y dije una barbaridad.
—Si, así —con los dientes cerrados y medio soltando gemidos.
Se
dejó caer encima de mí enterrándomela aún más y me acaricio la espalda. Puso su
mano por debajo de mi estómago y me empujó para que levantara un poco la
cadera. Mis nalgas se levantaron aún más, y la penetración se sintió aún más
pronunciada.
Siguió así y la verdad no me percataba de mis sensaciones, me dejaba
hacer.
El señor Black se movía rápido, luego lento, me la metía profundo y luego
por encimita, era bueno en lo que hacía. Me levanto las caderas aún más y ya
estábamos en posición de perrito, él totalmente hincado en la cama y
penetrándome durísimo, de pronto me propinó una ruidosa nalgada.
—Ay me duele —le dije con cierta molestia falsa.
Yo arqué la espalda y el señor Black
recogió mi pelo con su mano, me tenía agarrada como si montara a caballo.
Oficialmente
me estaban cogiendo. No había por dónde más ver esta situación.
Todo con él era muy distinto, sus movimientos, su forma de hablar y la
confianza que me inspiraba su presencia. Y como ya mencioné no lo hacía mal,
hasta podría decir que se sentía rico de una manera muy bizarra para mí.
Seguimos en ese bamboleo sexual por más tiempo, el soltaba gruñidos y yo
solo gemidos de vez en cuando. Solo cuando en verdad se sentía bien, no quería
hacerle ilusiones.
De esa posición seguimos subiendo poco a poco, ahora ambos estábamos de
rodillas y el seguía detrás de mí, sus manos pasaron de mi cabello a mis caderas
a abrazarme totalmente y recorrer mi vientre y mis senos con sus grandes dedos.
Me la metió profundo y la mantuvo ahí, mientras que con su mano izquierda me
pellizco un pezón, se sintió muy rico. Me sentía similar a la vez que bailé en
tubo con Nelly, algo así como sexy/femenina/rara. De ahí solo me siguió dando
ligeras penetraciones que más bien parecían piquetes, el señor Black se apartó
un poco después de gruñir en mi oído.
—Ya casi acabo Nicol.
Yo
me senté de la impresión de escuchar esas palabras y me enteré aún más en su
verga, me intenté soltar, pero me tenía bien amarrada del estómago y las tetas.
Lo empujé, pero no me pude apartar, él estaba sudando y con los ojos cerrados
muy duro.
De pronto una sensación muy caliente ocurrió dentro de mi vagina, se
sintió como cuando haces pipí en una ducha fría y tú orina está caliente. Había
eyaculado dentro mío.
—Nicol, este fue el orgasmo más delicioso que haya tenido en años,
gracias por dármelo.
Esas fueron sus últimas palabras antes de desplomarse en la cama. Nunca
nadie se había venido dentro de mi sin condón.
Me
aparté un poquito de él y corrí al baño, cerré la puerta y abrí el grifo.
Rápidamente me metí los dedos lo más profundo que pude, todo estaba viscoso, al
principio palpé una sustancia muy líquida, hasta que encontré otra sustancia
mucho más espesa. Me dio asco tocarla, pero lo hice rápido, arqueando los dedos
como cuchara y tratando de sacar lo más que pudiera. Metí la mano en el chorro
de agua y seguí lavándome la vagina. Era muy distinto a cuando limpiaba mi
propio semen de mi pene, pero por lo menos tenía experiencia al saber cuándo se
sentía limpio.
Salí después de unos minutos y el señor Black me recibió acostado desnudo
boca arriba en la cama totalmente dormido.
Tomé mi ropa y me escabullí fuera
de la habitación, corriendo hacia la sala mientras me vestía apurada. Arrastré
a Nelly fuera casi de las greñas y nos subimos a un auto del señor Black.
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