Capítulo
19: Boda
Mis visitas al
departamento de Nelly se hicieron cada vez más constantes, y como de costumbre
nos quedamos totalmente dormidas en un gran abrazo homoerótico.
Un día desperté
varias horas después sola en su habitación pude oír cómo Nelly preparaba un
desayuno que, aunque no lograba describir que era me olía muy bien. Salí
caminando tranquilamente removiéndome el cabello y contoneando las caderas,
solo traía puesta un panty translúcido y un top color azul, no sé por qué, pero
no me fije siquiera en la figura que preparaba el desayuno, hasta que escuché
una voz masculina detrás de mí.
—Tú debes de ser
Nicol, no esperaba conocerte así, pero Nelly nunca deja de hablar de ti.
Los ojos se me
crisparon y voltee violentamente a ver a las personas que me ha alaba, era un
muchacho muy bien parecido, tenía gafas anchas y el cabello castaño y rizado,
además de una barba de iguales características. Se estaba tapando los ojos
mientras que se mantenía de espaldas.
—No estoy viendo
nada eh —dijo con algo de pena.
Yo
instintivamente me tapé como pude mi semi desnudes y corrí al cuarto de nuevo.
—Ay perdóname no
sabía que estabas aquí, ¿tú eres el novio de Nelly?
—Si, es mi
prometido —dijo la voz de Nelly mientras se escuchaba una descarga de agua en
el baño del pasillo— ni cinco minutos llevas en mi casa y ya estás viendo a
otras mujeres cabrón.
El sujeto sólo
se carcajeó y dijo:
—Fue tu amiga la
exhibicionista yo no tuve nada que ver, jaja.
—Perdón, no
sabía —dije súper apenada.
—Solo vístete y
sal a desayunar llorona.
La obedecí y
salí unos minutos después. Ya habían servido platos de algún desayuno vegano
sobre la mesa. Nelly y el sujeto comían muy juntos en sillas contiguas.
—Mira
degenerada, este es mi prometido Javier.
—Un gusto —dije
yo con la cara totalmente roja.
—Igual un gusto,
hubiera preferido el habernos conocido en una situación menos indecorosa, pero
¿que se le va a hacer no? —Hablaba exactamente igual a Neil.
—Supongo que
nada.
Los tres nos
presentamos entre nosotros por lo que pareció una eternidad y terminamos
llevándonos muy bien rápidamente. Resultaba que el chico tal como me había
contado Nelly hace meses era un bibliotecario y aspirante a escritor, y no se
había presentado ya que había estado viajando a España para que una editorial
le publicara su material.
—Con razón nunca
nos habíamos conocido —dije.
—Si, quería
presentarme personalmente, pero las circunstancias me lo habían impedido.
Parecía ser un
sujeto muy bueno y centrado, me agradó, mucho para mi amiga.
—Les doy mi
visto bueno para que se casen —dije cuando surgió el tema de la boda dentro de
la conversación.
—Muchas gracias Nicol,
significa mucho —me dijo Nelly.
—De hecho, queríamos
saber si puedes ser nuestra dama de honor —dijo Javier.
—Sería un honor —dije
emocionada.
Todos parecíamos
habernos puesto de acuerdo en tiempo récord.
Javier de pronto
recibió una llamada y salió a contestarla afuera para que no se escucharan las
voces de nuestra platica.
En cuanto se fue
le recrimine a Nelly que porque no me había advertido que él vendría.
—Lo quería mantener
como secreto hasta que despertaras, pero no tomé en cuenta que se te ocurriría
salir así, perdón.
—Wey, llevamos
días deambulando encueradas por tu casa y ¿no se te ocurrió que saldría así?
—Bueno, quería
poner a prueba a Javier, a ver si se propasaba o algo.
—Pues no, fue muy
respetuoso y se tapó los ojos.
—Lo sabía,
rayos.
—¿Cuál es el
problema?
—Ninguno, es
solo que Javier no parece tener el mismo interés en el sexo como el que tenemos
tú y yo.
—¿Es asexual o
algo?
—No, para nada
él es normal, nosotras somos las del problema con nuestro apetito sexual.
—Ya se me había
hecho raro, he pasado tanto tiempo sin que los hombres no me vean como objeto
sexual que olvidé que también existen personas normales —dije con cierta
tristeza.
—Ya sé —dijo Nelly
igualmente con la mirada desesperanzada.
—¿Así que somos
ninfómanas o algo así?
—No lo sé, tu dímelo
señorita multiorgasmos tres mil—dijo con sarcasmo.
Bueno, eso
explicaba nuestro (mi) errático comportamiento.
La puerta del
apartamento se abrió de nuevo y Javier anunció:
—¡Ya tienen
listos nuestros anillos mi amor!
Nelly y yo compartimos
una leve mirada de complicidad.
A pesar de mis
múltiples negativas Nelly me inmiscuyo en los detalles más delicados de su
boda. Se sentía extraño el volver a tener que pasar por el proceso de tener que
volver a estar viendo cosas e información sobre casinos y demás, y me extraño
se sintió cuando discutíamos sobre precios y costos de las diferentes cosas que
necesitaríamos para la fiesta, ya que para esas ocasiones Nelly me pedía ir
cómo hombre para que no nos quisieran estafar por ser dos mujeres.
—¿Está loca? —le
decía por teléfono— tu novio te va a dejar en cuanto se entere.
—Él siempre lo
supo tarada, me acepta tal y como soy.
Fue algo incómodo el tener que volverme a
presentar con Javier, pero ahora como hombre, pero igualmente se comportó como
un caballero y parecía que todo se la sudaba. Así fue como conseguimos buenos
precios para el traje del novio, el pastel, las rentas de las mesas y sillas y
también el casino, nos hicieron precio especial para el alcohol y toda la demás
basura que necesitábamos. Solo para el vestido de Nelly necesitábamos que ella
se convirtiera, pero ya teníamos lo suficientemente apalabrados a las personas
de los trajes. Tanto incluso que lleve a mis hijos a ese mismo lugar para
comprarles trajes y vestidos. Se veían preciosos y aproveché para enseñarle a
mi hijo como se tenía que cambiar y atarse la corbata para verse como todo un
caballero igual que su padre.
Los tres habíamos
trabajado muy duro para organizar la boda y nuestros esfuerzos rindieron frutos
visibles pocos días antes del evento principal. Debo decir que al principio me
pareció imposible que pudiéramos lograr conseguir todo a tiempo, pero olvidé el
pequeño detalle de los contactos de Nelly de cuando era delincuente y quien
sabe que otros conocimientos tenía Javier.

El día anterior de la boda me puse a
hablar con Nelly en mi casa, yo como hombre y le hablé sobre las verdades y
satisfacciones de la vida como casado. Hablamos por horas y la deje en su casa
deseándole buena suerte para mañana. Nos quedamos juntas y nos preparamos para
mañana, casi no dormimos nada por los nervios. A primera hora de la mañana
llegaron artistas de maquillaje profesionales contratadas para dejarnos chulas,
nos maquillaron precioso y nos ayudaron para poder vestirnos bien y acomodar
nuestro peinado.
Nunca había ido a
ninguna estética como mujer ni siquiera a qué me pusieran las uñas, yo sola
había aprendido a hacerlo todo por mi cuenta, pero debo admitir que los
resultados de su trabajo son diametralmente distintos a los míos.
Además, me sentí muy
cómoda siendo mimada y contagiándome de la emoción femenina de todas las
presentes.
Nos fuimos
rápidamente a la iglesia budista en la que se casaría mi amiga y la ayude a
entrar en una habitación especial para ella, salí y ayudé a acomodar todo lo
necesario pero al parecer los budistas son mucho más simplistas en las bodas
que los cristianos, ya que donde se realizaría la boda sería en una habitación
pequeña con una gran alfombra de seda en la que una mesita de patas cortas se
extendía por varios metros, sobre de ella parecían haber pétalos de flores y
copas y platos con comida, frutas y miel.
Había unos cuantos
hombres con vestimenta de monjes, llevaban una túnica naranja con accesorios de
tela de color oro. Y preparaban incienso y sus escrituras, les saludé y les
pregunté y necesitaban algo, a lo que me dijeron que aún no y me dieron una especie
de bendición para mí y la novia.
Al pasar el
tiempo llegó el novio junto con algunos familiares, eran sus padres, su hermano
mayor quien fungiría como caballero de honor, además de sus sobrinos.
Por mi parte unos
cinco minutos después llego mi familia, Lupita traía a mis niños vestidos de la
manera más hermosa que hubiera visto nunca, y ellos se alegaron de ver a su
querida tía Nicol.
La ceremonia
comenzó y todos nos sentamos sobre nuestras rodillas en la alfombra, los únicos
que estábamos presentes éramos los familiares más cercanos, pero tristemente no
había ninguno de Nelly, sólo mi familia, espero que sea eso suficiente para
hacerla sentir mejor, el novio estaba arrodillado en un pequeño altar frente a
una estatua de Buda. Los monjes comenzaron a tocar música con instrumentos
clásicos y a cantar en otro idioma asiático, la novia había salido de su
habitación especial y se encontró con su esposo en el altar, la mirada y
sonrisa de ambos era como para fotografiarlos y enmarcarlo en la pared. Un
religioso comenzó a leer escrituras y oficiar la unión, no pude evitar recordar
mi propia boda y se me escaparon varias lágrimas, mi pequeña niña Matilda me
ofreció un pañuelo y me sequé las lágrimas con cuidado de no arruinar mi
maquillaje.
Nos pidieron a los
invitados de honor dar un paso adelante y compartir unas palabras escritas en
un libro con la pareja.
Dije algo que
tenía que ver con la paciencia, la bondad, la fe, el trabajo constante y la
importancia del amor.
Terminamos y nos
retiramos a nuestro lugar.
Después de un
tiempo el religioso dijo:
—Puede besar a
la novia.
Mis amigos se
fundieron en el más hermoso beso que jamás haya visto, sin ninguna connotación
sexual, simplemente puro amor.
Oficialmente mi
querida amiga Nelly estaba casada con lo que parecía ser el más grande amor de
su vida, no pude contener la felicidad y volví a llorar, malditas hormonas.
Todos vitorianos y
felicitamos a los novios, los monjes cantaron otro ritmo, mis niños les
lanzaban pétalos de flores y todos los familiares y amigos los abrazamos
efusivamente. Era una imagen conmovedora.
La fiesta se llevó a cabo en un gran
casino de la ciudad, era muy elegante y bonito, no había podido verlo bien
hasta hoy, tenía una gran área verde perfecta para las mesas de los invitados,
una piscina, una pista de baile y una zona para niños. Además de mesas con
postres y tentempiés (que habían sido proporcionadas por el hermano de Javier
que es Chef). Era todo tan precioso y la elección pomposa de poner música
clásica le daba todavía un toque más exquisito.
Las mujeres invitadas éramos viejas
amigas de Nelly, casi todas se dedicaban al mismo “negocio” que nosotras, y
pude ver un par de caras conocidas, pero al parecer la familia e invitados de
Javier era inmensamente numerosa, ya que llenaban la basta superficie del salón
con sus caras amables y platicas amenas. Mi suegra y mis niños compartían una
mesa especial localizada justo delante de la mesa principal de los novios. Nelly
estaba sumamente complacida de estar interactuando con mis niños ya que nunca
la habían conocido. Les habíamos dicho que era una amiga en común mía y de su
papá, y como siempre se habían tragado la “mentira”. Pasamos la noche entre
tragos y bailes, para ocasionalmente comer algo, baile con mis niños y los hice
pasar un gran rato a todos, ya que Nelly era el alma de la fiesta y animaba a
toda persona por la que pasaba cerca.
En pleno baile sentí la profunda mirada
de alguien, no era nadie que yo reconociera, ni mis hijos ya que se habían
hecho amiguitos de otros niños en el área de juegos, tampoco Lupita que
platicaba animadamente con otras mujeres de su edad. Era la mirada de un
hombre, un hombre digno de estar en la portada de una revista.
—¿Como te llamas? —preguntó de pronto
ese extraño.
Lo miré desconcertada, él vestía un smoking
perfecto, era alto y bronceado, con el cabello negro y rizado, lucía una barba
oscura perfectamente cuidada y simétrica. Y su voz era profunda y seductora.
—Soy Nicol —dije rápidamente y
deteniendo en seco mi baile.
—Un gusto, podrías permitirme un baile
—dijo aquel hombre con una caballerosidad increíble.
—Emm… si —dije con muchísima pena, como
una chiquilla de quince años, en realidad tenía sentido que me comportará así
ya que era la primera vez en que un hombre me pedía bailar con él, lo máximo a
lo que habían llegado los demás es que me pedían si podían eyacular en mis
tetas. L
De cualquier forma, el sujeto ni torpe ni
perezoso me tomó de la cintura y comenzó a pegarse mucho a mí, nos quedamos en
un lugar bastante reducido y apretado con muchas personas rodeándonos. La
música había cambiado a una más popular para que la gente se pusiera a bailar,
y mi nuevo compañero de pista pareció avivarse, me movía por todos lados y
mantenía un ritmo que me costó horrores poder mantener. Yo sabía bailar debido
a que mi esposa le encantaba y me obligó a aprender, pero yo me aprendí solo
mis pasos como hombre, así que ahora solo me valía de mis recuerdos y mi
instinto para mantenerse el paso a este sujeto.
La música cambió bruscamente a algo parecido
a un mambo muy movido, la gente se desperdigó de inmediato y mi amigo se separó
de mi para comenzar a dar unos pasos dignos de un bailarín profesional de la
república dominicana. Algo impresionante.
Yo debía de parecer un perro parado y borracho
en comparación a él.
Al terminar el baile traté de separarme de
él, pero su mano me tomó del codo y su voz se asomó por encima de mi hombro.
—Nicol, ¿a dónde vas, no te gusta
bailar?
—Me cansé, disculpa.
Él me siguió y nos alejamos de toda la
gente, estábamos cerca de una barra de bebidas y elle pidió dos aguas minerales
a el bar tender, me ofreció una sin que se la pidiera. Estaba sin aliento y
algo mareada, bailar con tacones es más difícil de lo que creí.
Parecía que ese sujeto me estaba
haciendo hipnosis ya que no podía dejar de mirarlo.
—¿A todo esto como te llamas? —le pregunté
cuando recuperé el aliento.
—Fabián Alcázar, un gusto —dijo
tendiéndome la mano.
—Hola —dije juzgando de loco y haciendo
una cara extraña.
—Vaya eres más bonita con luz natural
que bajo una luz de discoteca —me dijo con una mirada perpleja.
—¿Crees que eres bueno para dar cumplidos?
—Por lo menos lo intento —dijo con una
gran sonrisa de dientes perfectos— ¿eres amiga de Nelly, la novia?
—Si soy su amiga, ¿y tú de parte de quién
vienes? —le pregunté malhumorada.
—Soy amigo de Javier, nos conocimos en
un trabajo que realizamos juntos.
—Ah, pues vuelve con tu amiguito —le
espete.
—Preferiría estar con mi nueva amiga.

Me reí y le dije:
—Ja, crees que solo porque bailamos
juntos ya somos amigos, sigue soñando.
No sé por qué actuaba tan diva.
—Yo bailé, tú te zangoloteaste un rato —dijo
con mucha seguridad.
Yo solo abrí mucho la boca y con el
pequeño sorbo de agua que me quedaba en mi vaso se lo lancé en su chaqueta,
arrepintiéndome automáticamente de haber hecho eso.
—No esperaba esa reacción Nicole, siento
haberte molestado —dijo Fabián con la mirada triste, se retiró rápidamente en
dirección al baño.
Solo pude quedarme parada ahí como
estúpida. Hasta que reaccioné y lo seguí a los lavabos del baño.
—Fabián, por favor perdóname, no sé por qué
hice eso yo…
—No hay problema Nicol, ya me disculpo
contigo también.
—No, yo fui muy grosera y no debí
haberlo hecho.
—Está bien, de todas formas, solo es agua,
malo fuera si hubiera sido vino o algo así.
—Si, tienes razón —dije apenada y solté
una risa que fue acompañada por la de Fabián.
—¿Así que eres de esa clase eh? —dijo
con sorna.
—¿De qué tipo eh?
—Impulsiva, de cabeza caliente, de ese tipo
—dijo aun sonriendo.
—Aquí tengo un grifo lleno de agua, ¿sabes?
—Mejor me callo dulzura.
—Si mejor, bueno es hora de que yo…
Un sonido muy extraño nos sacó de
nuestra estúpida conversación.
—¿Fue, un ronquido?
—Si, eso sonó —dije asustada.
—Seguro algún cabrón se quedó dormido por
borracho —dijo mientras revisaba por debajo de las puertas de los W.C.—Ahí.
Fabián abrió la puerta de ese escusado y
vi una imagen Dantesca. Era papi totalmente dormido y medio vomitado sentado en
el escusado con los pantalones bajados.
No pude evitarlo y le tomé una fotografía con
mi celular, juraba que sería útil más adelante en mi vida, por lo menos yo y
Nelly nos cagaríamos de la risa por un rato.
Fabián me jaló fuera del baño casi me
tropiezo con unas escaleritas de piedra. Pero él logró agarrarme antes de dar de
cara contra el suelo. Me incorporé y el me seguía abrazando.
—¿Estás bien?
—Si, solo que casi…
Mis palabras fueron acalladas por un beso en
los labios, que me dejó perpleja.
—Oye, no puedes hacer eso…
Me calló con otro beso, un beso en el
cual no opuse ninguna resistencia.
Todo mi enojo menguó y me dejé llevar
como me había pasado en ocasiones anteriores.
—¿Qué te pasa idiota? —le pregunté a
Fabián sin hacer mucho alboroto.
—Si no lo hacía ahora no lo iba a hacer
nunca.
—Debo admitir que eres bueno besando.
—Debería decir lo mismo, pero creo que
no se puede jaja.
—Mendigo —dije mientras le pegaba en un
hombro.
Fabián me tomó la mano y me jaló a una parte
del edificio de los baños en los que nadie nos podía ver ya que estábamos
cubiertos por dos columnas gigantes. Fabián me agarró de las caderas y yo le
agarré el paquete, quería tomarle de la pierna, pero calculé mal la trayectoria
de mi mano. A ninguno de los dos pareció molestarle ese error. Nos besamos una
vez más y nos pusimos muy juntos, tanto que mis grandes senos se apretaron en
contra de su duro pecho.

Maldita sea otra vez me estaba pasando
esto, un hombre me dominaba a su gusto y no le podía impedir nada.
Sus manos bajaron y apretaron mis duras
nalgas, otra mano se posicionó por delante y trató de encontrar mi sexo a
tientas en aquella oscuridad que nos envolvía. Y también a tientas le bajé el
cierre del pantalón. Su pene se endureció tanto que logre sentirlo por fuera de
sus calzoncillos apretando en contra de su estómago.
Dejo de tocarme e intuí que rebuscada en su
bolsillo para encontrar un condón ya que me llegó el olor del látex, no pude ni
siquiera decirle nada cuando de pronto me bajó las pantaletas y restregó su
verga en mi vulva.
De nueva cuenta mis instintos me traicionaron
y lo dejé hacer, a ver que se le ocurría, mi respiración al igual que la de él
estaba entrecortada y su mirada oscurecida por las sombras se posicionó en mis
ojos. Supongo que él habrá intuido que le debí de haber confirmado sus
intenciones con mi mirada, ya que comenzó a introducir forzadamente su pene
dentro de mí, la posición en la que estábamos era incomoda, así que se
reposicionó y me pidió con las manos abrir más las piernas, a lo que obedecí
como vil zombi. No podía negarlo, mi cuerpo sentía una excitación sin
precedentes, buscaba complacer esa parte oscura y escondida de mí mismo.
Su pene se abrió paso con muchísima más
facilidad dentro de mí debido a lo abierta y mojada que estaba. Él comenzó a
mover sus caderas, y el pacer fluyó en ambos como si nos hubiéramos inyectado
alguna droga en las venas. Mi vagina ardía muy rico por el calor y la fricción,
Fabián me tomó por la nuca y me dio un profundo beso en los labios, para luego
bajar por mi cuello. Parecía como si tuviera múltiples manos, ya que, si no me
masajeaba las tetas, me sostenía de la cintura, o se aferraba a mis nalgas.
Duramos muy pocos minutos debido a la premura
de nuestra situación, yo tenía el corazón a mil y la frente llena de sudor
frío.
Fabián lanzó un gruñido y pude sentir
como sus movimientos se contraían, se aferró a mi espalda y me dijo al oído que
se estaba viniendo.
No pude soportar todo eso y empujé a ese
tipo con todas mis fuerzas hacia atrás, el calló de espaldas contra el pasto y
yo salí corriendo directo hacia la pista de baile para perderme entre las demás
personas, volteé hacia atrás y no vi ni pista de él, por lo que decidí que tenía
oportunidad de escapar. Salí a toda prisa por una puerta de emergencia y salí
al estacionamiento. Busqué mi auto cerciorándome que nadie me veía y saqué mi
traje de hombre de la cajuela. Siempre guardaba una botella de pastillas
X-Change dentó el maletero, así que me tomé una y me cambié en el asiento
trasero.
Salí del auto y guardé toda mi ropa de mujer
en la cajuela de nuevo. Entré de nuevo a la fiesta y me topé a varios metros
con Fabián el cual hablaba desesperadamente con otras personas preguntándoles
por una mujer. Me quedé helado, por una estúpida razón creí que él se daría
cuenta de quien era yo en realidad, pero mi miedo se disipó cuando pasó junto a
mí y ni me notó.
Corrí a la mesa familiar y saludé a
Lupita con un beso en el cachete, ahí se encontraban dos de mis hijos tomando
un vaso de refresco, los tomé de los hombros y los sorprendí.
—¡Papá!
—Así es, mocosos vagos —dije con una voz
de pirata— ¿Creyeron que no me aparecería?
—Papá, qué bien que viniste —dijo mi
hijo— ¿A dónde se fue mi tía Nicol?
—Bueno jaja, la verdad caminando del
brazo de un muchacho cuando estaba entrando a la fiesta, creo que ya se iban.
—Y no se despidió —dijo mi niño.
—Qué mala —dijo mi niña de en medio.
Yo solo me reí y disfruté del resto de
la fiesta sin preocupaciones.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario