Capítulo
20: Novicia
Los negocios
en el Aphrodite eran simples, te metías, le vendías tu maldita alma a un
demonio con sobrepeso y terminadas prostituyéndote con personas aleatorias.
Era poco
usual que fuera al Aphrodite a trabajar últimamente, era mucho perder el tiempo
y pocos negocios, estaba tan bien regentada que ya no hacía falta estar ahí
entre las otras chicas comunes.
Debí decir
que con el tiempo Nicol se hizo más conocida por los clientes, al punto que
llegué a ser “pedida” por los peces gordos. Los peces gordos eran los hombres
con más dinero, aquellos que les daba igual gastar unos miles de dólares en una
noche. Muchas chicas/hombres de mi trabajo morían porque uno de ellos pague por
ellas/ellos, pues sabían que eso implicaría una muy buena propina u otros
regalos. Sin embargo, son tipos bastante exigentes, eran muy pocas las chicas
que pedían. Incluso a Nelly le costó un poco obtener ese tipo de clientes antes
de haber decidido dejar de trabajar, pero aún seguía apoyándola, después de
todo nuestra relación de nuevo volvió a mutar, pasamos de ser amigos, a maestra
y aprendiz, de nuevo amigas, luego a semi-amantes
secretas y últimamente a ser familiares de mentiritas. Nelly me dijo que se
retiraba el mismo día de su boda, por eso había invitado a Papi, para que no
pareciera que lo había abandonado.
Aun así, me
carcomía que el destino quería que siguiera conociendo personas, un día papi me
llamo a su oficina, olía horrible como a bourbon añejo y tabaco barato.
Abrí las
grandes puertas y la oscuridad me envolvió, había una chica menuda y delgada
sentada en una silla de la mesa de papi, y él estaba en su silla de oficina de
cuero fumando como un cabrón.
—Nicol,
justo la nena que quería ver —soltó con su maltrecha voz.
—Hola papi,
¿Me buscabas? —dije con la voz más femenina que pude.
—Si, si mira
a esta muñequita aquí delante de mí, será tu nueva compañera quiero que la
entrenes, tiene potencial como tú y no quiero que las demás zorras la echen a
perder.
—Pero papi,
yo… nunca he tenido a nadie a mi cargo y…
—¿Me estás
cuestionando? —dijo papi poniéndose derecho—¿A mí, a tu jefe?
—No papi, yo
jamás lo haría —dije acercándome a él y tomando su mano— haré lo que me pidas.
Me apartó de
un manotazo y dijo:
—Llévatela
antes de que me empiece la gastritis, andando, largo.
Tomé a la
nueva chica de la mano sin voltearla a ver y me fui rápido de la oficina,
mientras un negrote cerraba las puertas detrás de nosotras.
No me detuve
hasta llegar al camerino y por fin solté a la chica.
Al mirarla
bien me di cuenta de que era una total belleza, su piel era blanca como la
leche, sin imperfecciones, de ojos color miel y cabello castaño. Era delgada,
pero tenía un muy buen pecho y sus caderas eran pronunciadas.
Tenía esa
típica belleza de las chicas comunes y corrientes que eligen para ser
supermodelos. Parecía tímida y estaba muy callada, apenas y respiraba.

—¿Como te
llamas? —le dije con voz suave.
—Soy Hugo.
—Emm…. Yo
soy Nicol, tengo otro nombre de hombre, pero no te lo diré por ahora, lo
siento.
—Está bien
—dijo con voz quebrada.
—¿Tienes
miedo?
Asintió sin
hacer ruido. A lo que yo cerré la puerta con seguro.
No te
apures, ellos nunca vienen para acá, no te harán daño, yo te ayudo si eso
llegara a pasar.
—Rayos,
dónde me he metido —dijo al borde de las lágrimas.
—Hey
tranquilo, ¿quieres agua o algo?
—Agua está
bien.
Tomé del
minibar una botellita de agua y se la di.
—¿A ver
cuéntame qué pasó?
Ella solo
pareció estar intranquila y tembló un poco.
—¿Papi te da
miedo no?
—Si, es un
hombre extraño.
—Si a mí
también me da miedo, pero ya me acostumbré —dije con voz cansada— cuéntame cómo
llegaste aquí cuando te calmes.
Pasaron unos
minutos y la pequeña chica pareció tranquilizarse, su voz era áspera y gruesa.
Pero seductora de igual forma.
—Yo supe de
este trabajo por un amigo que ha venido varias veces aquí a buscar chicas y la
verdad yo necesitaba dinero, hablé con uno de los guardias y me llevo directo
con ese sujeto y me dio una pastilla, creí que me secuestrarían o algo, pero
esto es aún peor.
—No hay de
que preocuparse, tiene remedio mira.
Le tendí una
de las pastillas que te devuelven a la normalidad y le pedí que se la tomara,
pareció desconfiado así que yo lo hice primero. Se sorprendió mucho y después
de una pequeña explicación terminó tomándosela ella. Resultó que era un chico
de veintipocos cómo Neil y era ligeramente parecido a su contraparte femenina.
—Gracias,
tenía miedo de no volver a ser quien soy.
Le di una
explicación detallada del funcionamiento de las pastillas y saqué para él un
frasco con ambos tipos de pastillas X-Change de un botiquín.
Me bombardeó
con cientos de preguntas más, de dinero y de trabajo y de mil cosas más.
Parecido a la plática que tuve con Nelly hace ya más de un año.
Pacientemente
le expliqué cómo era el negocio y aproveché para preguntarle el porqué estaba
aquí.
—Bueno, yo
tenía unas deudas porque necesitaba dinero para mi familia y mi escuela, un
amigo me recomendó con papi —explicó el chico más calmado y bebiendo agua— pero
el cabrón me metió una pastilla a la boca sin preguntarme ni explicarme nada y
entré en pánico.
—Si, está
muy drogado siempre, hace locuras, pero no te preocupes por él, no vendrá por
aquí —dije tranquilo— a veces parece tener la memoria de una mosca.
El chico se rio
y me agradeció la ayuda.
—¿Oye, y
entonces tú en realidad eres un hombre como yo?
—Si, como te
dije solo me transformo cuando trabajo, últimamente me mantengo más como mujer,
pero es por la variabilidad del horario de trabajo.
—Oh ok, ok.
—Mira hijo,
siento que este trabajo no es para ti, eres muy pequeño y no creo que…
—Si, yo
también lo creía, pero mi familia está a punto de ser desalojada de la casa, si
no los ayudo todos nos vamos a la mierda.
—Wow,
pareces decidido.
—No hay de
otra —dijo el chico muy serio.
—Bueno mira
yo ya te expliqué sobre el trabajo, pero es muy demandante tanto física como
mentalmente —dije serio— ¿crees poder soportarlo?
—Bueno,
tengo más juventud y además soy gay así que por lo de estar con hombres no creo
que sea tan complicado.
—¿Espera,
eres gay?
—Si.
—Bueno, tal
vez eso te ayude a soportarlo un poco, pero igual es difícil estar con gente
que no quieres.
El chico
solo me miró con algo de tristeza.
—Pero la
verdad no tengo ni puta idea de cómo empezar en el trabajo —dijo sincero el
chico.
Me apiadé de
él y le dije:
—Mira, papi
me pidió hacerme cargo de ti y la verdad yo no soy esa típica persona malosa ni
estoy confabulado con Papi —dije igualmente sincero— sabes, yo tengo una
familia y no la arriesgaría a esto si no supiera que estaba en problemas
financieros.
—Entiendo.
—Mira, yo y
mi amiga Nelly podemos ser tus padrinos… madrinas en esto y ayudarte a
adecuarte.
—Suena bien.
—Bueno, mira
ya te platique acerca de ella, mañana la visitamos y te enseñaremos algunas
cosas básicas.
Le di mi
número de teléfono y lo acompañe hasta la salida del Aphrodite, le pagué un
taxi y le dije que me llamara temprano en la mañana.
Llamé a
Nelly y le expliqué la situación.
—Mierda
colega, hace un año yo te estaba entrenando a ti, ¿y ahora te has convertido en
maestro?
—Nunca me lo
habría imaginado, pero aun así necesito tu ayuda Nelly.
—Naturalmente
amigo, mira podemos verla mañana sin problema, la llevamos al centro comercial
como a ti y luego a mi casa, le enseñaremos los básicos.
—Vale, me
parece bien.
—Hasta luego
bebé —me dijo Nelly.
—Adiós
Nelly, bye.
Colgué el
teléfono y volví a enfocarme en el trabajo de la noche.
A la mañana siguiente recibí una
llamada a mi celular, era la voz del chico y le expliqué el plan que tenía con
Nelly, pasé a recogerlo en mi auto y hablamos de cosas del trabajo sobre el
camino. Yo estaba como hombre para que no se espantara.
—Mira, si encuentras a un cliente
que le gusta la sumisión trata de robarle lo que puedas o pedirle dinero y
regalos, siempre funciona.
—Ok, ok.
—Si el cliente es grande trata de
mantenerlo charlando y perderá la fuerza poco a poco.
—Ok sí, sí.
—Si ya no tienes ropa o cosas pon
alguna historia triste en tu Instagram de chica o tu número de WhatsApp y más
de algún cliente te regalará un poco de cosas.
—Ok, ok anotado.
—Si ves a un pez extraño en una
pecera de aspecto caro por favor nunca le preguntes nada al dueño o te
explicará sobre peces 3 horas.
—Ok no preguntar, ok.
—Si ves que
el cliente es homofóbico y no sabes que eres chico en realidad cágate de la
risa, ah y siempre ten una coartada de lo que sea con tu familia y ellos no
preguntarán nada.
—ok, jaja,
ok
—Bien, esos
fueron solo unos consejos, hay más de esos, pero esos son los básicos.
Llegamos al
lugar de Nelly y ella estaba esperando en la puerta con una copa de vino en la
mano.
—Nelly, si
no te conociera diría que eres alcohólica.
—Cierra el
pico Pedro, hoy necesito esto.
Entramos con
Nelly y nos sentamos en la mesa del comedor.
—Bien chico,
¿así que eres el nuevo del negocio eh? —Preguntó Nelly con la voz áspera.
—Si, ¿tus
eres Nelly no? —le preguntó el chico de forma seria.
—Si, soy
amiga de Pedro, yo fui su mentora cuando él entró.
—¿En serio?
—Claro, yo
le enseñé un par de cosas y míralo ahora, ha subido mucho en el trabajo.
—No creo que
sea algo de lo cual alegrarse —dije amargamente.
—Hey socio
mientras obtengas dinero y no le hagas daño a nadie el trabajo es honesto.
—Si tú lo
dices —dije sobándome los ojos.
—¿Entonces
tú le enseñaste a él a ser mujer, puedes enseñarme a mí? —dijo el chico
emocionado.
—Eh espera
chico, yo no le enseñé a Pedro a ser mujer, solo le enseñé a actuar como una y
un par de cosas extra. Ser mujer es algo más complejo.
—Bueno lo
que sea, ¿pueden enseñarme esas cosas no?
—Puedo
aconsejarte un poco pero ya no trabajo en eso, estoy recién casada, así que no
podré ayudarte tanto como quisiera, solo de vez en cuando —explicó Nelly.
El chico
chasqueó la lengua y pareció decepcionado.
—Rayos.
—No te
preocupes muchacho, estás en las hábiles manos de Pedro. Es el mejor en el
negocio te lo aseguro, poco a poco está montando su pequeña fortuna —dijo
volteándome a ver.
—Es mejor si
estás conmigo a con alguna otra del Aphrodite, solo Dios sabe las mañas que
tengan.
Era cierto,
en tantos meses de estar trabajando en el Aphrodite solo había conocido a las
chicas de la primera fiesta a la que fuimos y pocas más, todas siempre parecían
ocupadas.
—Sabes, aún
no es tarde para retirarte si no quieres.
—Tengo que
conseguir ese dinero, solo lo puedo conseguir si me hago narco o si invento la
cura del cáncer.
El chico
pareció resignarse y dijo:
—¿Está bien,
por dónde empezamos?
—Bueno chico
primero tenemos que comenzar por conseguirte cosas propias, ropa maquillaje y
eso.
—Hey, no
tengo dinero de dónde saco para comprar eso
—Te
regalaremos unas cuantas cosas, tómalo como un presente o lo que quieras.
—¿Ok y que
es lo que necesito?
—Te llevamos
al centro comercial y allá lo vemos, son tantas cosas que no podemos ni
siquiera contarlas.
El chico se vio
preocupado cuando le dije que todos tomaríamos la pastilla, ya que llamaríamos
mucho la atención siendo hombres y viendo puras cosas de mujer.
Después de
casi una hora dentro del centro comercial las cosas parecían ir bastante tranquilas,
incluso nos sorprendió que el chico tuviera algunas nociones de ropa femenina.
—Bueno es lo
que llevan puestas mis amigas en las fiestas y eso, no es difícil saber lo que
ocupan.
Donde ocupó
más ayuda fue con los maquillajes y los productos de higiene, ya que eran cosas
más personales.
Pero de
igual forma obtuvimos varias cosas y aproveché incluso para comprar algunas
cosas que se me hicieron bonitas y estaban en descuento.
Terminamos
de igual manera sentadas en una banca comiendo nieve, ese era nuestro último
regalo ya que estábamos algo escasas de efectivo después de tantas compras.
De igual
manera me pareció apropiado preguntarle al chico que nombre utilizaría, y le
conté la historia de como elegí el mío.
—Bueno, Huga
no puede ser, suena muy prehistórico —dijo riendo.
——¿Tienes
otro en mente? —preguntó Nelly.
—Bueno no
sé…
En ese
momento un grupo de chicas se cruzó corriendo frente a nosotras y saludaron a
otra chica que estaba a pocos metros, parecían colegas de la escuela.
—¡Hannah,
amiga! —gritó una de ellas abrazando a la chica— tanto tiempo.
Hugo nos
volteó a ver y dijo:
Bueno creo
es señal suficiente para saber cuál es mi nuevo nombre, dijo con una sonrisa.
—Mira hijo el negocio es difícil,
pero noble si te portas bien y trabajas duro serás bien recompensado —le dije a
Hugo mientras lo llevaba desde su casa al Aphrodite.
Me había contado un poco más en el
camino sobre su vida, la enfermedad de su madre, su relación con sus hermanas y
la historia de maltrato de su padre, muerto por adicciones con las drogas. No
le preguntaba nada, solo lo dejaba hablar.
—Entiendo —dijo el chico mirando
pensativo la ventana— ¿Oye te puedo preguntar algo?
—¿Sobre qué? —le dije.
—Pues tengo duda sobre ti, ya ves
que ayer Nelly me contó sobre cómo pasó de ser hombre a entender que en
realidad siempre quiso ser mujer, y como tomó esa decisión —relató el chico—
¿Tú te consideras un hombre o eres mujer ya casi siempre o eres gay como yo?
—Mira, es complicado —las preguntas
me sentaron con una descarga eléctrica de 1,000 voltios—Yo me considero un
hombre, pero en realidad paso más tiempo como mujer últimamente, pero es solo
por trabajo o si me conviene, además no soy gay.
Pude sentir la penetrante mirada de
Hugo de completa incredulidad.
—Pues Nelly me contó sobre cómo son
muy cercanas ustedes dos.
—Esa maldita Nelly —dije para dentro
de mi— ¿qué te dijo?
—No mucho, solo que a veces están
“juntas” —dijo haciendo señas de tijeras con los dedos.
Por voltearlo a ver casi choco con
el carro de adelante.
—¿Pues es cierto y…?
—Nada, solo curiosidad —dijo algo
afeminado.
—Pues sí, he estado con ella porque
me gustan las mujeres, soy hombre después de todo.
—Nelly me platicó algo sobre otra
chica y un hotel también.
No me la podía creer.
—Si, eso también pasó.
—Qué raro —dijo con voz áspera—
¿Bueno y en el negocio que haces mayormente?
—Eso, mejor cambiemos el tema, pues
bueno salgo con personas que contratan mis servicios, hasta el momento solo
hombres que quieren que salga con ellos o que vayamos a un hotel o a sus casas.
—¿Entonces sales y tienes sexo con
otros tipos?
—Si, y tú también harás eso
listillo, me estás empezando a cansar.
—Bueno, pues perdóname, pero tus
afirmaciones y lo que haces no concuerdan, o mientes o eres hipócrita.
—¿Que tratas de decir muchacho?
—Dices que
eres un hombre, pero siempre estás como mujer, que eres hetero, pero solo
tienes sexo con hombres y con mujeres no puedes, a menos que no estés igual
transformada en mujer.
Sus palabras
eran tan filosas y exactas como un bisturí que cortaba toda mi masculinidad.
—En serio
viejo, si quieres ser mi mentor es mejor que no me mientas o puedo meterme en
líos.
Frené el
auto en seco en una esquina.
—Mira
maldito mocoso, no sé quién te has creído o si tus ideas de diva te tienen
podrido el cerebro, pero a mí no me… —detuve en seco mis gritos.
La cara del
chico, aunque pálida se encontraba en perfecta tranquilidad.
—¿Así como?
—dijo en voz baja— ¿con la verdad?
No tenía
caso discutirle nada al niño.
—Ya había
discutido esto también con Nelly, puede que tengan razón y que mis acciones no
reflejen en verdad lo que quiero aparentar que pienso.
—No hay nada
de malo en disfrutar lo que haces, ¿sabes?
—A veces
hasta creo que lo disfruto demasiado —dije con extrañeza.
—Espero que
me pase igual —dijo divertido el chico.
—Es que es
demasiado difícil, mira soy padre, soy el hombre más viejo de los 3 y estuve
casado, son muchas cosas que procesar.
—La vida da
cambios muy extraños amigo, o te adaptas o te mueres.
—No cuestiono
eso, solo que esto no entra dentro de mis planes de vida, es temporal.
—Amigo, ser
puta es algo con lo que se nace, o lo tienes o no lo tienes, así de simple y
por lo que sé fuiste bendecida con ese don.
—No soy una
puta —ni siquiera me pude convencer a mí mismo de tal afirmación, mi oficio
técnicamente era ser puta, pero hay de putas a putas. ¿Saben lo que digo?
El chico se
quedó callado.
—Yo no te
cuestiono nada y tampoco lo haces, ¿trato? —le dije para terminar la
conversación.
—Seguro
viejo, una disculpa si te ofendí.
—Igual
perdóname por haberte gritado, vamos tarde.
Conduje y
terminamos fundiéndonos con las oscuras calles de la ciudad.
Esa noche no
pude dejar de dar vueltas en la cama, las palabras del chico me taladraron el
cerebro. Y me puse a reflexionar de cómo me había comportado en los últimos
meses, exactamente después de mi viaje a Dubái con el señor Black.
Con cada mes
que ha pasado me he percatado de que paulatinamente me he vuelto más zorra, no
solo en la cama sino en general, en mi trato con los clientes, en las fiestas
que me invitan, incluso hasta en la maldita ropa que uso. Lo que me hizo tener
curiosidad sobre mi closet.
Me levanté
de la cama y abrí mi armario especial, no tenía llave ya que Lupita cuidaba a
los niños, más de 100 prendas de mujer había en mi repertorio, y de hombre me
había desecho de tantas cosas que ya no me agradaban que ahora solo me quedaban
3 playeras, una camisa, una corbata (la cual solo usaba cuando me disfrazaba de
maestra sexy), un par de tenis, poca ropa interior (que igual usaba como mujer
porque era cómoda) y unos pares de pantalones viejos.
Todo lo
demás dentro del armario tenía lentejuelas, encaje o tenía colores pastel.
Incluso el
no haberme tomado la pastilla para volver a la normalidad decía mucho de mi
estado mental actual, estaba cómoda como mujer. Cómo mencioné me sentía cómoda
con mi anatomía actual, no sudaba tanto, no tenía que rasurarme y era más
cómodo estar sentado por largos períodos sin tener que preocuparse de aplastarse
un testículo por accidente.
Arrojé mi
ropa al piso y volví a acostarme y pensé más en mi vida.
Mi
heterosexualidad estaba tan cercenada como un maldito veterano de Vietnam.
Hace muchos
meses que tengo sexo como mujer con hombres y por el contrario llevo años sin
hacerlo con una mujer yo siendo hombre. Y por más que intente resistirlo y
negarme a ello, me ha empezado a gustar sentir como me besan, como me nalguean
con fuerza, como me abrazan con sus grandes brazos, como juegan con mis tetas.
Incluso como me la meten por el coño o la boca.
Me pasé las
manos por el cuerpo y sentí cierta excitación. Lo primero que vino a mi cabeza
fue el recuerdo del hombre con el que había tenido sexo en la fiesta de Nelly,
por mucho que odiara a ese idiota no puedo negar el simple hecho de que su voz
hacía que se me calentara el coño.
Traté de
excusarme pensando que es algo propio de un cuerpo de mujer, sin embargo aún
como hombre me imagino de vez en cuando el cuerpo de otros hombres, su olor,
incluso una vez pensé en el sabor de una verga en mi boca, o cuando veo un
hombre guapo caminar por la calle me quedo mirándoles con cierta curiosidad y a
veces ellos se percatan de que una chica hermosa se les queda mirando y van a
tratar de ligar conmigo, esas memorias las iba suprimiendo pero llegaban en
poderosos torrentes a mi frágil mente.
—Tienes que
sincerarte cabrón —dije mirando al techo.
A ver, ya
quise compensar con mis nuevos apetitos tratando de ver a más mujeres desnudas
por internet, no funcionó ya que no causaba reacción en mí, las tetas y las
vaginas eran algo que yo ya podía ver todos los días, e incluso tenía una yo
misma. También contraté una prostituta para tener sexo, pensé que así quizá
regresaría mi gusto por las mujeres, pero al momento de hacerlo mi pene no se
paraba, solo podía imaginarme tomando la píldora y siendo penetrada por otro
hombre junto con ella, eso fue lo que no me permití contarme a mí mismo.
Y ser más
perra en el trabajo implicaba ser también más fogosa y candente con los
clientes. Pasé de escupir el semen en mi primera vez a tragarme el de varios
hombres diferentes la misma noche, y aparte tener la desfachatez de sonreír y
de disfrutar hasta cierto punto todo el proceso de una felación, pase de odiar
el semen a amarlo tomándomelo cada que puedo.
Al principio
bajo la idea de parecer más femenina y satisfacer a los clientes, pero luego me
di cuenta de que no era únicamente eso, era yo que quería satisfacer mis
propias necesidades de verga.
Ya me había
dado una oportunidad de seguir actuando como hombre y no había funcionado muy
bien, ahora no parecía mala idea intentar dejarme llevar y liberarme más como
mujer.
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