martes, 25 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (22)

 

Capítulo 22: Las apariencias engañan

Si mi vida fuera una película estoy completamente seguro de que esta parte de mi existencia podría ser resumida con una secuencia rápida con música, como aquellas escenas en las que se veía que Rocky entrenaba durante meses y podíamos ver su avance con alguna canción de rock motivadora. Pero en realidad lo mío no era una carrera o un entrenamiento de pesas o de boxeo, era más bien como un maratón, un maratón del sexo.

En los últimos dos meses tuve casi el doble de clientes que, en mi último año de trabajo, pero eso era porque yo antes esperaba a que me llamaran y me portaba de manera pasiva, ahora yo instigaba, llamaba, mandaba mensajes y le tocaba la puerta a papi para que me diera más cliente.

Y parece ser que mi pupila Hannah me comenzó a seguir el ritmo que tenía de clientes, así que siempre estaba muy ocupada.

Mi vida francamente se salió un poco de control y en unos cuantos días podía decirse que había entrado en un frenesí sexual. Me gustaba tener sexo, que me cogieran por todos mis agujeros, que me lamieran la vagina, mamar pene, hacer rusas y que me agarraran de las tetas y el culo.

Antes no dejaba casi que ni me tocaran, pero ahora les pido que me hagan lo que quieran, casi a diario aprendo algo nuevo de mi cuerpo. Había abrazado por completo mi nueva sexualidad como mujer.

Vídeo compilación con música

Pero no solamente con los hombres mantenía relaciones, sino también con mi mejor amiga Nelly, éramos prácticamente ya dos lesbianas de tiempo parcial y solo disfrutábamos entre nosotras. Eran incontables las veces que le hice sexo oral mientras ella estaba sentada en el sofá de su casa mientras a mí me masajeaba las tetas y me metía uno que otro de sus juguetes sexuales por el ano. Era fantástica la cantidad de libertinaje en la que nos metimos, ya que nos entregábamos sin tapujos a complacer nuestros más bajos instintos, nos emborrachábamos, consumíamos un poco de marihuana, comíamos lo que quisiéramos y cumplíamos nuestras más sucias fantasías. Nelly me adentró al sadomasoquismo (me golpeaba las nalgas con un látigo, me quemaba con cera de vela, me arrancaba los vellos públicos con pinzas y hasta incluso practicamos el arte japonés de amarrarse con cuerdas) nos vestíamos de las maneras más provocativas que se nos ocurrieran y practicábamos juegos de roles.

Otras veces nos disfrazábamos de las típicas colegialas sexys y grabábamos horas de material para nuestro OnlyFans actuando en nuestras propias películas porno caseras.

Incontables veces nos dimos shows de striptease privados gracias a que instalamos un tubo y luces en su apartamento. Era de lo más genial ya que apagábamos la luz de la habitación y encendíamos las de DJ, poníamos música de rock, nos servíamos un vaso de whisky con hielo y varias cervezas, yo me ponía cómoda en un sofá individual reclinable y Nelly comenzaba a despojarse de su ropa, bailando al son de la música y siendo lo más provocativa posible. Se restregaba en el tubo y meneaba las nalgas en un baile twerk improvisado.

Yo como buen albañil borracho comenzaba a nalguearla, mamarle el coño y el culo, chiflarle, y hacerle comentarios lascivos.

—Que rico culo, que chichotas, tanta carne y yo sin dientes, muévelas, ¿Cuánto cobras reinita?, te voy a sacar de trabajar, ¿A cuánto el privado?

Nelly solo se reía tontamente y respondía a mis preguntas diciéndome que por tratarse de mí hoy era gratis o que si le podía invitar un trago. A lo que yo le mojaba el cuerpo con el alcohol que bebía y procedía a lamerlo para limpiarla. O hacer la típica de exprimirle limón y sal en el cuello, beber un caballito de tequila y morder un limón mientras la besaba de lengua. Era un ejercicio de excitación extremo y ambas terminamos siempre empapadas tanto de alcohol como dentro de nuestros pantys.

Al parecer a ella le importaba poco el hecho de que le era infiel a su esposo conmigo, hasta que un día me animé a preguntarle mientras compartíamos un dildo doble en posición de tijeras.

—Nelly, ¿no crees que está mal lo que estamos haciendo, digo estás casada?

—Mi marido me conoció puta y no le importa mucho con quién comparta la cama —dijo de manera desinteresada entre jadeos— además tú eres mi otra novia así que no hay problemas.

—¿Tu novia, yo?

—Claro colega, Javier siempre supo que me metía contigo y no le molestaba para nada por la confianza que tenemos, ¿o en realidad prefieres ser mi putita?

—No recordaba que hablaras tan sucio en la cama.

—Bueno una agarra nuevas mañas —dijo con humor— mierda, que coño tan apretado tienes Nicol, apenas te entra el dildo.

Eso último era dolorosamente verdadero.

—Bueno, sí a ti no te importa a mí menos — dije con tono de superioridad y meneé más duro las caderas.

 

En otros asuntos diré que mis relaciones laborales tuvieron que ser manejadas con sumo cuidado ya que tenía que barajar todas las cuestiones de mi vida a la perfección, desde ser la supuesta novia de una ninfomaníaca, tener bajo mi cuidado a una jovencita que se iniciaba en el negocio, atender a mi clientela y ver por mis hijos (lo que a mí consideración era lo más complejo).

Pero afortunadamente Lupita me ayudaba de una manera bestial a poder manejar todo aquello, la recompensaba tan bien como podía, pero la situación con mis hijos era crítica, la trabajaría con posterioridad.

He notado también que he mejorado mi amistad con mi pupila Hannah, incluso un día tuve un gran avance de confianza con ella y mi chófer Alfonso.

Pero para ser sincero tengo que contar como inició todo con Alfonso.

Un día yo estaba esperando a una cliente en un hotel muy elegante de la ciudad, estaba en el Lobby y afuera llovía muchísimo, parecía casi un huracán. Fui al baño del lobby y me traté de revisar el maquillaje, al rebuscar dentro de mi bolso me di cuenta de que me hacían falta muchas cosas, labiales, polvos y demás. Mi maquillaje estaba francamente pésimo. Salir afuera me arruinaría más, por lo que decidí llamarle a Alfonso para ver si podía traerme mis cosas.

—¿Que pasa Nicol? —dijo Alfonso con la voz distorsionada.

—Wey, ¿podrías traerme el maquillaje que dejé en el carro? —dije algo apresurada— seguro debe de estar en el asiento de atrás.

—Me voy a bañar si salgo ahí afuera, me vas a deber una.

—Por favor lo necesito mucho, estoy hecha un desastre.

—Que mierda… Está bien, maldita sea.

—Gracias, te debo una.

Esperé unos minutos sentada en un sofá del lobby y pude ver cómo un sujeto se tropezaba en la entrada y se recargaba en las puertas giratorias para integrarse.

Nadie trato de ayudarle así que yo me paré y corrí para tratar de ayudarlo. Lo jalé un poco y le ayudé a agarrar todo lo que tenía entre las manos para ayudarle, estaba empapado.

Un botones que estaba cerca de ahí se acercó a nosotros y le pidió su chamarra a Alfonso, él se la dio y el botones se alejó explicándole que lo llevaría a la tintorería del hotel para que le pudieran secar la ropa. Me sorprendió ese gesto ya que no era para tanto, pero este hotel si parecía ser muy elitista.

Alfonso solo se rio un poco y me dijo:

—Bueno ya tienes tus cosas y un espectáculo ¿Algo más?

Yo me reí por la expresión tan graciosa que hizo.

—Muchas gracias, fuiste de mucha ayuda — le dije mientras acaricié su hombro amistosamente.

—Lo que digas Nicol, iré a sentarme un poco ¿sí?

—Seguro, gracias de nuevo.

Alfonso solo asintió y se fue a un sillón individual junto a una mesa con folletos turísticos.

Me retiré de nuevo hacia el baño y terminé con mi maquillaje, impecable como siempre.

Salí de nuevo y me dirigí en la dirección en la que se encontraba Alfonso, el cual se trataba de secar el cabello con las manos, llevaba puesto gel, el cual ya se le había secado un poco. Por lo menos la humedad le ayudó un poco a recuperar su look.

—¿Acicalándote? —Comenté con una vocecita burlona.

—Ah, jaja esa no la había escuchado —dijo de forma sarcástica.

—¿Siempre estás de mal humor no?

—Nunca, ¿de qué hablas? —dijo de repente, algo alterado— siempre llevo mi buen humor ahí a dónde voy.

—Tienes razón jaja, aunque a veces si eres medio sarcástico —dije tapándome la boca por la risa.

—Es parte de la magia, ¿Sabes?

—Estoy segura de eso —dije haciendo un ademán gracioso.

—¿Oye y que pedo con tu cita, no ha llegado?

—Llevo esperándola 40 minutos —dije con la piel erizada por el enojo.

—Ah, ¿era mujer la que te contrató? —dijo algo incrédulo.

—Si, era una mujer de cuarenta y tantos.

—No mames, no recuerdo que nunca te haya contratado una vieja.

—No, nunca me había pasado.

—Si, no creo que a las mujeres les llame mucho la atención contratar putas.

—Wey baja la voz, es un lugar público—dije tapándome los labios con un dedo y shusheandolo.

—Ay, no sabía que las morras X-Change también tenían la regla —dijo algo frustrado, pero con humor.

—Es que siempre te comportas como un idiota Alfonso.

Su cara se hizo de piedra de un momento a otro.

—No me conoces, ni sabes cómo soy en realidad.

Me tomó desprevenida, me senté junto a él y casi en susurros le dije:

—¿A qué te refieres?

—Me refiero a que solo sabes que conduzco una estúpida camioneta por las noches para llevar a extraños a coger con otros extraños —dijo en una calma agresiva.

—Pues es cierto, pero yo no te he podido conocer en otro contexto.

—¿Recuerdas lo que te dijo Nelly la primera vez en que me conociste?

—La verdad no, fue hace más de un año y medio eso.

—Eso me esperaba.

—¿Qué fue lo que dijo?

—Dijo que tuvieras cuidado conmigo y que yo les tiraba el rollo a todas, palabras más palabras menos.

—¿Y cuál es tu punto?

—Mi punto es que no conoces otros aspectos de mí y que Nelly tal vez sin quererlo te dio una idea preconcebida de mí.

—¿Estás seguro?

—Si, ¿alguna vez les he tirado el rollo a cualquier chica de por aquí? —preguntó seriamente— sé que puedo ser algo pesado con mis bromas, pero respeto dentro de lo que cabe.

Me quedé pensativa por un momento.

—Si, no recuerdo ninguna ocasión en que hayas sido molesto o te hayas propasado con nosotras.

—Nicol, incluso sé que Nelly y tú tienen una relación más que de amistad, ¿pero nunca les he dicho nada al respecto o sí?

La tensión se rompió por un sonido de notificación en mi celular.

Me llegó un mensaje de WhatsApp de mi clienta, me preguntaba si podía llamarme. Le dije que sí y segundos después recibí una llamada. Dijo que su auto había tenido una descompostura por la lluvia y no podía llegar a el hotel, le dije que no había ningún problema y que le agradecía por hacérmelo saber en cuanto pudo. De todas maneras, no había perdido dinero ya que los clientes usualmente pagan por adelantado, en especial los nuevos o poco frecuentes, los peces pequeños. Explicó que su teléfono se había quedado sin señal, parecía estar realmente apenada. Me dijo que había reservado una cena en el buffet del hotel y una habitación, y que podía disponer de ambas cosas si así lo quería, era una compensación por mi tiempo y mi trabajo. Le acepté sus sinceras disculpas y sus regalos. Me aseguro de que me contactaría en unas dos semanas para poder tener una cita de verdad.

Regresé con Alfonso y le dije:

—¿Tienes ganas de cenar?

—Si, ¿por?

—Porque tengo una reservación que mi clienta me envío como compensación, dijo que no iba a poder llegar —explique con los brazos cruzados.

—Verga, esa seño seguro si tiene dinero como para regalarlo así —dijo Alfonso entre risas.

—Supongo, te sorprendería saber lo que una cara bonita puede darte, me han regalado varias cosas últimamente —dije de una manera exageradamente femenina y haciendo ademanes.

 

Alfonso sonrió y me acompañó a el área de restaurante.

Mi clienta me mandó el código QR de reservación y se lo mostré al hombre de la entrada que le pasó un lector de barras por encima a mi celular, y después de unos segundos le apareció la información de la reservación en la tableta que sostenía.

Nos acompañó hasta un asiento en la barra principal, el lugar estaba demasiado vacío como para ser un viernes en la noche, solo había unas 5 personas más en las mesas.

Un mesero se acercó y nos explicó la dinámica del restaurante, el cual era de buffet, pero te traían lo que querías a la mesa, ya que muchos platillos requerían de preparación extra para estar completos, ambos pedimos copas de vino y agua. Personalmente yo me decidí por probar el ramen y un platillo hecho de salmón que parecía ser cocina de Dinamarca o algún país por el estilo. Alfonso pidió una selección de carnes y espadas brasileñas.

El restaurante estaba muy variado en cuanto a sus influencias, y se podían ver de vez en cuando a los chefs, había uno con apariencia japonesa, un negro y un hombre europeo.

Mientras esperábamos retomamos nuestra charla.

—¿Nos habíamos quedado en que si nos acosabas no?

—ahí mero.

—Pues no, nunca recuerdo que hayas hecho algo malo o grosero.

—Ves, tienen una idea respecto a mí y ni siquiera se dan cuenta que está mal, bienvenida a mi vida.

Asentí con vigorosidad.

—¿Te imaginas lo que se siente que la gente piense algo en especial de ti sin siquiera conocerte?

—Debe ser difícil.

Alfonso refunfuño y le dio un buen trago al vino.

—Es cierto, en tanto tiempo que llevamos trabajando juntos no sé ni siquiera tu nombre completo.

—Soy Alfonso Gómez Prechot.

—Un gusto —dije a la mitad de una carcajada— Cuéntame de ti.

Durante la siguiente hora Alfonso se encargó de explicarme por qué exacto de cómo empezó a laborar para Papi en el Aphrodite. Le conté cosas sobre mí también como de mis hijos, como conocí a Neil y demás aspectos.

Me dijo también que su trabajo, más que ser chófer era tener una paciencia de oro y esperar a las personas que tenía que recoger por periodos extenuantes de tiempo.

—Al principio me ponía a ver el celular o a ver Netflix, pero rápidamente se me acabó todo que ver.

—Si, ver todo eso puede ser cansado después de un rato.

—Pero después me regalaron un librito y me gustó, nunca había leído uno entero antes.

—¿Cuál libro era?

—Se llama El caballero de la armadura oxidada, es un libro sobre los defectos de personalidad.

—Suena bueno.

—Si, está muy cortito —dijo haciendo un ademan con la mano— también me gustó que leer hacía que el tiempo pasara más rápido, obvio si la lectura es buena.

—Eso sí, yo nunca he leído mucho.

—Es algo a lo que le agarras el gusto, yo incluso me compré un Kindle que es un aparato para leer y no cansarte la vista.

—Oh, que chido.

—Si, ahí siempre lo dejo en el guantero del carro.

Parecía estar bastante apasionado por lo que decía.

Nuestra conversación se vio interrumpida por el mesero que traía nuestra orden. Le agradecimos y nos pusimos a comer sin mucha plática, solo decíamos que era lo que estaba rico y nos compartimos un poco de comida.

—Creo que el mesero se puso celoso —dijo Alfredo riendo.

—¿Porqué?

—Porque supongo que cree que estoy saliendo con una hermosa chica, y aparte porque estoy vestido pa’ la chingada y tú andas muy elegante.

—Pobre tonto —dije riendo.

—Pero realmente yo sí creo que hoy tuve suerte, pude conocerte un poco mejor.

—Yo también, tenía otra idea de ti.

—Yo creo que por eso nunca pudimos empezar a ser amigos, aunque hayamos trabajado tanto tiempo juntos.

—Lo siento, tal vez me sentía incómoda porque tú conocías mi secreto y me cambiaba en tu auto y todo.

—Eso nunca me molestó tampoco, todas las chicas del Aphrodite lo hacen.

—Vaya, ¿y nunca se te hizo raro que hombres se convirtieran en mujeres y se prostituyeran?

—Al principio me saqué de pedo bien cabrón, pero no podía perder este trabajo así que solamente a pura plática pude conocer las motivaciones de la gente, y poco a poco lo normalicé.

—Wow.

—Si, aprendí a no juzgar y no diferenciar a la gente por sus cosas.

—Que open mind eres.

—Mas de lo que crees —dijo mientras mordía algo de comida, trago y preguntó— ¿puedo saber qué fue lo que pasó en el motel cuando te conseguí el contacto de mi amiga mujer?

Se me hizo un nudo en la garganta.

—Ella me contó que un sujeto intento tener sexo con ella, pero no pudo, ¿no habrás sido tu verdad?

—Em…

—Ella parecía molesta, pero esto es algo que he visto más de una vez.

—¿En serio?

—Claro, un wey con dudas se mete a trabajar, se da cuenta que le encanta ser mujer y la verga y así se queda.

—Eso parece familiar —dije con tono apagado.

—El pedo es la auto aceptación

—Si, eso es lo difícil.

—Sabes, yo notaba lo mismo en ti, no te dije nada, pero me he dado cuenta de que ya casi todo el tiempo estás convertida en mujer y aparte has tenido mucho trabajo últimamente.

—Bueno, es que, si tenía esos problemas, pero después de lo que pasó con tu amiga y otra serie de cosas decidí que lo mejor era dejarme llevar por mi situación actual.

—Haces bien, he visto a sujetos resistirse y terminan vueltos locos, no se puede mentir a tu propia mente.

—Supongo que no.

—Incluso conocí a un sujeto que se suicidó por eso.

Se me hizo un nudo en la garganta al escuchar esa palabra, la he eliminado de mi diccionario mental por lo terrible que es.

—¿En serio?

—Si, el tipo estaba casado y su mujer e hijos se enteraron de lo que hacía, ella lo demandó y se divorció de él.

—Mierda —dije aterrada.

—Lo perdió todo y tuvo que empezar a trabajar más y más, pero no soportó vivir así ya que también le había agarrado gusto a ser mujer, pero nadie de su vida lo aceptaba.

—Pobre —dije con un nudo en la garganta.

—Entonces un día se tomó una botella entera de pastillas para dormir y una botella de vodka entera, amaneció muerta.

—¡Qué horrible!

—Por lo menos murió aun siendo mujer, dejó una carta en la que le dé daba el dinero a sus hijos y les explicaba su situación, eso pasó hace muchos años y eran muy pequeños los niños.

—Pobres, debieron de haberse sentido muy mal por su papá.

—Si, de hecho, cuando el más grande tenía 15 años se enteró ya que encontró la carta y el testamento de su padre, y abandonó a su mamá para vivir con su abuela, fue un puto desmadre.

—¿Y su mamá no buscó al niño?

—Si, pero el chico estaba muy centrado en culpar a su madre por la muerte de su padre, él dijo que lo habría aceptado incluso siendo mujer.

—Vaya, qué maduro.

—Si, tuvo que crecer a la fuerza, su mamá estaba medio loca.

—Con razón.

Nos mantuvimos en silencio y Alfonso rompió la tensión diciendo:

—Pero está bien, yo no juzgo si quieres explorar esta parte de ti no hay pedo, se vale.

—¿Cuál parte?

—Ser mujer, ya llevas meses que te veo algo diferente.

—Bueno, antes era trabajo, pero terminó gustándome.

—Está bien, hay que aceptarse a uno mismo.

Sus palabras eran reconfortantes y parecía tener mucho conocimiento sobre como funcionaban los mecanismos mentales.

Se apartó un poco y dijo:

—Te puedo tomar una foto para el catálogo, te ves fenomenal.

—Claro —dije con una gran sonrisa.

Sacó el teléfono y me mostró la foto, estaba preciosa.

 

—Gracias, qué buena cámara tienes.

 

Por lo que sobró de tiempo seguimos charlando y conociéndonos mejor, nunca me había puesto a ver a Alfonso con detenimiento antes, era de piel morena clara casi blanca, con el cabello corto algo rizado, fornido, con barba corta y ojos verdes.

Eran ya las 11 de la noche y me dio un poco de cansancio.

—Oye, la señora me dijo que podemos usar la habitación que rentó ¿No tienes sueño?

—Casi siempre me duermo en el carro, pero parece que sigue lloviendo bien cabrón.

—Si, allá nos dormimos y nos vamos mañana en la mañana a nuestro lugar.

—Está bien wey.

—Nos dirigimos a el mostrador del lobby y le pedimos la llave a el empleado.

Subimos en el ascensor y entramos a la habitación con la tarjeta electrónica.

Solo había una cama.

—Qué incómodo —dijo Alfredo detrás de mí.

—¿Por qué? Está grande, si cabemos los dos.

—¿No te molesta?

Hizo un sonido de burla con la boca.

Entramos y nos pusimos cómodos. Alfredo busco algo de beber en el minibar que tenía la leyenda “gratis” en la puerta.

Se quitó los zapatos y se arrojó a la cama con una cerveza en la mano.

—Ahí dejé una para ti en la mesita.

Tomé la cerveza y bebí también.

Me quité los tacones que ya me estaban matando y me acosté junto a él.

Estábamos algo cansados.

—No te molesta si me quito el vestido, no quiero que se me arrugue —le pregunté.

Me volteó a ver y negó con la cabeza.

Me levanté y fui hacia el baño, quedándome en solo ropa interior.

La luz estaba muy tenue, pero vi que Alfredo también se quitó la camisa, tenía el pecho muy fuerte y los bíceps marcados, además de pelo en pecho.

—¿Que, tú también sentiste la debilidad de la ropa?

—El maldito aire acondicionado no funciona, hace calor.

—Bueno, pero no intentes nada raro.

—No mames ya te he visto cambiarte un montón de veces, ¿esto qué? —dijo indiferente.

Le tomé confianza y me acosté de nuevo junto a él. En un impulso le pregunté:

—¿Nunca has estado con una chica del Aphrodite?

—No, todas siempre están muy ocupadas, además tengo fama de pesado ¿Te acuerdas? —dijo con cierto descuido, la luz hacía que se viera muy diferente ante mis ojos, como un hombre nuevo.

—Lo siento por no haberte conocido mejor desde antes.

—Solo expande la palabra por favor.

—Si, te recomendaré cómo chófer más seguido.

—Gracias.

—¿Y nunca te han dado ganas de andar con una?

—Bueno, es algo difícil tener que estar rodeado de tantas mujeres lindas en contextos tan sexuales, pero después de tanto tiempo me resigné.

—Me gustaría agradecerte por ser tan bueno con las chicas —dije en otro de mis muchos impulsos de idiotez.

Él estaba mirando a la pared oscura.

—¿Cómo? —dijo sin ánimos.

—Voltea.

Su cara lentamente giró a mi dirección y sus ojos se crisparon en cuanto miró mis senos desnudos.

—¿Nicol, pero que chingados?

—Cállate, ¿Te gustan?

—Si, se ven muy ricas.

—Tócalas.

—¿Eh?

—Que las toques —le ordené.

Sus manos lentamente se acercaron a mis tetas y comenzó temerosamente a masajear mi piel desnuda.

—Wow, se sienten muy bien.

—Si, tus manos también.

Sus manos me empezaron a recorrer más partes del cuerpo.

—Nunca te vi bien, pero me di cuenta de que estás muy guapo, tienes esa belleza muy bien escondida —temo que soné como una colegiala estúpida.

—Gracias —dijo entre susurros— ¿porque haces esto?

—No sé, mejor no preguntes y déjate llevar.

Él se levantó y se bajó el pantalón de mezclilla, yo también me pare y di algunas vueltas para que él pudiera verme bien.

—Vaya, sabía que estabas muy guapa pero no me imaginaba que te vieras así desnuda.

—Ahora ya nos dimos cuenta ambos, ¿no? —dije soltando una gran risa.

Me bajé los pantys y se las arrojé a Alfonso. El cuál las olió, se bajó los calzoncillos también y comenzó a masturbarse con mi ropa interior.

Su pene era grande y se veía bastante bien cuidado. Me acosté de nuevo en la cama y me empecé a tocar la vagina, metiéndome los dedos y humedeciéndome bien.

Por alguna razón Alfonso se empezó a reír.

—Perdona, estoy nervioso —dijo entre carcajadas.

Yo me incorporé en la cama y le metí los dedos a la boca.

—¿Te callas?

—Cállame —dijo desafiante.

Y lo besé en la boca, acortando cualquier risa de parte de ambos. Entrelazamos nuestras lenguas en un profundo beso francés. Y él me abrazó para poder agarrarme las nalgas.

—Que culo tan rico tienes.

—Hoy es todo tuyo, aprovéchalo.

Me tomó la palabra, comenzó a manosearme y darme nalgadas. Incluso intento masturbarme por detrás.

Yo me puse en cuatro en la cama, el seguía de pie aún y traía mis calzones colgando de su verga. Los quité delicadamente y le puse un condón que tomé rápido de mi bolso. Ahora ya bien protegido abrí la boca y empecé a darle sexo oral, lo tomé a el de la cadera y también acaricié sus nalgas, el pene era lo suficientemente grande como para apenas caber dentro de mi boca, me lo metía bastante profundo y succionaba con fuerza. Lo sostuve con mis dedos y lo lamía por fuera, me sabía simplemente a látex, pero a él le debía de estar gustando mucho ya que se tensó demasiado.

Lo empujé un poco para que se acostara y me acomodé entre sus piernas para seguir con la felación.

Le lamí los testículos y el glande dando fuertes chupetones que hacían eco en la habitación. Pude ver la expresión en su cara, tenía los ojos cerrados y la boca abierta.

El me acariciaba muy cariñosamente y me pidió que me sentará sobre él.

Me acomodé y puse su pene en la entrada de mi vagina, él se encargó de empujar y así como así ya me estaba penetrando. Su verga se sentía bien y tenía buenos movimientos. Yo me solté de su abrazo y recargué mis brazos en la cama, ahora era yo la que llevaba el ritmo.

Lo cabalgaba con mucha fuerza y mis nalgas produjeron ese característico sonido de aplausos.

Me siguió nalgueando y me llegó a doler un poco.

—Hey no te pases —me quejé.

Automáticamente su cara cambió y las nalgadas pasaron a ser masajes.

Terminé cansándome rápido y me salí de él acostándome al lado suyo, el me tomo del tórax y comenzó a hacérmelo de cucharita. Era algo bastante placentero y tranquilo, además de que se sentía bien tener las piernas cerradas ya que le daba a mi apretada vagina una tensión más profunda. Sus movimientos eran lentos, profundos y con buen ritmo. Y sin realmente percatarme pude escuchar unos pequeños gruñidos detrás de mí.

—¿Ya te estás viniendo?

No respondió, solo se aferró más a mi cuerpo y sus empujones pasaron a ser espasmos cortos.

Además, sentí como el condón se hinchada ligeramente dentro de mí. Así nos quedamos un momento y yo me volví a salir de él.

Lo miré, se veía totalmente rendido.

—Perdona, me canso mucho porque no duermo bien —dijo con una voz gutural.

—Está bien, descansa —le dije mientras le ponía las sábanas encima y le sacaba el condón.

Fui al baño y tiré el condón en la basura envolviendo entre papel higiénico.

Abrí la regadera y me di un baño en cuanto se calentó el agua, no había tenido un orgasmo, pero francamente no lo necesitaba ahora, tenía un promedio de cinco al día así que podía vivir un día sin uno. Además, me sentía satisfecha de la relación sexual que tuve con Alfonso, fue algo más íntima ya que se trataba de un amigo, me proporcionó el placer suficiente.

Regresé a la cama no sin antes sacar una lata de whiskey Jack Daniel’s con agua mineral, me refresqué y caí dormida también.

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