jueves, 27 de febrero de 2025

Es lo que un hombre hace (9)

 

Capítulo 9: Strip Póker

—Chicos, tengo una idea —dijo Alfredito — ¿Qué tal si nos divertimos?

Al parecer yo era el más sobrio de todos, pero aun así me sentía muy borracho.

Todas bebimos más y comenzamos a jugar típicos juegos de ebrios, dominó y caballitos, pero estábamos demasiado pedas. Por lo que nos recostamos y decidimos jugar algo que tuviera que ver con hablar y no con beber, como yo nunca. Dónde comenzamos a preguntar cosas normales sobre trabajo u opiniones de ciertos temas, pero nuestros cuerpos femeninos nos jugaron una mala pasada porque pronto el juego se retorció a algo sexual. Comenzamos a decir sobre cuando fue nuestro primer beso, con cuántas mujeres estuvimos, si habíamos tenido sexo en algún lugar raro, etc. Pero de igual manera esas preguntas quedaron cortas y recurrimos a preguntas sobre nuestra vida sexual como mujeres, claro sin demostrar nuestras identidades verdaderas a nuestros nuevos amigos. sí nos había tocado la regla, nuestro primer cliente, el que más nos gustó, el que menos, anécdotas chistosas y demás. Quedamos algo cansados, pero se les notaba inquietas, como si quisieran seguir platicando, se reían como chicas tontas y nos aventábamos con poca fuerza. En verdad parecía una reunión de muchachos jóvenes y me lamenté. Cocinamos unos burritos de microondas y unas hamburguesas congeladas para cenar, y la borrachera se nos pasó un poco. Clara encontró un mazo de cartas y nos pusimos a jugar, a media sesión del póker nos estábamos quedando algo dormidos, hasta que Saúl dijo:

—Chicos, qué tal si jugamos, pero Strip Póker.

—¿Qué es eso? —Pregunte.

—Que cada vez que pierdas una mano pierdes una prenda, ¿entiendes?

—Ah ya entiendo, vale —no pensaba con claridad y a todo decía que sí, porque todas me presionaban.

Seguimos jugando y bebiendo más, me pare unas dos o tres veces a orinar.

El primero en perder una prenda fue Nelly, quien se quitó ambos calcetines.

Así seguimos hasta que a todos solo nos quedaba la playera y la ropa interior, al amigo de Saúl solo le quedaba su camisa interior y calzones.

Y por culpa de una mala mano tuve que deshacerme de una de las dos prendas que me quedaban, así que me quite la camisa, exponiendo mi torso desnudo, como pude me tape con los brazos.

—Vamos morra, no te sientas mal por mostrarte, ya te vi casi todo —dijo Nelly.

—No es lo mismo Nelly, somos demasiados, y estos dos no me han visto, me da pena.

—No mames, están bien pedos, ni saben qué onda.

Mire a los dos chicos y se caían de borrachos.

Parece ser que Nelly en la siguiente mano se dejó ganar, así que él también se quitó la playera, exponiendo sus grandes senos y múltiples tatuajes, Daphne se le quedó viendo. Con esa mirada de chica colegiala que ahora tenía, dentro de sí mismo aún estaba un impresionable chico de 21 años, y el muy bastardo se estaba tocando la vagina según él disimuladamente, pero todos lo veíamos.

Después de unos minutos ya solo había 3 “chicas” con sostén puesto y ninguna con los pantis, aunque no nos podíamos ver la zona intima porque la mesa nos tapaba. Yo estaba muy ebria y no sabía muy bien lo que hacía. La única prenda que me quedaba era un calcetín, y si lo perdía perdería el juego.

Más minutos pasaron, tuve una buena mano y gané algo de dinero.

Pero Daphne y Clara ya no parecían interesadas en el juego y se comenzaron a besar, a pesar de la mirada incrédula de los muchachos invitados.

La ebriedad les había ganado a todos, los muchachos se la empezaron a jalar por debajo de los calzoncillos y todas veíamos esa erótica escena lésbica. Mi gusto por las mujeres aún se había mantenido intacto y la escena a decir verdad me pareció extremadamente excitante.

Voltee a ver a los demás y Nelly también se estaba tocando, pero no tenía el panty puesto. Ella me miró y me susurro:

—Déjate llevar.

Abrí los ojos por completo y le di un gran trago al whisky sobre la mesa, el sabor casi me hace vomitar. Poco a poco la sala de la casa se empezaba a parecer a un video porno de una Orgia. Los muchachos se unieron a las otras chicas, Saúl empezó a besar a Adriana y su amigo se fundió en un beso de tres con las otras dos.

Yo me levante para que a nadie se le ocurriera besarme y me aleje de todo. Subí corriendo a una habitación a encerrarme, pero Nelly me siguió de prisa.

Ambas nos refugiamos en el cuarto.

—Estuvo cerca dije.

—Casi, pero solo me fui por ti.

—¿De qué hablas?

—Quería acompañarte y hablarte de algo, creo que es momento de que le pierdas el miedo al sexo como mujer.

De nuevo se me soltó un tornillo en el cerebro.

—Tienes que hacerlo, no puedes alejarte de las situaciones como hoy, ayer casi lo logras por eso te di ánimos, solo tienes que aprender a controlar la situación.

—Querías que me cogiera a esas locas y esos esos weyes.

—No necesariamente, solo introducirte de lleno a la sexualidad.

—No lo haré, no puedo con eso aún soy un hombre y me gustan las mujeres —me acosté en una de las camas rendido.

—Yo puedo ayudarte —Dijo Nelly.

—¿Que?

—Que si según tú aún te gustan las mujeres yo te puedo introducir a la sexualidad femenina.

—No juegues.

—Lo digo en serio, eres mi mejor amiga y haría todo para que estés bien.

Voltee a ver a Nelly en la oscuridad y ella me dio un tierno beso en los labios.

Yo empecé a llorar de esa impotencia, ella me puso las manos en la cara y limpio mis lágrimas.

—No llores hermosa, todo estará bien.

Nelly me abrazó y me dio otro beso en los labios, era muy delicada y cariñosa.

Puso su mano en mis piernas y acarició mi vagina por encima de mis pantis

—Se siente muy raro tener vagina, no te lo había dicho. —dije divertida.

—Si, al principio es raro, pero me agrada más vestirme con ropitas ceñidas y no aplastarme los huevos.

Ambas nos reímos.

—Eres mi mejor amiga Nicol, y eres muy bonita, estoy segura de que aprenderás a ser una gran mujer.

—Yo no quiero ser mujer —le confesé.

—Si quieres conservar este trabajo y mantener a tus hijos tendrás que acostumbrarte a vivir de la manera que necesitas vivir.

Asentí en silencio.

Me siguió acariciando y metió la mano dentro de mis pantis, me daba besos y me decía palabras dulces de amor y amistad. Me acariciaba más y más rápido, moviendo sus dedos en forma de círculos encima de mi vagina y metiendo más los dedos.

Ambas estábamos casi completamente desnudas y nuestros calientes y sudorosos cuerpos se comenzaron a restregar el uno contra el otro, fundiéndose como 2 almas gemelas. Nuestro beso se intensificaba y ya prácticamente nos comíamos los labios.

—Tranquila bebé yo me encargo —me susurró Nelly.

Sus besos bajaron de mi boca a mi cuello, luego mis senos y después a mi plano estómago. Sus dedos seguían metiéndose y saliendo de mí.

—Tienes las tetas bien ricas Nicol, nunca te lo dije —dijo Nelly entre Jadeos.

—No me digas eso, me da pena —dije manteniendo la voz entrecortada por el placer que sentía.

—Pero es cierto sabes, te tengo algo de envidia desde la primera vez que te vi te convertiste en una mujer mucho más guapa que yo y desde el primer momento me dieron ganas de hacerte todo esto.

—No soy tan bonita —le dije.

—Y una mierda, siempre que te veo semidesnuda me pones bien cachonda y me dan ganas de hacerte el amor mi bebecita preciosa, no me pasa con ninguna otra mujer.

Por alguna razón el que Nelly me confesara todo eso me hacía sentir orgullosa, y también me gustaba que me dijera palabritas tan lindas como bebecita. Algo que no le permitiría a ningún hombre, el que una mujer me estuviera haciendo sentir esto me confirmaba que mi masculinidad seguía intacta, pero había aprendido a controlarme y a soportar mi vida actual.

—Es que en serio, tus chichis parecen operadas y tus nalgas están bien grandes y paraditas como chica de gimnasio, tu piel morena y tu hermosa cara me encanta, te quiero mucho Nicol.

—Me gusta mucho tu cuerpo también Nelly, al principio me daba vergüenza verte tan descaradamente, pero eres una güerita muy hermosa.

—Mejor hay que callarnos y demostrar cuanto nos gustamos preciosa.

Nelly bajo ya por fin hasta mi entrepierna y me bajó los pantis con delicadeza, lo que no fue delicado fue como hundió su cara entera entre mis piernas y comenzó a lamer mis labios vaginales y mi clítoris con su fuerte y experimentada lengua, se sentía mucho mejor a que te chuparan el pene, eran como caricias húmedas, su lengua se metió más y más y comenzó a penetrar un poquito mi cavidad vaginal. Eso ya era algo que se sentía casi irreal. Pero yo no podía soltarme.

—¿Te gusta Nicol?, solo déjate llevar y has lo que tu cuerpo te pida hacer.

Comencé a gemir, como una mujer con calentura.

—Me gusta mucho Nelly, porfa sigue.

Muy obediente siguió, sorbiendo mis fluidos y besando mi vagina. Después de un rato me aparté un poco de ella y la volví a besar, su boca sabía extraño pero rico. Nuestros pechos se pegaron entre sí, y ella restregó sus pequeños pezones rosados con los míos, también eso se sintió genial. Fue mi turno de hacerle oral a ella y use todo mi conocimiento que me dejó mi matrimonio, le daba más y más lamidas y Nelly estaba completamente metida en su papel de puta gimiendo y con los ojos cerrados.

Me puse encima de ella en forma de un 69 y me senté en su cara, pude sentir como mis labios vaginales se abrían más en esa posición con las piernas abiertas. Después de un rato más y de restregar nuestros cuerpos ambas logramos tener un orgasmo demoledor. Incluso Nelly sacó un poquito de líquido de su vagina depilada.

Me acosté junto a ella y nos recuperamos con la respiración entrecortada.

Nelly volteó y me beso en la frente.

—Te he visto muy tensa en estos días, pensé que quizá algo así podía relajarte un poco y demostrarte que el placer femenino no es tan malo como piensas, hazlo y veras como los clientes aumentaran, además... los hombres adoran a las lesbianas.

Nelly tenía razón, esa noche gané más confianza en mí misma y solo por dejarme llevar y aunque me avergüence admitirlo, esa noche fue la primera vez en realidad en la que realmente disfrute tener una vagina. Ambas dormimos juntas desnudas con la puerta cerrada con llave.

martes, 25 de febrero de 2025

Es lo que un hombre hace (8)

 

Capítulo 8: La fiesta del señor A.

Llegamos temprano al aeropuerto, fuimos en el auto de Nelly, yo también ya convertida en mujer porque mi boleto estaba a nombre de Nicol.

El vuelo duro casi una hora, yo ya había volado un par de veces antes en mi trabajo y ya no me daban miedo los aviones. Pero Nelly se sintió algo mal en el vuelo, casi vomita algunas veces. Y pues me toco cuidarla.

Al llegar al aeropuerto de canción nos recibieron unos hombres con camisa de vestir y una tableta que Tenía varios nombres de mujeres, entre ellos el mío y el de Nelly, yo la tenía agarrada de los hombros y la ayudaba a caminar.

Junto al hombre de los nombres se reunieron las tres chicas que venían caminando detrás de Dora en el Aphrodite, no las habíamos visto en el avión.

Ya todas reunidas el sujeto nos llevó afuera y llegamos a unas camionetas blancas estacionadas afuera del aeropuerto. Dentro había chóferes en camisa guayabera y tan pronto nos subimos ellos comenzaron a avanzar el coche.

Yo como la metiche que soy pregunté.

—¿Oye guapo hoy a dónde vamos? —El muchacho volteó confirmándose lo de guapo y dijo que iríamos a la haciendo de su patrón, el señor Azcárraga.

Estuvimos platicando todo el camino, y el chico nos invitó a ir a unos buenos bares de la zona, además de enseñarnos la ciudad si queríamos.

Ese nombre me sonaba. Tardamos casi otra hora en llegar al lugar, Nelly aún seguía mal y parecía que era por culpa de la presión del mar, la hacienda era casi como una pequeña ciudad amurallada a pie de mar, lejos de la zona hotelera y a pie de playa.

Nos abrieron un portón y el auto avanzo por un camino empedrado rodeado por césped muy bien cortado y muchas palmeras. Seguimos hasta empezar a ver una especie de casa de playa tirándole a mansión, era color crema y con tejas en el techo.

 


 

Llegamos y los carros se aparcaron en la entrada donde había una fuente de piedra. Salimos y yo sostuve a Nelly con toda mi fuerza, ella también actuaba como si estuviera bien.

Al llegar nos recibió un señor de mediana edad muy delgado y nos condujo a todas las chicas a unas habitaciones de arriba de la casa. Obviamente extremadamente elegante y moderna. Parecía que cada silla costaba más de diez mil pesos.

Subimos y ya por fin nos encontramos cara a cara con las otras tres chicas, las cuales nos saludaron con cariño.

La más joven nos dijo:

—Ay mil disculpas de que no hayamos podido saludarlos niñas, estábamos muy presionadas por Dora y ya ven que llegar aquí fue muy rápido, sorry.

—No hay problema —dije.

Las otras dos chicas también nos saludaron, se veían más jóvenes que nosotras dos. A decir verdad, no conocía a casi nadie más del Aphrodite más que a Nelly y otra chica con la que me cruzaba muy de vez en cuando. El sujeto que nos acompañaba nos abrió una puerta con tarjeta electrónica y nos metió a todas ahí, había solo 2 camas, pero varias mesitas de maquillaje. Y un baño gigantesco con varias regaderas.

—Bueno señoritas, los invitados llegan a la una de la tarde, así que prepárense para la fiesta, queremos que se vistan con bikini y que solo deambulen entre los invitados, pero no los molesten, no los vean a los ojos y no les hablen si no les hablan ellos primero, están aquí para amenizar la fiesta y entretener a los invitados.

Nos metimos, le agradecimos y cerramos la puerta, otra de las chicas dijo ya después de unos segundos.

—Entonces somos objetos que se ven bonitos, ven muchachos les dije que no había nada que tener si nos comportaban bien.

Nelly corrió a acostarse en una cama.

—¿Este lugar es bonito no creen? —dijo la chica rubia.

—Bastante —dijo la de apariencia más joven.

—Bueno, que les parece si comenzamos a movernos para cambiarnos —les dije a las 3.

—Oki —dijo la más chica.

Todas pusimos las maletas encima de la cama no ocupada por Nelly y las abrimos sacando las cosas con la que nos vestiríamos.

—¿Oigan y cuál es su nombre? —les pregunté.

La más grande de todas y de cabello negro dijo:

—Soy Adriana, pero en verdad me llamo Horacio.

La de en medio y rubia dijo:

—Soy Isaac, pero llámame Clara por ahora.

Y la más jovencita dijo:

—Soy Daphne, pero en realidad soy Alfredo, tengo 21 por cierto —se sinceró con una sonrisa llamada nerviosa.

Todas parecían muy agradables y platicaban entre ellas, pero me preocupo de que Daphne fuera tan chica y ya tuviera que trabajar en esto.

Nos metimos a las regaderas, pero yo busqué en el botiquín de medicina, le di un poco de pastillas para el mareo y el dolor de cabeza a Nelly y le di una botellita de agua de un mini refri. Su cara le cambió casi de inmediato. Le ayude a quitarse la ropa y Daphne me vino a ayudar, era muy buena chica.

La metimos a las regaderas y la sentamos, el agua le venía de maravilla, no me había dado cuenta, pero todas estábamos ya desnudas y bañándonos. juntas. Esas pastillas X-Change sí que te inhiben, nadie parecía preocupada, y en realidad pensándolo bien todas estábamos iguales y no teníamos nada diferente. Pero si yo fuera hombre las cosas serían distintas, de vez en cuando les daba mirándolas y sentía una creciente excitación, que se manifestaba por un calorcito húmedo en mi vagina. Terminamos rápido y nos secamos con toallas, Nelly se veía mejor y caminaba sola ahora. Se fue a acostar.

—Esperen, antes de ponernos la ropa hay que ponernos bloqueador —dijo Clara.

Sacaron unas cremas y bloqueadores en spray, nos embarrados en la cara y los brazos, eran bloqueadores de buena calidad de la marca Isdin. Era una escena muy erótica, 5 chicas jóvenes todas embarradas de blanco.

Todas tomamos nuestros bikinis y nos empezamos a vestir, yo fui la más conservadora de todas al usar un bikini de una sola pieza que me cubría más del cuerpo.

Nelly se puso uno de color negro.

Pasamos las horas platicando y bajamos a la terraza de la fiesta que apenas estaban arreglando los trabajadores. El mayordomo delgado nos pidió disfrutar mientras llegaban los invitados, así que nos recorrimos a la zona de la piscina y estuvimos ahí varias horas, más que nada en los camastros porque el sol estaba muy fuerte.

Las personas estaban llegando poco a poco y sin darnos cuenta se convirtió en una verdadera fiesta. Después de un rato la gente se empezó a reunir en un punto específico para saludar a alguien, volteé y vi a el dueño de televisa, el señor Azcárraga.

Pocas veces había estado en público como mujer, pero el estar en bikini me hacía estar muy consciente de mi cuerpo.

Estábamos acostadas en las sillas de playa y en una especie de camas cubiertas por telas blancas y cercas de madera.

Durante aquella fiesta tuve que soportar la mirada de muchos hombres en mi cuerpo con una sonrisa, pues esencialmente era el trabajo. Así mismo, muchos tipos se me acercaron pidiendo mi número o alguna de mis redes, cosa que yo me negaba torpemente diciendo que no tenía un celular. Incluso hubo uno que otro mañoso que aprovechaba mis momentos de distracción o la acumulación de la gente para tocarme una teta, una nalga o rosarme su entrepierna.

Decidí dejar de prestarle importancia y a pesar de ello traté de disfrutar aquel día en la playa, después de todo hacía años que no iba, principalmente por que el tiempo de mis anteriores trabajos no me lo permitía. Por ello aproveche en caminar nuevamente descalzo por la arena, meterme al mar y nadar un rato y tomar el sol calmadamente, como dijo Nelly a veces era bueno soltarse un poco disfrutar el momento.

Aquel día en la playa también sirvió para conocer e interactuar un poco más con mis colegas, pues hasta ese momento solo conocía bien a Larry. Todas las chicas de papi nos bronceábamos luciendo nuestros bikinis mientras aprovechábamos en hablar, cada una contaba su historia. Daphne/Alfredo quien llevaba un bikini lila es un joven de apenas 21 años, su madre está muy enferma y su padre falleció hace mucho así que tuvo que encargarse de todos los gastos el solo, obviamente las ganancias de papi le venían muy bien. Clara, la hermosa rubia de negro es Isaac él solo quería costearse sus estudios, sin embargo, menciona que hace tiempo que lo dejó pues piensa que puede vivir de esto perfectamente. Finalmente, Adriana, una chica morenita y muy en forma es Horacio. Su historia es similar a la mía, es un padre de familia desesperado que llegó a papi. Nadie pensaría que esas cuatro mujeres quienes conversaban y tomaban el sol, eran el fondo hombres.

Había música y los mozos nos llevaban cualquier trago que pidiéramos, Nelly solo pedía agua.

—No quiero volver a probar el alcohol nunca Nicol.

Solo me reí.

Íbamos y veníamos por la fiesta, y el señor Azcárraga ya no se veía en ningún lado.

Nos agrupábamos y separábamos, vi que las otras tres chicas se tomaban fotos.


Yo solo bebía y bebía.

—¿Nelly, como te sientes?

—Mucho mejor amiga, ya no quiero vomitar y respiro mejor.

—Se nota.

Un muchacho de unos 20 años se acercó a nosotras y dijo:

—¿Hola, chicas, pueden venir conmigo un momento? —Parecía muy nervioso.

Lo seguimos y él nos llevó dentro de la casa, se sentó en un sillón y nos dijo.

—Soy sobrino del que organizo esta fiesta, es por mi cumpleaños y mi tío me dijo que había traído a unas muchachas para festejar ¿no es cierto?

—Si, somos nosotras dos y otras tres chicas —explicó Nelly.

—Oh genial —dijo el muchacho, tenía ropa fina de Ralph Lauren y así, era delgado y se veía algo inocente.

—¿Te está gustando la fiesta?

—No soy mucho de fiestas amiga, además no están mis amigos y no conozco a nadie.

El chico parecía muy tranquilo, casi como un nerd.

—¿Quieres que te hagamos compañía? — me apiade de él.

—Claro, podemos partir mi pastel el mi cuarto.

Nos subimos a donde estaban las habitaciones en otro lugar de la mansión aún más elegante y entramos en la habitación del muchacho.

Su cuarto era como el de cualquier otro chico, pero con cosas muy caras, igual casi al de Neil, una ps5, tele grande, todas las computadoras y laptops Apple, cama King size, etc.

Y muchos posters de películas, tenía de Iron Man, Metallica y un póster de alguna chica en bikini. Y pensar que ahora tenía dos de “verdad” en su cuarto.

—Pasen, perdonen el desastre.

Entramos y nos sentamos en su cama, él trajo una mesita y su silla del escritorio. Sacó un pastel pequeño del minibar de su cuarto y le quito la tapa.

—Feliz cumpleaños eh…. —dije.

—Marco —dijo el chico.

—Feliz cumpleaños Marco —le dijimos las dos.

—Gracias chicas, perdón que tenga que traerlas hasta aquí, pero a mi tío no le gustan los cumpleaños.

—No te apures amigo.

Él puso una canción de cumpleaños en inglés en su teléfono y la cantamos los tres.

El chico parecía ser tímido y buen muchacho.

—Pide un deseo Marco —le dije.

—Deseo encontrar novia este año —susurro.

—Tonto, no se te cumple si lo dices en voz alta.

—De todas formas, no creo que se me cumpla —dijo entristecido.

—¿No puede ser, por? —le preguntó Nelly.

—Todas me batean, dicen que soy un niñato —se veía triste.

Y la maldita de Nelly le dijo:

—No te apures Alfonsito, seguro eres un gran partido y pronto conseguirás alguna chica que te quiera.

—No siendo tan penoso.

—Vamos, tuviste el valor de salir y hablarnos.

—Porque sabía que en realidad son hombres que se convierten en mujeres, y aun así no las puedo ver a los ojos.

Nelly y yo nos miramos mutuamente.

—¿No te importa que seamos hombres entonces?

—No parecen hombres, son las mujeres más bonitas que he visto.

—¿Y quisieras que te ayudemos a perder el miedo?

El chico nos miró sorprendido, Nelly se paró y lo tomo de la camisa, arrojándolo a la cama. Rápidamente le quito los pantalones y los calzoncillos y le descubrió el pene. El maldito crío estaba con una erección bien dura.

—¿Se te prendió solo por hablar con nosotras? —le pregunté.

—Perdón.

—Nicol, ven aquí y ayúdame.

Me agache junto a Nelly y ella me susurro al oído:

—Es tu hora de perderle el miedo al sexo oral.

Lo analicé un segundo y concluí que era mejor tenerlo por primera vez con un chico rico y tímido que con un cabrón de cuarenta bien machista y feo.

De algún lugar saque el coraje y tome su pene, la tenía más grande que yo el muchachillo.

—Ay porfa paren.

—Perdona Marco, pero no permitiremos que le tengas miedo a las mujeres, toma esto como tu regalo de cumpleaños.

Nelly me miró y afirmó con la cabeza.

Yo empecé a masturbar al muchacho y acariciar su pene y sus testículos con ambas manos, le palpitaba todo y estaba muy caliente. No era muy desagradable, seguí así un buen rato y al final abrí mi boca y me metí su glande, lo chupaba despacito y con poca presión, el sabor era limpio y sabia como lamer un brazo algo sudado, sus bellos me picaban un poco la nariz y traté de ir más abajo. Su glande rozaba mi lengua, pronto lo saqué y comencé a lamerle los testículos, los metía a mi boca y los succionaba, como el chico no me obligaba a nada podía ir a mi ritmo. Lamia con miedo el glande, pero le parecía gustar. Nelly se me unió en mi experimento y mientras yo lamia un lado del pene del chico ella comenzó a pasar su lengua por el otro lado, ese chico sí que tenía suerte. Comencé a besar la punta de su pene con los labios y Nelly lamia de arriba abajo.

 


 

Nelly parecía hipnotizada, yo la empuje juguetonamente y salió de su trance. Se paro y acostó junto a Marco, solo pude escuchar sonidos de besos y saliva. No quise ver.

Marco comenzó a gemir y respirar profundo, yo tenía su pene enterrado en la boca, estaba practicando más que nada. No me gustaba, pero no estaba tan terrible.

—Me voy a venir, me voy a venir.

Demasiado tarde, un líquido muy salado y poco agradable volvió a aterrizar en mi boca. Lo volví a escupir con asco, no tanto como la otra vez por la limpieza del muchacho, pero no me gustaba para nada. Corrí al baño a lavarme y tomé un refresco del minibar. Nelly estaba montada encima de Marco y solo me dijo:

—Buen trabajo amiga, yo me encargo desde ahora. Pude ver cómo aplastaba el pene del muchacho con su trasero aún cubierto por el bikini.

—Adiós Marquito —dije mientras me apresuraba a salir.

—Adiós Nicol, gracias.

Corrí lo más pronto que pude y llegué de nuevo a la fiesta, yo solo me mantuve ahí y bebí más esa ocasión.

Incluso termine meneando mis caderas en medio de todos cuando las copas se me subieron encima.

Al terminarse la fiesta a eso de las 11 de la noche, los mozos nos indicaron que podíamos regresar a la habitación.

Subimos y nos dimos otro baño en silencio, estábamos algo quemadas por el sol y muy cansados.

Me acosté y después de una media hora revisando el teléfono y bromeando con las otras muchachas me preguntaron por Nelly.

—Ah, se quedó con un chico de la casa.

Todas se rieron como colegialas tontas y volvieron a lo suyo. Nos cambiamos a algo más cómodo y se quedaron dormidas las tres en una cama.

Yo no pude dormir hasta que llegara Nelly, y mucho menos teniendo en la consciencia que había chupado un pene. Un nuevo punto bajo.

El cerrojo de la puerta sonó y Nelly entró con el cabello revuelto. Abrí los ojos y le dije:

—¿Te divertirte?

—Divertirse no es la palabra, sino asombrarse.

—¿Tan malo es?

—Ella casi suelta una carcajada y se larga a bañarse.

Entonces él es todo lo contrario.

A la mañana siguiente pasaron por nosotras a recogernos y nos dejaron en una casa de playa mucho más modesta solo para nosotras, nos dieron un anticipo del pago y nos dijeron que hoy era nuestro día libre. En las camionetas nos volvió a tocar el muchacho que nos recogió del aeropuerto y con más confianza nos invitó a un bar en la noche. Aceptamos y él nos dijo que pasaría a recogernos a las seis y nos mostraría el puerto.

No pasamos ni 5 minutos en la nueva casa y ya estábamos pidiendo un Uber para ir a una plaza a comprar cosas. Y ahí nos pasamos todo el santo día. Nelly me obsequio unos shorts, sandalias y Crop tops.

—Para que te lo pongas esta noche en el antro amiga.

Nos comportábamos como un grupo de veinteañeras legítimo.

 


 

Al terminar le llamamos al muchacho de la camioneta el cual se llamaba Saúl y le dijimos que si podía pasar por nosotras al centro comercial. Llego en unos quince minutos y nos subimos con él, venia acompañada de un amigo bien parecido. Creo que ninguno de los dos sabía lo que en realidad éramos, pero nadie le quiso romper la ilusión de que estaba saliendo con 5 chicas de su edad.

Nos dio un recorrido por lugares turísticos y nos tomábamos fotos en estatuas y así.

Todos compartimos unas cervezas en el bar y llevamos la fiesta hasta la casa.