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lunes, 14 de abril de 2025

sábado, 12 de abril de 2025

jueves, 10 de abril de 2025

Es lo que un hombre hace (30)

 

Capítulo 30: El último encargo de Papi.

Papi amenaza con exponer a Nicol y ella tiene que obedecerlo una última vez

domingo, 6 de abril de 2025

Es lo que un hombre hace (28)

 

Capítulo 28: Ayúdame a entender

Ser hombre o mujer he ahí la cuestión.

Llevaba casi medio día sentado en la banca de aquel parque contemplando el atardecer y el pequeño lago que estaba frente a mí. Me comía la cabeza con tantos malditos pros y contras que ya estaba empezando a pensar en círculos y a no darme a entender a mí mismo.

Me empezó a doler la cabeza ya que llevaba ya horas son comer, para mí suerte había un señor vendiendo nieves a unos cuantos metros, así que le compré una de limón y me volví a sentar. Comiendo esa nieve recordaba las múltiples veces que me habían llevado a restaurantes súper caros y ninguno era muy bueno, disfrutaba más de una simple nieve de la calle.

Eso me hizo pensar en las cosas más simples, volver a lo básico como me había dicho Nelly.

Así que me volví a plantear mis pensamientos. Ahora planteándolo desde lo más simple, eliminando detalles insignificantes cómo que el maquillaje es caro o que como hombre tengo que afeitarme, a fin de cuentas, era objetivamente más feliz como mujer. Hice más dinero que en toda mi vida como hombre, le pude dar mejores cosas a mis hijos y podía estar con ellos sin matarme horas y horas en una oficina, conocí muchos lugares y personas y finalmente había aprendido a como disfrutar plenamente de ser mujer, me había creado una vida completamente nueva para mí.

Pero la única cosa que aún no podía ignorar era el que haría si aún con este dinero y con la cosa que sé ahora podría mantenerlo siendo hombre, además de si finalmente me decidiría a ser heterosexual como hombre o como mujer.

Pero eso solo podía probarlo viviendo un tiempo como hombre, lo cual ya había hecho. Ya no ganaba

Fabián llevaba ya casi media hora lamiendo mi ano, y masturbándome con sus largos y gruesos dedos.

Metió su pene lentamente en mi ano, y mi pene se puso muy duro.

Ahí va hermosa,

—ah si, por favor.

Al final sacó su pene y solo pude sentir como mi ano estaba totalmente dilatado, me puse de cuclillas en el piso y pujé un poco. Desde lo más profundo de mi recto salió escurriendo una gota enorme de semen caliente.

Fabián me separo las nalgas y se agacho rápidamente. Pegó sus labios a mi trasero y con su lengua limpió el desastre que había hecho en mí, pero el muy malo no se lo trago, me volteó con brusquedad y me puso la mano en la cara para que abriera la boca, me forzó a abrirla y escupió su semen dentro de mi otra vez. Pero no paró ahí, metió su lengua a mi boca y comenzó a pedirme un beso francés. Nuestras bocas apestaban a semen muy fuerte y estaban pegajosas. El semen y la saliva se entremezclaron y nuestros labios comenzaron a rebosar todo ese líquido, me empezó a caer en el pecho y embarrarme el cuello. Le pedí que parará y él se apartó de mí.

Yo gemía como toda una zorrita y me estrujaba el pecho como lo hacía con mis tetas de mujer. Fabián salió de mí y me empezó a besar los pezones, poniéndomelos duros como piedra, su gran pene chocaba con mi estómago y sus manos me magreaban las nalgas con rudeza, tanta que de vez en cuando un dedo se le resbala a por “accidente” y me lo terminaba metiendo por el ano. Pero se divertía buen rato ahí, dándome un gran masaje de próstata y abriendo más mi culito.

 

 

seguía comiéndose mis pectorales.

Lo desperté sentándome sobre él y metiendo su pene fácilmente dentro de mi dilatado ano, entró fácilmente como si fuera mi vagina, el lubricante hacia maravillas. Apoyé mis manos en su pecho y le di unos sentones fuertes, mis nalgas rebotaban y golpeaban su pubis, mientras mi flácido pene se restregaba en su duro estómago.

Por fin sus manos se unieron al juego, agarró mis caderas a ambos lados y comenzó a penetrarme con dureza al mismo ritmo que yo azotaba mis nalgas sobre él.

No duramos ni 3 o 4 minutos y ambos tuvimos un orgasmo, sentí cómo mis entrañas se llenaban de un espeso líquido caliente, y mi pene esparció una minúscula cantidad de semen, apenas unas tres gotitas insignificantes. Pero no significaba que no hubiera tenido un poderoso orgasmo, mi ano se estrechó por las contracciones y mis ojos se cerraron por la potencia de aquella sensación tan hermosa que la verga de Fabián me había regalado.

Ambos estábamos calientes y sudorosos y aún teníamos ganas, yo me deje caer sobre su pecho y el siguió penetrándome ya más despacito pero profundo. Estábamos abrazados en la oscuridad, y solo se escuchaba es mecer de la cama y sonidos húmedos provenientes de nuestras entrepiernas. Hicimos el amor durante un rato más y nos quedamos dormidos abrazados.

Al despertar pude verlo de reojo, aún dormido y se me ocurrió volverlo a despertar, pero esta vez con un beso. El abrió los ojos y me miró con extrañeza.

—Pensé que no te atreverías a volverme a despertar hermosa.

El escucharlo decirme hermosa activó algo en mí que mi sueño me había quitado, así que volví a actuar de manera amanerada y a tener la voz aguda.

—Papi, solo quería que te despertarás para poder seguir divirtiéndonos —le dije propinándole otro beso.

viernes, 4 de abril de 2025

Es lo que un hombre hace (27)

 

Capítulo 27: No solo hay vainilla y chocolate

Nelly abrió la puerta de su nueva casa y me recibió con una gigantesca sonrisa.

—Amiga por Dios, cuánto tiempo sin verte te extrañaba.

Era raro volver a ser testigo del entusiasmo de Nelly.

—Me alegra verte a ti también amiga —le dije algo sonrojada y apartándose de su fuerte abrazo.

Sale con su hijo a pescar.

miércoles, 2 de abril de 2025

Es lo que un hombre hace (26)

 

Capítulo 26: Crisis

Papi se quedó pensativo por unos segundos y miró atentamente expedientes de una carpeta en su escritorio.

Yo tragaba saliva como si fuera a morirme de sed. Estaba más nerviosa que nunca en la vida.

—A ver cabrón, me ha llegado información de que has estado viéndote con clientes a mis espaldas —dijo papi con una seriedad mortal— ¿Qué tienes que decir al respecto?

—Yo… yo.

—Nada, no tienes nada para defenderte, yo tengo evidencia y tú no tienes ni madres.

Aparté la cara y negué con la cabeza.

—¿Ah no, Puta? —Gritó, lanzándome varias fotografías impresas.

Las recogí y pude ver detalles que no pensé fueran posibles de captar, las fotografías parecían haber sido tomadas dentro de automóviles, en cámaras de seguridad en la calle o antros, y dentro de habitaciones de hotel.

Lm

 

 

El trabajo no va tan bien, los niños empiezan a crecer y ser más conscientes de su padre y su niñera.

Porque pensémoslo, si continuaba mi vida como hombre todo lo que tengo ahora sería exactamente igual, mis hijos, mis propiedades, mis cuentas bancarias, etc. Lo único que tendría que modificarse es que ahora la sociedad podría juzgarme por mi homosexualidad, estar con hombres, salir con ellos y que mis hijos me tengan que ver de esa forma.

Y la otra opción era convertirme por completo en y cambiar de nombre todas mis pertenencias. No sufriría el rechazo de la sociedad porque ellos verían a una mujer con hombres, totalmente normal. Pero la situación más n primo era que mis hijos tendrían que conocer mi secreto, y podría enfrentarme a su rechazo o su odio. Además de que corría el riesgo de ocasionarles un trauma.

lunes, 31 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (25)

 

Capítulo 25: Girls, Girls, Girls

Cita con la señora.

Le habla a Lupita sobre la cita lésbica y ella le confiesa sus sentimientos.

Incluso aproveché la tremenda malicia que corre por mis venas para enviarle una fotografía a la cuenta de mi “fan número 1”, era una foto mía como mujer utilizando una playera blanca totalmente mojada que transparentaba mis pezones.

Vi su reacción y solo pude ver cómo abría la boca con incredulidad, me lanzó una mirada coqueta de complicidad.

sábado, 29 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (24)

 

Capítulo 24: Otro cliente familiar

 


Me encontraba durmiendo plácidamente en la comodidad de mi hogar cuando recibí una llamada de Nelly.

—Hey, bueno… —dije con la voz seca.

—¿Sabes qué día es hoy?

—No, ni perra idea.

—Es tu cumpleaños idiota.

—No me jodas, ¿y qué?

—Bueno, que te he estado tratando de llamar por la última media hora y no contestas tu maldito teléfono.

—¿Quién te pidió esto, Lupita?

—Si, ella fue —dijo Nelly exasperada— planean celebrar una fiesta en su casa, estoy en el jardín acomodando las mesas y sillas.

—Oh, ok ya voy para allá —dije mientras me incorporaba en la cama— ¿necesitan que compre algo?

—No borracho, solo vístete y trae tu trasero aquí.

—Mierda, estas muy a la defensiva —dije sentado en el borde de mi cama— ¿todo está bien?

—Si, discúlpame —dijo Nelly apenada— es que tengo muchas presiones hoy, no estoy acostumbrada a lidiar con tantos niños, ni al ejercicio físico y creo que estoy hasta los huevos de organizar fiestas.

—¿Cuáles huevos?

Ambos nos reímos a carcajadas por el teléfono.

—Ya muévete wey, ¡¡¡ya!!!

—Si ya voy, ya voy bye.

Colgué el teléfono y me incorporé por completo, me rasqué la cabeza y me percaté de que mi cabello había crecido demasiado, no estaba seguro si era algún efecto secundario de las pastillas o tal vez el simple hecho de que no había pisado una barbería en más de un año y varios meses, al parecer había sido negligente con mi aspecto personal. Pero al mirarme en mi espejo de cuerpo completo me pude dar cuenta que no era del todo cierto, mi piel estaba muy bien tratada por todos los productos que utilizaba, además de estar afeitado de pies a cabeza ya que me había desacostumbrado demasiado al vello corporal (aparte nunca fui muy peludo) me raspaba y me daba comezón. Estaba muchísimo más delgado y tenía los músculos bien definidos, además de que los ejercicios de pierna habían surtido muchísimo efecto ya que mis glúteos se veían muchísimo más grandes, redondos y firmes. Realmente mi figura parecía femenina desde ciertos ángulos, e incluso mi elección de pijama (o más bien mi falta de ella) hacía una gran diferencia.

Dejé de usar bóxers o cualquier ropa interior masculina desde hace mucho tiempo, solo usaba tangas de encaje y de hilo dental, me había acostumbrado tanto a la sensación que incluso me las ponía cuando utilizaba ropa de hombre, increíblemente mi pene se sentía cómodo apretado contra aquella tela tan suave, había aprendido a meter mis testículos en un pequeño espacio entre mi fémur y el músculo. Y lo que más me satisfacía es que nadie sabía ese secreto tan bochornoso. Recordé una anécdota en la que estaba en el banco como hombre y tenía puesta una tanga que se sentía muy suave, además de unos pantalones de mezclilla de mujer que me quedaban súper ajustados, solo me reía de la cara estúpida del trabajador del banco contando dinero mientras yo tenía un pequeño episodio de voyerismo y satisfacción genital.

Volviendo al presente, esa mañana llevaba puesta una tanga roja muy bonita y cómoda, además de una blusa suelta. Me tambaleé hacia el baño para prepararme, me senté en la taza a orinar, ya me había acostumbrado a ello y era mucho menos desastroso y sucio. Ya no me importaba nada el hacer cosas de mujer, conservaba los aretes que me había puesto, me ponía esmalte trasparente en las uñas, usaba lipstick para proteger mis labios además de cremas para la cara y champús especiales. Mi reflejo en el espejo del baño era muy parecido al que tenía como chica justo antes de maquillarme.

Toda esa magia femenina se iba al traste en cuanto me vestía como hombre, ya que el usar camisa, pantalón de vestir y zapatos de cuero mataba cualquier ápice de feminidad. Me agarré el cabello con una liga y me marché hacia mi fiesta.

La verdad no fue nada muy grande ni digno de mención, acudieron algunos amigos y familiares lejanos, nunca tuve primos ni sobrinos de mi edad. Mis niños preguntaron por su tía Nicol y solo atiné a decirles que ella se sentía mal y no podía venir. Pero que en la noche trataría de hacernos una video llamada. Los niños parecían disgustados, le mandaron algunos mensajes al supuesto número de su tía los cuales contesté en secreto cuando ellos no me estaban viendo. Les mandé una foto mía un día que estaba acostada en la cama de un hotel, los niños eran tan inteligentes que seguro si les mostraba otras fotos de Nicole acostada en la cama de mi casa seguro la reconocerían por las sábanas o la pared. Gracias bendita tecnología.

Quise ver la reacción de Lupita ante mis fechorías, pero solo obtuve una sonrisa apenada de su parte, habíamos hablado de él “encuentro” que habíamos tenido hace algunas semanas, y habíamos llegado a un acuerdo muy abierto en el que ninguno de los dos se sentía incómodo por lo sucedido, incluso hasta sentía que habíamos logrado sanar muchas cosas importantes que no habíamos hablado con nadie. De hecho, Lupita me mencionó que ella quería hablar un poco conmigo en privado sobre una cosa importante, a saber, que sea, no creo que sea otra vez por lo de Cristina.

El día en sí fue muy divertido y tranquilo, me cantaron las mañanitas y me partieron un pastel muy rico, la fiesta duró poco debido a que la mayoría de los invitados se retiró muy rápido.

Pero Nelly y yo aprovechamos nuestro tiempo y nos pusimos a tomar unos tragos de tequila de una botella que me habían regalado.

—Pedro, tengo algo que preguntarte.

—¿Si qué es? —pregunté con tranquilidad.

—Me enteré de que tuviste sexo con un tipo en mi fiesta.

Casi escupo lo que tenía en la boca.

—¿Qué, no yo no tuve nada con ninguna persona ahí y…

—Tranquilo, no estoy enojada, de hecho, me sorprende no haberme dado cuenta cuando pasó, ya sabes tomando en cuenta el olfato que tengo para esas cosas.

—Fue un accidente, había bebido y no estaba en mis 5 sentidos.

—No lo dudo, pero ese sujeto resultó ser el socio más cercano de mi esposo, hace poquito él le contó que había conocido a una chica con tus mismas características y que quería conocer su nombre para poder volver a hablar con ella.

—No, esta alucinando no le hagas caso.

—No lo sé, parece decente —dijo Nelly encogiendo los hombros.

—No sé qué decir, fue como una especie de flechazo fugaz, no sé por qué le dejé meterse conmigo de esa manera.

—Bueno ya habíamos hablado de eso, antes era un momento en el que aún no te abrías sexualmente, ¿a diferencia de ahora no? —preguntó Nelly con curiosidad.

—Es verdad, ahora ya todo ha cambiado mucho.

—Si, ya eres una persona diferente.

—Sigo trabajando en ello, aun no cantes victoria pervertida.

—Chinga tu madre vieja.

Ambos reímos, se nos estaba subiendo el alcohol al cerebro.

—Bueno, creo que sabiendo esto puedo decirte que Javier le dio tu número.

—¿Qué? —dije con los ojos crispados.

—No lo supe hasta varios días después, perdóname.

—Bah, que diablos ¿Qué es la vida sin un poco de emoción? —dije de forma despreocupada, para después beberme una cerveza de un solo trago —recibí un mensaje de una persona desconocida, ya creo que sé quién es el hombre detrás del misterio.

 

 

 

Tenía a mis hijos en casa, estaba jugando con ellos y charlando un poco con las niñas, las cuales ya se veían mucho más tranquilas desde aquel tiempo a solas que habíamos tenido. Pero Alex seguía preocupándome, su mirada era esquiva y distante, me carcomía no saber que pasaba por su mente así que le pregunté directamente.

—¿Que hay amigo? —le dije mientras le ofrecía un pequeño juguito.

Alex lo acepto y le puso la pajita, murmuró algo poco comprensible.

—No te entendí Alex, ¿qué dices?

—Que no somos amigos —dijo en un tono muy duro.

—¿De qué hablas?, siempre hemos sido los mejores amigos.

Alex no dijo nada y siguió jugando en el piso con algunos bloques.

—Alex, lo siento, sé que no nos hemos visto en mucho tiempo, pero sigo siendo ti papá y te sigo queriendo.

—No importa, ya tengo a mi abuelita Lupita.

—¿Y qué me dices de tu tía Nicol?

—También la quiero más.

—Alex, yo te quiero —dije tomándolo del hombro y abrazándolo.

—No me gusta que nos dejes solos —dijo llorando en un murmullo.

—A mí tampoco me gusta dejarlos solos campeón, lo odio, pronto estaré más cerca de ustedes, lo juro.

Alex me abrazó con fuerza y continuó llorando en mi hombro.

—Te voy a llevar en un viaje de campamento, solo tú y yo amigo, solo para hombres, será mi forma de darte el tiempo que no te he dado.

La cara de mi hijo se iluminó y preguntó:

—Me vas a enseñar a pescar.

—Si encuentro un buen río sí -dije riendo- y también me falta la caña.

Ambos nos reímos con mucha felicidad, y mis dos hijas chismosas se nos unieron en un gran abrazo familiar.

 

 

Esa misma noche recibí otro mensaje de mi cliente misterioso.

—¿Estás disponible ahorita?

—Fabián, deja de jugar.

—¿Cómo supiste?

—Era obvio patán.

—Ya extrañaba tu hostilidad Nicol.

—Yo no te extraño…

—No creo que puedas seguí con esa mentira por mucho tiempo.

—¿Mentira?

—Si, puras mentiras, quiero verte, por favor.

—Eso cuesta.

—Sin problema, ¿dime donde nos vemos?

—Si quieres en tu depa o un motel.

—Mi departamento está bien, te pago el Uber.

—Tengo mi propio auto, no necesito tus limosnas.

—Cada día me sorprendo un poco más.

Me mandó la dirección y quedamos acordados de vernos en su departamento a las 9:30, le llamé a Lupita y llegó en muy poco tiempo, le pedí que no interactuara con los niños ya que todos estaban dormidos, solo que les hiciera creer que su padre seguía viendo la tele en la sala. Me transformé en velocidad exprés y bajé las escaleras con las llaves del coche en mis manos, Lupita estaba acostada en el sillón de la casa viendo en la televisión un programa de disputas familiares. Le avisé que tenía un cliente conocido de la fiesta de Nelly y le mandé la dirección del lugar.

—Con cuidado hija.

Me despedí de ella con un beso y subí a mi auto, dirigiéndome al departamento del estúpido de Fabián.

Pasé las calles a velocidad moderada y terminé siguiendo el GPS, me mandó justo al frente de un edificio de departamentos en la zona rica de la ciudad. Le llamé al teléfono e indicó que tocará el timbre de la recepción y que él bajaría para recibirme.

Al encontrarme con él cara a cara de nuevo causo que hubiera un cortocircuito en mi cerebro, el hombre era prácticamente una escultura viviente y símbolo de la masculinidad. Quise portarme fría con él y solo hacer mi trabajo, pero él sabía presionar todos los botones correctos dentro de mi cerebro para hacer que el enojo se convirtiera en una especie de deseo extraño.

Pasamos dentro de su departamento y me invitó a sentarme en el sillón de la sala, todo el lugar era bastante pequeño, pero aun así conservaba cierto tono elegante.

—Vaya, pensé que vivías en una ratonera.

—Las apariencias engañan listilla.

Que tipo tan odioso.

—Ash, que cliché de frase.

—Oh, perdona que no se me ocurran mejores frases a las diez de la noche, no lo hago a propósito —dijo de forma burlona.

—¿Y me vas a ofrecer algo de tomar o solo me quieres para coger?

—¿Se puede hacer ambas?

—No sé, tu dime.

—Bueno, a mí si me gustaría.

—Bueno, ¿Y que me vas a ofrecer?

—¿Prefieres algo sueve o algo más potente?

—Algo fino, mejor.

Él asintió y se metió en la cocina, dónde tenía una mini cava de vinos y licores.

—Aparte de mal anfitrión, borracho.

—Apuesto a que tienes peor selección que yo Nicole.

Era cierto, yo me llenaba el hocico con cerveza y vino barato, este wey si tenía vodka francés y whiskey escocés.

Terminó sirviendome una bebida vibrante de colores atractivos, me dijo que se llamaba margarita Citrus, la cual había preparado con un jugo que sacó de su refri y un poco de Absolut y frutas rebanadas.

Su cristalería no era muy fina, pero pasaba, pasaba.

—Así que esto haces para divertirte los fines de semana? —dije con un tono incisivo e hiriente —¿contratar putas y empedarte?

—Que feo, llamarte puta a ti misma.

Maldito, me la aplicó, pero no me mostraré ofendida.

—Por lo menos yo sé lo que me gusta y lo que soy.

—Lo dudo mucho Nicole, además la que me pidió bebida fuiste tú.

Me la volvió a aplicar.

—Te odio.

—Odia al juego, no al jugador.

—Esto no es Monopoly, ridículo.

El solo hizo un gesto con la mano que se asimilaba a una marioneta abriendo y cerrando la boca.

Pero no pude evitar reírme ante tanta idiotez junta.

—sabes, eres gracioso si lo intentas.

—Mierda Nicole, ¿eres bipolar? —dijo en tono de falsa seriedad.

—No, ¿por qué?

—Hace unos segundos me acabas de decir que me odias.

—Ash, era de broma, niño sensible

—Yo me lo tomo en serio —dijo en tono de falsa seriedad de nueva cuenta.

—Y yo también —dije con exasperación mientras arrastraba los ojos por detrás de mis parpados.

—Todo te lo tomas en serio como si fuera vida o muerte, relájate por un segundo Nicole.

Pensé detenidamente en sus palabras por un momento y asentí.

—Bueno, lo intentaré, creo que puedes tener razón.

Fabián se me acercó más y más hacia mí, debo admitir que me sentí algo sorprendida e intimidada por tan repentino movimiento de su parte, ¿pero a quién quiero engañar?, ya sabía a lo que venía, aparté mi bebida del camino y le dejé espacio para que se acercara más a mí.

Su respiración se sentía caliente y profunda, me impactaba justo debajo de mi nariz. En un momento que se sintió sumamente extraño, él me arrebató un tierno beso. Justo en ese momento la Nicol desenfrenada y adicta al sexo se volvió a apoderar de mí, y como siempre, yo respondí ese tímido beso con una salvaje y seductora comida de boca.

—Wow Nicole, yo…

—Cállate y bésame cabrón —dije casi gritando.

Ni tonto ni perezoso me abrazó con mucha fuerza y ahora él era el que me comía la boca a mí, me gustaba ese tira y afloja de poderes y voluntades.

Mis manos necesitaban algo de acción también, solté mi agarre del cuello de Fabián y pasé mis palmas por encima de su camisa, le desabroché los botones lentamente y le dije:

—No recordaba que tuvieras tan buen abdomen, ¿qué tanto ejercicio haces?

—Hago un poco —dijo riendo—. Además, la última vez que nos vimos estábamos en un lugar escondido y muy oscuro.

—Ni me lo recuerdes.

—Pero me alegra que haya sido así, por lo menos tuve la oportunidad de conocerte.

Sentí un espasmo en el estómago ante tal comentario, pero él retomó sus besos y yo ya no pude volver a concentrarme en mis espontáneos pensamientos. Y yo volví también a lo que estaba haciendo, procedí a bajar más mis manos hasta llegar a su pantalón, era bastante bonito y elegante, parecida a la tela de un traje de vestir.

Hábilmente desabroché su cinturón, botón y cierre y no pue evitar sentir la familiar forma de un miembro masculino. Le sonreí coquetamente viéndolo a los ojos y no pude evitar el pasar mis manos por encima de su ropa interior para poder realmente palpar aquel bulto que parecía hacerme más y más grande.

La curiosidad pudo más que yo y decidí que descubrir aquella interesante forma era lo mejor. Me encontré con una grata sorpresa, obviamente había visto su pene antes en la fiesta de Nelly, pero como él mismo había dicho, no era lo mismo. Ahora podía apreciarlo y contemplarlo todo lo que quería.

Él solo se dejaba hacer, así que volví a tomar el control y le ordené:

—Llévame a un lugar más cómodo.

Nos habíamos quedado fajando en la sala de su casa, y él inteligentemente (después de mi indicación) me llevó hacia su habitación. Esperaba que estuviera bien amueblado, porque ya me habían tocado unos sujetos que se pasaban de minimalistas y que casi casi solo tenían la cama y el closet. Pero de nuevo me sorprendió gratamente porque su cuarto estaba muy bonito y ordenado, como esas fotos que salen en internet sobre como decorar y amueblar una habitación de hombre.

No pude evitar darle mis felicidades por tan buen gusto, él se volteó a agradecerme y yo solté una carcajada.

—¿Por qué te ríes?

 —Es que se me olvidó que estábamos encuerados —dije casi con lágrimas en los ojos.

La escena era sumamente cómica, una despampanante chica vestida solo en brasier y pantis y un sujeto con los calzones puestos pero el pene de fuera.

—Oh, sí —dijo Apenado. No lo había notado.

Ambos reímos como maníacos.

Entramos al cuarto y Fabián le habló a su aparato Alexa para poner un poco de música romántica, hubiera preferido algo de pop, pero supongo que el cliente escoge.

Mi “amigo” se deshizo por completo de lo poco d ropa que le quedaba y la aventó de una patada hacía una esquina del cuarto.

—Anda, ponte cómoda.

La verdad a mí me gustaba estar medio vestida cuando tenía sexo porque me gustaba mucho llevar lencería puesta, pero supuse que lo que realmente quería Fabian era poder verme totalmente desnuda, así que le cumplí su fantasía y me alejé un poco de él para que tuviera una mejor visión, La música se puso casi al tono que yo pensé para poder darle un pequeño baile, y recordé mi primer cliente, por el cual también bailé, y la emoción se me bajó e inmediatamente dejé de bailar.

—¿Te pasa algo Nicole?

—No, es solo que no me gusta mucho hacer strip tease, tuve una mal experiencia con eso.

—No tienes que hacer nada que no quieras…

No pude evitar pensar que esa era tal vez la primera vez que ningún cliente me había dicho esa combinación de palaras.

Mágicamente recobré la confianza.

—Gracias —Le dije con honestidad.

El solo me acarició el hombro y me dio unas palmaditas en la espalda.

Eres graciosa Nicole, pensé.

Volteé a ver de nuevo a Fabián y me recibieron sus suaves ojos de color, y su expresión calmada y amable. Le dí otro beso y me recosté con él en la cama, puso su pierna por encima de mí, como si ya fuéramos a hacer una penetración, pero quería seguir jugando un ratito más con él, así que le dije:

—Acuéstate.

Se recostó lentamente boca arriba y puso un par de almohadas debajo de su cabeza para poder verme y tener la cabeza elevada.

Su pene se despertó más y más ante la inminente llegada de mis manos.  

Yo tenía las manos súper bonitas debido a que les doy un extensivo cuidado y manicuras semanales, además de la practicas uñas postizas que Nelly me recomendó. Y Esas suaves y lindas manos querían tocar aquel pene tan atractivo y grande, y cuando por fin lo hicieron pude sentir una inusitada emoción y excitación. Empecé lento, traté de bajar su prepucio para descubrir su glande, de un color rosado intenso, él tenía el vello del pubis recortado a la perfección, hasta parecía que un barbero le había perfilado su corte con maquinilla y navaja.

Yo lo masturbaba con ambas manos, su pene estaba durísimo y la calidez y elasticidad de su piel era muy agradable, sus testículos rebotaban gentil y rápidamente en la parte baja de mis manos, y sus gemidos suaves me complacían.

—¿Te gusta? —La pregunta se me antojó cursi y trillada, pero yo apostaba a que él ni se pensaría ese detalle.

Y no lo hizo, solo gimió un leve siseo. Eso por alguna razón reafirmó mi personalidad controladora.

Comencé a jugar con su abdomen con mi otra mano y lentamente comencé a acomodarme encima de él, poniendo mis piernas por encima suyo, sujetándolas con firmeza, sin dejar de masturbarlo. Y a sosteniendo su pene él se movió un poco y de un buró sacó un condón, me lo entregó y se lo puse con una facilidad extrema, la práctica hace a la maestra. Siempre digo.

Me gustaba estar encima de mis clientes para yo también disfrutar a mi ritmo. Su pene estaba en la cúspide de su dureza, casi podía sentir la sangre fluir por sus venas. Y por su parte mi vagina se sentía súper húmeda, una gruesa gota de mi lubricación se escurrió por mi muslo izquierdo, y pensé que sería un lindo detalle que su glande tuviera una probada de ese viscoso liquido transparente. Así que dirigí mi mano que aún sostenía su pene hacia mi humedad. Restregué su verga tan duro contra mi piel que hasta sentí que se resbalaría y entraría por accidente en mi ano.

Su cara me lo dijo todo.

Decidí dejar de ser tan mala y darle la satisfacción de una vez a este pobre diablo, finalmente dejé que su verga se insertara suavemente dentro de mí, debo admitir que el muy cabrón tenía un miembro de muy buen tamaño, y me hizo sentir que mis más profundos adentros se dilataban. Y el más delicioso de los movimientos comenzó, aquel sube y baja rítmico me hacía sentir como toda una vaquera putona, y realmente disfrutaba, cosa que de vez en cuando se me dificultaba, obviamente varía de cliente a cliente. Pero por ahora todo fluías como seda.

M e percaté que aún tenía el brasier puesto por lo que estiré rápidamente uno de mis brazos por atrás de mi omoplato, para así poder desabrocharme. Mis perfectas tetas se descubrieron y el movimiento de arriba a abajo hacía que rebotaran de una manera deliciosa, y si eso me parecía a mí ya me imagino que tan bien me veía desde la perspectiva de Fabián. A veces me amo mucho.

Aceleramos el movimiento y yo decidí hacerme rebotar mucho más duro por encima de él, los famosísimos sentones. Pero esto parecían más cabalgata desenfrenada que alguien sentándose, así de violento. Y yo movía mi cadera en moción circular, de adelante hacía atrás y podía ver de primera mano la reacción directa de mis móviles caprichos. Sudábamos, realmente llevábamos solo unos pocos minutos, pero era demasiado intenso, como si ambos lo estuviéramos haciendo con una feroz pasión. Y yo no sé él, pero a mi si se me antojaba hacerlo de tal manera. Pero lo noté algo cansado.

—¿Todo bien Fabián? —Pregunté algo pensativa.

—Sí, es solo que me cansé un poco.

No sé por qué, pero la verdad no tuve el impulso de burlarme, como lo hacía con la mayoría de los hombres con los que me relacionaba.

—¿Quieres cambiar de posición? —Le sugerí.

El solo asintió y se incorporó levemente, por lo que me indicó que se quería levantar más. Yo traté de levantarme, pero mis piernas parecían pegadas a las sábanas, no me había percatado, pero yo también estaba sumamente cansada, así que le indiqué con movimientos que me ayudara a poderme a un lado. Lo que tampoco me esperaba es que al él intentar sacar su miembro de mi vagina a mí me causó algo muy extraño, me dolió un poco, ósea, no dolor-dolor, si no como una especie de placentero entumecimiento (como cuando destapas un corcho o te chupas el pulgar y lo sacas rápidamente de tu boca) lo que por alguna otra razón extraña me hizo sentir culpable, ya que jamás lo había sentido, no sé qué fuera. Y lo peor es que me gustó, me recordó a las primeras veces que tuve sexo como mujer, o como cuando descubrí la masturbación, o cuando me metí varios dildos a la vez, y todos esos recuerdos me hicieron pensar de mí mismo de nuevo en masculino, como si me sintiera culpable de ser tan aberrado sexualmente hablando.

No le dije nada ad eso a Fabián, temía que actuar como profesional.

Descansamos un rato dándonos la espalda, y con la respiración agitada. Y era reconfortante sentir su ancha, cálida y fuerte espalda contra la mía, aunque lamentablemente mi inmenso trasero me separaba un poquito de él.

No nos dijimos nada, pero él me dio una leve sobadita en el costado, indicándome que estaba listo para proseguir. Y me puse en posición.

Acostada de lado, apoyada en mi codo derecho y con la pierna izquierda levantada para darle acceso a mi vagina.

Fabián se acostó detrás de mí y me dio un beso en el hombro mientras me acariciaba el brazo, era lindo y se portaba de manera gentil, así que decidí recompensarlo.

Me giré un poco y me encontré con su boca, dándole un fuerte beso en los labios. El empezó a jugar con su boca y a corresponder mis besos. Con la punta de mi lengua lamí sus labios, estaban un poco secos. Así que me moví un poco y busqué un bálsamo labial en mi bolso, saqué 2.

Me acomodé boca abajo y le expliqué a mi nuevo amigo.

— Mira este es un bálsamo para humectar y este es un labial transparente con sabor a Hershey’s.

Fabián tomó el bálsamo y se lo puso en un dedo para pasárselo a los labios. Y después el de chocolate, luego yo también me los aplique.

—Ahora si papi, podemos volver a jugar.

Me puse sobre él apoyándome en la cama, mis pechos chocaban con sus pectorales.

Volví a besarlo y la diferencia era mortal, sabían riquísimo sus labios y tocábamos nuestras lenguas de forma juguetona. El subió sus manos y me agarró la cara de las mejillas. Besándome más apasionadamente y metiendo su lengua a mi garganta. Pero que besote me estaba dando.

Me sorprendí de repente ya que bajo sus manos por mi espalda y las puso en mis nalgas. Me las agarro con fuerza y me dio una nalgada en ambas.

Yo solté un gemido de sorpresa.

Aún tenía mi tanguita puesta, y el empezó a ser más incisivo con sus manos.

Yo lo besaba y me separaba un poco de él para poder respirar.

El metía su mano dentro de mi tanga y me agarraba la nalga desde mi entrepierna. Y a propósito el muy fresco pasaba su pulgar por mi ano.

Yo me separé por completo de él, tomé mi brasier para volvérmelo a colocar. Y admiré un poco a Fabián.

Era un hombre esculturalmente hermoso, tenía el pecho muy fuerte, sus brazos marcados y el abdomen muy definido. Su cara era varonil y su barba y cabello a la moda lo hacía verse aún más apuesto. Su desnudez era electrizante, mucho mejor que lo que yo podría jamás haber soñado siendo hombre.

Fabián se cubría la cara con las manos y reía mientras yo lo admiraba y mordía mis labios por el deseo.

Apoyé mis manitas en su abdomen y le di un besito en los labios. La única parte de su cara descubierta. Me acomodé en la cama y me quite la lencería, haciendo un improvisado bailecito erótico para mi amigo.

—Ay por dios mi amor, eres la mujer más bella del mundo.

Yo tenía ganas de decirle lo mismo pero mi ego femenino me lo impidió.

—Pues tu eres simpático, curiosito.

Soltó una carcajada y me acaricio los muslos.

—Solo tú sabes hacerme reír así linda.

Solo me límite a sonreírle y sonrojarme un poco.

Fabián se incorporó un poco más y empezó a manosearme ya totalmente desnuda. Me acaricio las tetas y paso su mano por mi vientre, yo me recosté junto a él y lo acaricié también. Podía agarrarle los pectorales, los bíceps y la cara y él no decía nada solo respiraba con profundidad. Baje más mi mano y acaricie su pene que se había puesto un poco más flácido.

Lo masturbé de nueva cuenta y el a mí, paso sus dedos por encima de mis labios vaginales, acarició mi pubis con sus nudillos, froto mi clítoris con su pulgar y metió un poco de su dedo índice en la abertura de mi coño.

Yo le gemía rico en el oído y su pene se endurecía en mis manos.

Volví a mi posición inicial recostada de lado, pero esta vez de cara a él, me beso y coloco su hermosa verga en la entrada de mi vagina, y empujó con toda su hombría.

Subí mi pierna encima de la suya para darle mejor abertura y más espacio, aun así, era una posición algo incomoda, pero muy rica ya que lo podía ver directamente a los ojos y besarle.

Saco su pene violentamente y se masturbó a escasos centímetros de mi coño, estimulando mi clítoris con su glande, se arrancó el condón, soltó un gruñido y todo su semen empezó a salir disparado, manchando mi entrepierna, mis labios vaginales y un poco de mi vientre.

Y con su mano la resbaló por encima de mi entrepierna masturbándome y embarrándome su ardiente semen.

Y como todo un caballero me susurro al oído algo en francés.

Con tanto estímulo directo yo también tuve un orgasmo, y uno muy fuerte que me hizo cerrar los ojos, me estaba derritiendo por aquel hombre. Sentí como si me hubiera separado de mi cuerpo o como si estuviera flotando en el espacio.

—Sabes algo, este fue el mejor sexo de mi vida, y lo más sorprendente es que fue con alguien que normalmente es hombre.

–Justo ahora soy mujer, y muy mujer —dije frente a él mostrándole mi cuerpo.

Realmente lo decía en serio.

Contar lo que hicimos después sería algo redundante, simplemente nos relajamos, limpiamos y nos volvimos a vestir, yo tenía que volver a casa, quería despedirme de beso, pero realmente no pude hacerlo.

Así que bajé las escaleras del edificio de departamentos y salí a la calle, Fabián me siguió y me abrió la puerta al salir, me dio un abrazo rápido e incómodo.

—¿Nos podremos ver pronto?

—Trataré de revisar mi agenda y te aviso, ¿ok? —dije de manera seria, pero amable.

—Ok, va, me divertí mucho Nicole.

Mi corazón se apachurró.

—Sabes, te enviaré un mensaje mañana por la mañana y te aviso, trataré de darte un día que tenga mucho tiempo, ¿vale? —Dije de una manera más amable.

Y lo volví a abrazar, esta vez de una manera mucho más sincera.

Salí, me subí a mi auto, y volteé hacía la puerta del edificio, Ahí estaba él despidiéndose con la mano y vestido cómicamente con una bata a modo de pijama. Lo saludé de vuelta y no pude evitar sonreír. Devolví mi mirada hacia el camino y arranqué.

Llegué como unos quince minutos después a mi casa, las calles estaban desiertas y me tocaron muchos semáforos en verde.

Llegué a la casa, me bajé y mi celular vibró fuertemente dentro de mi bolso. Lo saqué y revisé las notificaciones, tenía un mensaje y una llamada perdida de Papi. Le respondí.