domingo, 9 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (14)

 

Capítulo 14: Dubái

Al día siguiente me sentía totalmente jodido.

Habíamos escapado de la fiesta por las patas y Nelly se había enojado conmigo. La entiendo, estaba muy a gusto y enfiestada, pero yo estaba pasando por uno de los conflictos morales más grandes de mi vida. Había cogido con un hombre y había disfrutado partes de eso genuinamente. Sentía la cabeza como un espejo roto. Me había tomado la pastilla de cambio por la noche porque no resistía pasar más tiempo como mujer, me bañé y me fui a dormir.

A la mañana siguiente alguien que no había visto en mucho tiempo me visitó.

Yo estaba preparando huevos revueltos ya que el departamento que nos dieron tenía comida en el refri. La voz de esta persona me sobresaltó.

—Pedro, quiero hablar contigo —era la voz de Neil.

—¿Neil? —me di media vuelta y vi a mi amigo fresco y serio como siempre, llevaba solo un short rosa para nadar y una camisa interior blanca de tirantes.

—Perdona que esté en estás fachas, solo tenía está ropa “masculina”—dijo apuntando con gracia a su short rosa.

—¿Pero Neil y Nelly…?

—Ella no tiene nada que ver aquí, sigue muy enojada por qué la sacaste de la fiesta y no te piensa perdonar en los próximos días, pero yo sí tengo algo que decirte.

—Neil yo no sé qué hac…

—Ya sé que me vas a decir y te entiendo, me pasó lo mismo y es un proceso que casi todas las que trabajan en el Aphrodite sufren, menos los que ya eran transexuales o gay declarados.

—Ok —dije de manera tímida.

—Me fui un poco por las ramas, pero quiero serte claro, de hombre a hombre ¿sí?

—Claro, entre hombres.

—Tú como yo llevas una doble vida, yo ya la abandoné y decidí ser Nelly para siempre, eso significa que yo ya comprendí lo que me gusta y quiero.

—Si, lo que me dijiste en tu casa.

—Exacto, ahora yo sé que en realidad soy mujer, pero ahora tú tienes que definir quién eres y más importante aún, dejar esas estupideces de coger o hacer el amor o lo que sea —soltó con un tono más serio de lo habitual— Si es trabajo para ti es trabajo y ya, y si en realidad estás confundido sobre si te gusta o no hablemos de eso, ya has cogido con medio centenar de cabrones y hasta ahora que te gustó que te la metieran por primera vez te comienzas a hacer esas preguntas, no mames.

Me quedé callado mientras servía el huevo en dos platos distintos.

Nos sentamos y muy seriamente dije:

—Al principio fue asqueroso como siempre, pero para serte sincero me gustó tener sexo con el señor Black.

—Y puede que también te guste tener sexo con otros, pero necesitas ponerte las pilas, madurar y de nuevo dejarte de mamadas, es más trata de disfrutar lo más que puedas de coger, que te la chupen o yo que se, aprovecha lo que tienes wey.

—Entiendo.

—Bien, necesitaba volver a tener un paciente psicológico. Espero que reflexiones sobre esto.

Neil rebuscó en su bolsillo y sacó la pastilla rosa, se la tragó y se volvió a convertir ahora mucho más rápido que antes.

—Mucho mejor, ándale Pedro come.

Volver a ver a Neil me reconfortó, necesitaba esos típicos ajustes de tuercas que solo tus amigos te pueden dar.

Comimos y decidí llamar a el chico que nos había llevado ayer a casa del señor Black, el chico respondió y le pregunté que si por casualidad no tenía su número. Después de todo parecía que el señor Black se llevaba de huevos con todos sus trabajadores y tal vez tenían su contacto, milagrosamente fue así. Me dio su número y le llamé, no sin antes tomarme la pastilla.

Los segundos donde el teléfono sonó fueron eternos, estuve a punto de colgar dos veces, pero me contuve.

—¿Hola quién es?

—Soy Nicol —dije en voz baja.

—¿Cómo estás, te pasó algo anoche? —dijo en tono suave— me tuviste preocupado.

No nada, solo tuve que retirarme con mi amiga, se puso mal.

—Ese maldito alcohol, te juro que si no hubiera bebido yo tampoco no me habría quedado dormido y te abría acompañado.

—No hacía falta, nos trajo uno de tus choferes.

—Oh, claro menos mal.

—Señor yo me quiero disculpar con usted por si fui grosera o…

—Nicol, no perdóname tu a mí, me aproveché bastante de la situación sentí que te forzaba a algo de lo que no estábamos seguros ambos.

—Bueno no lo estaba en ese momento, pero después de haber pensado bien la situación he llegado a creer que en realidad no me pareció tan mala la experiencia.

—No sabes cómo me llena de felicidad esa noticia Nicol.

—Si, igual —dije tranquilamente.

—Nicol me encantaría que me pudieras acompañar a un viaje que tengo en una semana.

—¿Va a ir al mar o algo así?

Soltó una carcajada que me hizo apartar la oreja de mi teléfono.

—Nicol, me matas de verdad, en realidad iré a Dubái.

—¿Eso que no está en Arabia o algún lugar así?

—En Emiratos árabes unidos.

—Tendrá que hablar con papi para pedirme tanto tiempo señor.

—Ese gordo seboso es mi perro, no te preocupes por eso hermosa solo prepara tus cosas por favor.

—Aún no he aceptado.

—Oh Nicol, tu misma dijiste que te gustó estar conmigo y a mí también, quisiera poder conocerte más y ofrecerte un poco de lo que yo tengo por favor.

—Lo pensaré y mañana le llamo.

—Ok Nicol, esperaré tu respuesta, recuerda que no te tengo ningún resentimiento ok.

—Ni yo, lo veré después señor Black.

—Te esperaré Nicol, buenas tardes.

Colgué y me desplomé en el piso, ahora tenía que decidir otra gran cosa, decidí apartar mi mente de eso y me fui con Nelly a pasar la tarde. Ambas decidimos ir juntas a la playa.

***

Pasaron unos dos días y ya habíamos regresado a Guadalajara, nos recibió Alfonso en su coche y nos dejó en nuestras casas, no sin antes volarse con nosotras como de costumbre. Pero me dijo que papi quería hablar conmigo así que le tenía que llamar por teléfono, solo asentí y me cambié de nuevo a hombre para poder llegar a casa.

Mis niños estaban ahí pegados a la puerta en cuanto escucharon que la trate de abrir con la llave, me saltaron encima abrazándome y dándome besos gritándome papi, papi.

Los besé a todos en sus cachetes y frentes, me metí a casa.

Por la tarde después de comer en familia en un restaurante le platique una historia súper falsa a Lupita del congreso.

Aproveche el ya estar descansado en casa para pensar en la propuesta de Mr. Black y en mis sentimientos. Me había invitado a un lugar tan extremadamente caro y también se había disculpado por su comportamiento. Eso era nuevo en cualquier cliente que haya conocido y además me serviría viajar con él para tener un colchón económico por si algo falla, pero en lo contrario el tipo querría volver a tener sexo conmigo y no estaba muy seguro de que si eso fuera algo bueno para mí por la reacción que tuve la primera vez que me metí con él. Sopese todas las opciones y concluí que de todas formas ya había estado con muchos hombres que la verdad no me había traído muchas recompensas y que tenía que irme con cuidado para no volver a perder mi cabeza en una simple sesión sexual con un cliente cualquiera, fue un desliz y no ocurriría de nuevo.

A la mañana siguiente busqué en el historial de llamadas y le volví a llamar al señor Black. contándole que aceptaba, pude sentir como él casi brincaba de la felicidad y yo solo pensé para mí mismo “es por interés, solo eso”.

Paso la semana y seguí trabajando, igual tenía sexo, aunque era lo mismo, pura rutina.

Pero un miércoles si no me equivoco el destino me jugó una cruel broma. Era de tarde y me encontraba con un cliente en una pizzería almorzando, antes de ya saben, tener sexo. De repente, me dirigí al baño de damas a retocar un poco mi maquillaje y cuando entre me encontré a Lupita y a mi hija más pequeña Matilda. Me quedé en shock mientras miraba a ambas, era evidente que no me reconocerían en ese aspecto, pero la sola idea de que mi hija viera a su padre usando tacones y una minifalda me dejo congelado.

—¿Todo bien señorita? —me dijo Lupita al verme en ese estado y bloquearle el paso.

Sacudí mi cabeza y dije que sí, para rápidamente encerrarme en una de las cabinas del baño.

Una vez sentí que se fueron, solté un suspiro de alivio y salí nuevamente para maquillarme. Lo hacía bien hasta que mi hija entró nuevamente al baño.

—Olvidé mi muñeca —dijo ella, mientras la recogía de la cerámica del lavabo. Se percató de mi presencia y con la inocencia que caracteriza a todo niño preguntó —¿Eso es maquillaje?

Yo avergonzado asentí con la cabeza mientras le sonreía. Ella agregó:

—Mi mami tenía uno igual, te ves tan bonita como ella y yo espero verme tan bonita como las dos.

Conmovido por sus palabras le volví a sonreír y mirándola le dije:

—Estoy segura, de que serás incluso más bonita.

Mi hija sonrió y se fue saltando con su muñeca. Y solo ese pequeño momento despertó algo en mí. Mientras terminaba de maquillarme y estaba con mi "cita" pensaba en que había pasado buen tiempo con mi hijo, le había enseñado a montar bicicleta, jugar futbol y podría enseñarle más cosas cuando crezca como afeitarse o a aponerse una corbata. Sin embargo, con mi hija era distinto, obviamente hay cosas que solo una madre puede brindar y pensé que mi hija lo necesitaba así que tuve la loca idea de presentarme como Nicol ante ellos, pero era imposible que Lupita admitiera a una extraña en casa y no podía dividirme en dos para poder presentarla de manera presencial y que no sospechara en nada, así que descarté todos esos pensamientos y seguí con mi trabajo.

Después de unos días recibí instrucciones del señor Black y de Papi, explicándome la dinámica para el viaje al que me había invitado. Me pidieron presentarme el lunes a primera hora de la mañana para abordar un avión en el aeropuerto, pero me extrañe que no me mandaron un boleto electrónico, tal vez allá tendrían a alguien que me atendería o no sé.

Llegó el día esperado y me levanté muy temprano, ese día puse especial esmero en maquillarme y me puse la mejor lencería y el mejor vestido que tenía. Tenía que verme sumamente radiante para impresionar al señor Black. En todas las llamadas no me dijo claramente lo que haría, solo me informó que estaría una semana con él en Dubái y que no me preocupara por nada.

Mandaron a Alfonso por mí y ni bien me recogió me llevo hacía el aeropuerto en donde subí a un avión privado, con razón lo del boleto. Literalmente quedé boquiabierta, había viajado muy pocas veces en avión y ahora estaba en uno privado, rodeada de camareros que atendían cualquier pedido que hacía. Mr. Black llegó una media hora después y me recibió con un fuerte abrazo y un beso en la mano. Las horas pasaron, el avión despegó y también nuestra “fiesta”, ambos bebíamos champagne mientras conversábamos durante el viaje. Yo trataba de comportarme lo más femenina y dulce posible, en ese momento mi principal objetivo era causar una buena impresión como mujer en el sujeto, dando igual mi hombría, este viaje según mi mente resultaría en tener a Mr. Black como mi principal cliente, y además me ganaría la confianza de papi para estar tan cerca de otros clientes igual de ricos y sacar pasta a lo loco.

—Nicol quiero agradecerte por poderme acompañar, debo decir que este viaje era imprevisto y solamente un día tengo que estar en Dubái por razones laborales, pero pienso pasar todo el demás tiempo contigo.

—Claro yo estaré contigo cuando me lo pidas —dije con la voz aún más femenina y haciendo manierismos más exagerados.

—Que gustó poderte haberte conocido, hasta que sale algo bueno de los esfuerzos de Papi.

—Deberías agradecer a mi amiga Nelly la cual fue la que me descubrió.

—¿Tu amiga del otro día en mi casa?

—Si ella misma.

—Dile que me encantaría agradecerle de propia voz por tan perfecto hallazgo —dijo soltando una carcajada.

Pasamos charlando casi 5 horas, hasta que Black recibió una llamada que se alargó por horas, las cuales yo aproveché para acostarme en la cama de una pequeña habitación individual y ver una película en una pantallita pegada a la pared, me dormí unas horas y al despertar aún seguíamos en los cielos.

Salí del cuartito y me encontré con el señor Black sentado en un sillón de cuero y bebiendo un vaso de whiskey. Me miró con sorpresa y me dijo que me había echado una larga siesta.

—Si, disculpe es que no estoy acostumbrada a vuelos tan largos.

—No te preocupes Nicol, te envidio nunca puedo dormir en mis viajes.

Solo asentí y me senté junto a él, me ofreció whiskey y yo acepté.

Charlamos más tiempo y poco a poco la conversación se ponía cada vez más física, me tocaba el hombro para hacer énfasis, me tomaba de la mano para explicarme alguna historia y avanzó hasta tocarme el muslo descubierto y jugar con mi negligé. Pero parecía incómodo, no quería demostrar nada frente a sus empleados que se mantenían a unos cuantos metros de nosotros en sus propias actividades. Hasta eso demostraba un poco su humildad como persona. Me contó de su exesposa y como ya llevábamos tanto tiempo hablando yo le conté un poco sobre la mía y como fue el luchar contra su cáncer.

—Cada vez me impresionas más, que fuerte eres.

Era la primera vez que alguien me reconocía el haber permanecido con mi esposa, sabía que Lupita estaba igual de agradecida pero nunca me lo dijo verbalmente.

Luego de casi de un día de mi primer viaje en avión, llegamos a nuestro destino, Dubái. Estaba en un lugar que solo conocía por las películas y que pensé que nunca visitaría, pero ahí estaba, y tan solo por tomar una simple píldora. Ni bien llegamos nos fuimos directo a uno de esos hoteles súper de lujo 6 estrellas en el que nuestra habitación era una suite y ambos descansamos del extenuante viaje, dormimos juntos, pero nada pasó ya que ambos estábamos agotados, solamente desperté abrazando su torso desnudo, pero nada más. Desayunamos con el servicio a la habitación y fuimos a las lujosas tiendas en dónde él me compró conjuntos de lencería y vestidos que superaban por mucho a los que siempre usaba. Parecíamos una pareja de esposos rondando por ahí en los centros comerciales más lujosos del mundo.

—Quiero aprovechar nuestro tiempo juntos y vacacionar contigo Nicol, no hay que tardarnos mucho.

 Por la tarde fuimos a un restaurante donde me presentó ante sus amigos como su pareja, ya me daba igual ser manoseado y besado frente a otros, todo ese lujo me tenía cegado.

Y justamente esa mentalidad me ayudó mucho a aguantar las cosas que tenía que vivir por las noches en este viaje.


 

Ambos bebimos unos cuantos cócteles en el bar del hotel, parecían esos que se ven en los programas de televisión por cable o un show de las Vegas. Subimos a nuestra habitación y el señor Black seguía con sus discretos movimientos sexuales, tocándome la espalda baja, las nalgas y los hombros. Lo besé por cuenta propia en el ascensor y la verdad no estuvo mal, tenía un porte muy masculino, limpio y sobrio. Además de que me encontraba muy feliz ya que tuve la oportunidad de verdaderamente descansar por unos días y recibir mimos y regalos de cientos de dólares. Además, que el alcohol y la euforia de la velada que estábamos pasando me jugó una mala pasada.

Llegamos a la habitación y abrimos con la tarjeta, seguíamos riéndonos como una pareja boba y el me besaba con intensidad, se comenzó a quitar la ropa del día y me jaló hacia la ducha. Yo también me fui despojando de mi ropa y me metí a la ducha con él. El agua estaba o muy caliente o muy fría, y nos costó acomodarla. Pero al lograrlo ambos nos sentimos muy a gusto, Black me tenía abrazada con su grande cuerpo y yo está pegada a la fría pared de la ducha besándolo con una joven pasión, mis tetas estaban pegadas a su pecho y nuestros sexos se restregaban por accidente. Su gran pene pegaba con mi pubis de manera algo provocativa.

No me había comportado masculino durante las últimas 48 horas y está no sería la excepción.

Nos pasamos casi 20 minutos besándonos y restregándonos mutuamente bajo el agua calientita, enjabonándonos mutuamente y limpiando nuestras zonas más sucias. Me sentí muy bien al poder ducharme con esmero por primera vez como chica, limpiándome la vagina con los dedos y ayudando a Black a pasar el jabón por el largo de su pene y sus grandes testículos.

Me dio la vuelta y restregó su glande por mis nalgas, aprisionándome en la pared. Sentí miedo de que se le ocurriera metérmela por el trasero, pero solo estaba jugueteando por ahora. Se agachó e hizo algo que ningún hombre me había hecho antes, comenzó a lamerme la vagina.

Intentaba meterme la lengua dentro y estimulaba mi clítoris con su boca, era algo que jamás creí que se sentiría tan bien. Siguió así por un buen rato comiéndome el coño, cambiaba ligeramente de posición y de vez en cuando trataba de dedearme desde adelante. Su boca y dedos eran mágicos y sin darme cuenta me acercó mucho al orgasmo. Cosa que también ningún hombre me había dado.

—Ay espera, espera.

—¿Qué pasa preciosa? —dijo el señor Black separándose de mí.

—Es que ya casi me vengo espérate.

Solo pude ver cómo sonrió maliciosamente y siguió comiéndome ahí abajo.

Lo agarré del pelo, pero era demasiado corto, le di un golpecito en la nuca, pero no se movió, es más incluso me agarró de los muslos para que no me moviera.

La sensación de eyacular se volvió cada vez más presente, pero con el tiempo se disipó por todos mis genitales. El lamía, sorbía y mordía y yo solo lanzaba grititos de desesperación y excitación.

Hasta que finalmente pasó, la sensación que solo había experimentado un par de veces en mi más secreta intimidad volvió a ocurrir, pero está vez en presencia y por causa directa de un hombre. Mis tetas estaban erectas y mis pezones duros, mi piel estaba avispada y mi entrepierna mojada y palpitante.

—Ah, ah, ah —Solté como cualquier muchachita en una película porno.

El señor Black se despegó de mi trasero y se paró detrás de mí de nuevo, volteándome la cara con la mano y besándome profundamente haciendo que probara mi sabor que era un poco denso y saladito rico.

—Ah, ah, ah ¿Por qué no te detuviste estúpido? —le dije empujándolo con la cadera.

—Para complacerte mi preciosa niña —me dijo el señor Black desvergonzadamente.

Seguimos duchándonos y salimos a los pocos minutos secándonos y arrojándonos a la cama. Si no fuera mujer justo ahora podría decir que el señor Black me tenía agarrada de los huevos, ya que me tenía ahí pegada y dependiente a él, dándole besos, acariciándolo y recibiendo recíprocamente lo que me hacía. Se separó un poco y dijo.

—Me encantan tus vellitos.

Los bellos de mi pubis tenían un corte en forma de triángulo muy bonito.

—Gracias Mr. Black.

—Dime Alucard, así me llamo.

—Alucard el vampiro —dije sonriente.

—Si me dieran un dólar por cada vez que me lo dicen no tendría que trabajar.

Ambos nos reímos y nos volvimos a besar, me sentía bien y no me daba asco.

Se agarró la verga y sin muchos miramientos me la metió profundamente por mi huequito, él estaba encima de mí y yo boca arriba.

Nos cubrimos con las sábanas y literalmente hicimos el amor, lentamente, sin prisa ni cosas raras, un simple misionero. Pero el señor Black tenía una facilidad asombrosa para hacer especial lo simple, volvió a seducirme cómo la vez anterior, me dio el orgasmo de la ducha y fue el primer hombre con el que tuve relaciones sin sentirme mal o tener algún tipo de repudio.

Me penetraba con pasión y esmero, gemía y me hacía gemir a mí.

—Eso es preciosa, ¿Te gusta?

—Si Alucard, me gusta cógeme por favor.

Mierda otra vez pidiendo ser cogida, ¿qué diablos me pasa?

Esos pensamientos se diluyeron a base de penetradas, orgasmos y besos. Me dejó flojita otra vez. Cogimos toda la puta noche y nos despertamos de nuevo a la siguiente tarde. De nuevo abrazados, pero ahora ambos desnudos completamente.

Corrí a la ducha a limpiarme y aún podía sentir húmedos restos de semen dentro de mí, una sensación a la cual ya me había acostumbrado, pero seguía sin gustarme.

Todo ese ruido despertó a Alucard, el cual volvió a hacer de las suyas y me volvió a hacer sexo oral en la ducha.

—Ya sé que te encanta preciosa.

No estaba equivocado, por mucho que me resistiera con mis tonterías de macho (macho de papel maché).

Me regaló otro orgasmo y se paró detrás de mí.

—¿Crees que me puedas hacer lo mismo preciosa?

—Si, lo que pidas —dije sumisamente sin pensarlo mucho.

El pene de Alucard seguía igual de impresionante que siempre, me agache con cuidado y lo tome con la mano izquierda y comencé a lamer su glande y a darle lengüetazos a el tronco, no creía que fuera tan experta en el sexo oral como él. Pero al ver su cara de total placer me sentí con más confianza. En realidad, dar una mamada no era tan difícil y hasta cierto punto me relajaba ya que podía ir a mi ritmo, además de que la verga de Alucard era muy atractiva y limpia.

Traté de recordar si alguna vez mi esposa me había realizado sexo oral y traté de emular los mismos movimientos, le jalaba un poquito la verga, le daba unos besitos, lamía el glande con toda mi lengua, luego me la traté de meter a la boca, pero era demasiado grande. Pero me llamaron la atención sus testículos ya que eran casi del doble del tamaño que los míos y además estaban perfectamente rasurados. Por curiosidad decidí meterme uno a la boca y fue bastante placentero chuparlos, fue difícil ya que eran muy grandes pero la verdad no sabía mal y tenían una textura curiosa.

Después de unos minutos sentí como se te daban las piernas de Alucard, este me agarró de la nuca mientras yo tenía su pene dentro de mi boca y dijo:

—Ya me voy a venir, ya casi…

Y de nuevo me volvieron a llenar la boca de semen, pero este era diferente, sabía más dulce y se sentía hasta de mejor calidad si es que eso es posible. Sin querer me tragué un poco por la impresión y traté de catar un poco el sabor solo para quedarme con la experiencia. Igual no estaba del todo mal.

Me levanté sin aliento y respiraba con dificultad. Me enjuagué la boca con el agua de la ducha y escupí un poco. Miré a Alucard y el tan solo estaba recargado de espaldas a la pared y tenía los ojos bien cerrados, igual respiraba con dificultad. Su pene se puso flácido.

Salimos de la ducha y nos secamos con mimo mutuamente, a la hora de pasarle la toalla por las nalgas me sorprendí de que las tuviera tan duras y redondas. Este hombre maduro y en forma debía ser el sueño de toda mocosa a la que le gusten los mayores.

El me abrazó un poquito y me besó en la cara, su barba me raspó. Me tomó de las manos y de nuevo me condujo a la cama dónde se sentó en la esquinita, su flácido pene se restregó contra las sábanas y el contraste de colores lo hacía parecer incluso más grande. Me tomó por la cintura y me comenzó a besar el vientre pasando su lengua por mi ombligo y mis abdominales ya más marcados por el ejercicio. Sus manos jugueteaban por mi espalda y mis nalgas y sus besos subieron hasta mis senos, lamiendo mis areolas con cuidado y dándole suaves mordiscos a mis pezones. Sopló un poco en ellos con su caliente aliento y me los puso más duritos, haciéndome sentir mucho placer. Me senté sobre su pierna mientras me seguía agasajando, aproveché para estimularme sola y frotar mi clítoris y labios en su suave y musculosa pierna. Se la terminé dejando toda llena de babita, y se la limpié con la mano para luego ofrecérsela en la boca. A lo que felizmente aceptó.

Ambos nos acostamos en la cama y dejé que el me hiciera y me tocará a su gusto, se masturbó sobre mis tetas un rato, me hizo un poco más de sexo oral, me abrazó de cucharita y frotó su miembro en mi trasero, en fin, se la estaba pasando de lo lindo y yo aprovechaba para provocarlo chupando un poquito su pene, acariciando sus músculos y diciéndole cositas al oído. Me recosté boca abajo con el culo ligeramente levantado y mi amigo no tardó en tratar de penetrarme, pasando su pene durísimo por mis labios y tratando de encajármela con cuidado. Finalmente, me la pudo meter y comenzó a bombearme, su cadera chocaba con mis grandes nalgas y producían un húmedo y erótico sonido. Me besó en el cuello y cambió un poco su postura, a veces iba más rápido o un poco más lento. De igual manera terminó eyaculando afuera un par de minutos después, no sin antes haberme puesto al borde del orgasmo.

—Alucard por favor hazme venirme —le dije con carita humilde y con voz de chiquilla triste.

A lo que él me frotó sus grandes dedos en mi vagina en forma circular por un ratito, yo solo me dejaba tocar mientras sentía ese calorcito húmedo y rico entre mis piernas, hasta poder alcanzar mi tan buscado orgasmo. Que al llegar hizo que tensara todos mis músculos por lo potente que fue, y no conforme con eso Alucard me siguió tocando ahora un poquito más suelto y salvajemente, la sensación era muy intensa pero no recordaba el hecho de que las mujeres eran multiorgásmicas, así que me vine una y otra y otra vez hasta que le imploré por piedad que se detuviese, no por mí, sino por mi integridad genital ya que se puso bastante intenso mi acompañante sexual.

—Perdona, es que me encantaba ver cómo disfrutabas.

No le respondí ya que estaba literalmente molida y extasiada en todo sentido.

El resto de la semana nos la pasamos teniendo sexo en su hotel, y paseando por las ciudades.  Cómo si en verdad fuéramos pareja. Fue una semana increíble, llena de lujos, lujuria, cosas salvajes y emocionantes. Cómo viajes en camello o museos preciosos.

Despedirme fue difícil ya que su supuesto sexo de despedida se comenzó a alargar por horas y estuvimos a punto de perder nuestra oportunidad para despegar su propio avión.

Él tuvo que bajarse en el aeropuerto de Madrid en una parada que hizo el avión para recargar combustible. Y se despidió de mí muy efusivamente y pidiéndome que esto se volviera a repetir.

—Si tienes con que pagar si —le dije de manera sería.

Cómo de costumbre se atacó de la risa.

Llegué a eso de las 3 de la mañana a el aeropuerto de mi país, Lupita me había dicho por mensaje que se había llevado a los niños a su apartamento, así que pude llegar sin mayor problema a casa.

Me tomé la pastilla de cambio en el baño del aeropuerto, como era tan noche casi no había nadie así que nadie me dijo nada por ver entrar a una mujer a el baño de hombres. Me cambié y aproveché para revisar los mensajes de Alfonso, decía que llegaría por mí a las 3:45. Esperé un rato afuera y me compré un café por el frío.

Llegó Alfonso y se veía muy fresco, eran horas normales de trabajo para él.

Me llevó a casa y platicamos mucho sobre cómo me la había pasado en mis “vacaciones”. Le conté de todos los lugares a los que fui y como eran las cosas allá.

—Suena muy chido.

—Si está muy padre.

Me dejó en mi casa y nos despedimos.

Al entrar a casa escuché sonidos raros, como de una estufa encendida.

Fui hasta la cocina y vi que la luz estaba encendida. Me acerqué sigilosamente para ver si no era un ladrón, pero lo que vi me dejó helado.

Encima de la mesa de la cocina estaban muchas de mis cosas de mujer, mis sostenes, vestidos, maquillaje y varias de mis pastillas X-Change.

Lupita estaba sentada en una de las sillas bebiendo una taza de café.

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