martes, 11 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (15)

 Capítulo 15: Ellos no lo saben

—Hola Pedro —dijo Lupita sería.

—¿Qué es esto? — pregunté con la garganta seca y la voz sería.

—Tu explícame.

—No tengo que, Lupita.

Ella solo arrugó el entrecejo y me dijo.

—Me avergüenzas.

—Usted no sabe nada —dije con la mirada en fuego.

Ella respiraba con pesadez y me miraba con enojo.

—¿Crees que es justo que le hagas esto a tus hijos?

—Si es lo que les da de comer si lo creo.

—¿Que dices?

—Que si es lo que le da de comer a mis hijos no me avergüenza hacer nada —dije a gritos— no soy un criminal, eso te debería mantener más que feliz.

—Como puedo ser feliz si me dejas a cargo de tus hijos y te vas todas las noches a saber Dios dónde.

—¿Dónde están mis niños?

—En mi departamento dormidos.

—¿Los dejaste y viniste aquí?

—Si.

Ella solo siguió mirando mis cosas y me miró seriamente.

—Solo dime qué significa esto por favor, Pedro, te vistes de mujer o que haces.

—No te tengo que dar explicaciones.

—Mira malagradecido, tienes que decirme que haces para según tú mantener a tus hijos, de lo contrario nunca los volveré a cuidar.

—No me importa, puedo pagar niñera —dije con calma.

—Sabes que el dinero no te da para ese tipo de gastos.

—Te sorprenderías Lupita.

—Yo me tengo que matar en el Hospital en turnos de 12 horas para mantenernos apenas a flote, y tu con un par de meses en un trabajo que ni conozco ya te crees don chingón.

Lupita es subjefa de enfermería en el hospital civil viejo del Imms.

—A mí no me hables así, esta es mi casa y mis hijos.

—Pero son mis nietos y tú mi yerno, y no permitiré que tires nuestro esfuerzo a la basura.

—¿De qué coño hablas?

—No sé, tu dime qué haces.

—No puedo —dije al borde de las lágrimas.

—¿Es tan malo lo que haces, solo dime?

—Si te lo digo jamás podría volverte a ver a la cara de la vergüenza.

—Mira hijo no te juzgaré, sé que la vida es difícil y tenemos que hacer cosas que no queremos.

Suspiré con profundidad, solté mi maleta y me senté.

—No sé cómo empezar.

—Solo dime qué haces hijo —la mirada de ella había cambiado de enojo a preocupación.

—Yo, yo… me convierto en mujer y me prostituyo, es solo eso.

—¿Y con eso ganas tanto?

—No es como tú lo crees, es más difícil de explicar —dije con los dientes cerrados.

—¿Qué es lo que no entiendo?

—Que cuando digo que me convierto en mujer literalmente me convierto en mujer —hice una pausa y señalé la botella de pastillas— pásamelas.

Lupita tomo el frasco de pastillas rosadas y lo arrastró por la mesa.

—¿Esa es droga verdad?

—No.

Abrí el frasco y tomé un sorbo del café que había en la tasa de Lupita.

—Esperamos unos tres minutos y los cambios comenzaron.

Lupita me veía con horror. Cuando todo terminó le dije:

—Ves que no mentía.

—Eres la misma muchacha de las pizzas.

—Si, ese día estaba con un cliente y por accidente me tope con ustedes.

Durante las siguientes dos horas Lupita comenzó a hacer preguntas y yo le respondía, llegó a saber todo lo que hacía, incluso las partes sexuales, pero obviamente le di la versión censurada.

Al término de ese tiempo ella estaba al borde de las lágrimas. Pero su cara me decía que entendía mis razones.

—Sabía que no podías seguir trabajando en tu empresa, todo ese dinero tenía que venir de otro lado.

—Sí, me pagan muy bien.

—Como se enterarán tus niños —dijo con la voz quebrada.

—¡No, ellos no pueden saber nada! —grite con mi aguda voz de Nicol.

Lupita solo me vio con precaución.

—Ellos no deben saberlo, no podría vivir si mis hijos no lo entienden y crecen odiándome.

—Ellos te adoran Pedro.

—Ellos adoran la idea que tienen de mí, no podemos saber qué pasará si ellos descubren esto.

De nuevo ella guardó silencio.

—Además los días de Nicol están contados, estoy a punto de conseguir el dinero necesario para poder tener un gran fondo de ahorro, invertir en un negocio y comprar otra casa, con ese dinero podré vivir para lo que me resta de vida.

—No se puede depender para siempre de ese dinero.

—No hay otra alternativa Lupita.

Me levanté de la mesa y tomé casi todo lo que Lupita había sacado de mis cosas.

Subí a mi cuarto y las metí rápidamente en mi armario, luego las acomodaría. Lupita también subió por las escaleras y entro a mi cuarto junto con mis demás cosas, me las entregó y las puse dónde iban cada una, sin ordenar demasiado. Ella solo me observó.

—¿Como es que encontraste esto Lupita?

—Quise limpiar tu cuarto y arreglarlo para darte la bienvenida, debajo de tu cama me encontré la llave del armario, lo abrí y encontré ropa de mujer.

Asentí.

—Sabía que te habías deshecho de toda la ropa de mi Cristina, y que era imposible que trajeras una mujer aquí, después de todo lo que pasó entre ustedes.

—¿Y lo primero que pensaste es que era travesti? —dije para desviar la plática.

—Si —Se veía apenada.

—Pues no, soy algo más complejo.

—Hijo, no tengo problema con lo que hagas mientras no sea algo malo o pongas en peligro a los niños.

—¿Incluso si soy mujer?

—No creo que tengas mucho trabajo si fueras hombre —dijo riendo.

Yo también me reí.

—Hijo, yo sé que tuviste que mentirme mucho y que tal vez no hayas podido ser hombre por mucho tiempo, pero quiero ayudarte.

—¿Ayudarme con qué?

—Ayudarte a que, aunque seas mujer puedas seguir estando con tus hijos.

—¿Harías eso por mí?

—Claro hijo, perdona que me haya enojado.

No le dije nada a Lupita y solo la abracé, ahora tenía a un cómplice en casa.

Pasaron algunos días más de trabajo, le había dicho a Lupita que tal vez me llamarían para trabajar unas horas al día, pero no estaba segura cuando, fue cuando me pidió ir a casa y visitar a los niños.

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