Capítulo
8: La fiesta del señor A.
Llegamos temprano al aeropuerto,
fuimos en el auto de Nelly, yo también ya convertida en mujer porque mi boleto
estaba a nombre de Nicol.
El vuelo duro casi una hora, yo ya
había volado un par de veces antes en mi trabajo y ya no me daban miedo los
aviones. Pero Nelly se sintió algo mal en el vuelo, casi vomita algunas veces.
Y pues me toco cuidarla.
Al llegar al aeropuerto de canción
nos recibieron unos hombres con camisa de vestir y una tableta que Tenía varios
nombres de mujeres, entre ellos el mío y el de Nelly, yo la tenía agarrada de
los hombros y la ayudaba a caminar.
Junto al hombre de los nombres se
reunieron las tres chicas que venían caminando detrás de Dora en el Aphrodite,
no las habíamos visto en el avión.
Ya todas reunidas el sujeto nos
llevó afuera y llegamos a unas camionetas blancas estacionadas afuera del
aeropuerto. Dentro había chóferes en camisa guayabera y tan pronto nos subimos
ellos comenzaron a avanzar el coche.
Yo como la metiche que soy pregunté.
—¿Oye guapo hoy a dónde vamos? —El
muchacho volteó confirmándose lo de guapo y dijo que iríamos a la haciendo de
su patrón, el señor Azcárraga.
Estuvimos platicando todo el camino,
y el chico nos invitó a ir a unos buenos bares de la zona, además de enseñarnos
la ciudad si queríamos.
Ese nombre me sonaba. Tardamos casi
otra hora en llegar al lugar, Nelly aún seguía mal y parecía que era por culpa
de la presión del mar, la hacienda era casi como una pequeña ciudad amurallada
a pie de mar, lejos de la zona hotelera y a pie de playa.
Nos abrieron un portón y el auto
avanzo por un camino empedrado rodeado por césped muy bien cortado y muchas
palmeras. Seguimos hasta empezar a ver una especie de casa de playa tirándole a
mansión, era color crema y con tejas en el techo.

Llegamos y los carros se aparcaron
en la entrada donde había una fuente de piedra. Salimos y yo sostuve a Nelly
con toda mi fuerza, ella también actuaba como si estuviera bien.
Al llegar nos recibió un señor de
mediana edad muy delgado y nos condujo a todas las chicas a unas habitaciones
de arriba de la casa. Obviamente extremadamente elegante y moderna. Parecía que
cada silla costaba más de diez mil pesos.
Subimos y ya por fin nos encontramos
cara a cara con las otras tres chicas, las cuales nos saludaron con cariño.
La más joven nos dijo:
—Ay mil disculpas de que no hayamos
podido saludarlos niñas, estábamos muy presionadas por Dora y ya ven que llegar
aquí fue muy rápido, sorry.
—No hay problema —dije.
Las otras dos chicas también nos
saludaron, se veían más jóvenes que nosotras dos. A decir verdad, no conocía a
casi nadie más del Aphrodite más que a Nelly y otra chica con la que me cruzaba
muy de vez en cuando. El sujeto que nos acompañaba nos abrió una puerta con
tarjeta electrónica y nos metió a todas ahí, había solo 2 camas, pero varias
mesitas de maquillaje. Y un baño gigantesco con varias regaderas.
—Bueno señoritas, los invitados
llegan a la una de la tarde, así que prepárense para la fiesta, queremos que se
vistan con bikini y que solo deambulen entre los invitados, pero no los
molesten, no los vean a los ojos y no les hablen si no les hablan ellos
primero, están aquí para amenizar la fiesta y entretener a los invitados.
Nos metimos, le agradecimos y
cerramos la puerta, otra de las chicas dijo ya después de unos segundos.
—Entonces somos objetos que se ven
bonitos, ven muchachos les dije que no había nada que tener si nos comportaban
bien.
Nelly corrió a acostarse en una
cama.
—¿Este lugar es bonito no creen?
—dijo la chica rubia.
—Bastante —dijo la de apariencia más
joven.
—Bueno, que les parece si comenzamos
a movernos para cambiarnos —les dije a las 3.
—Oki —dijo la más chica.
Todas pusimos las maletas encima de
la cama no ocupada por Nelly y las abrimos sacando las cosas con la que nos
vestiríamos.
—¿Oigan y cuál es su nombre? —les
pregunté.
La más grande de todas y de cabello
negro dijo:
—Soy Adriana, pero en verdad me
llamo Horacio.
La de en medio y rubia dijo:
—Soy Isaac, pero llámame Clara por
ahora.
Y la más jovencita dijo:
—Soy Daphne, pero en realidad soy
Alfredo, tengo 21 por cierto —se sinceró con una sonrisa llamada nerviosa.
Todas parecían muy agradables y
platicaban entre ellas, pero me preocupo de que Daphne fuera tan chica y ya
tuviera que trabajar en esto.
Nos metimos a las regaderas, pero yo
busqué en el botiquín de medicina, le di un poco de pastillas para el mareo y
el dolor de cabeza a Nelly y le di una botellita de agua de un mini refri. Su
cara le cambió casi de inmediato. Le ayude a quitarse la ropa y Daphne me vino
a ayudar, era muy buena chica.
La metimos a las regaderas y la
sentamos, el agua le venía de maravilla, no me había dado cuenta, pero todas
estábamos ya desnudas y bañándonos. juntas. Esas pastillas X-Change sí que te
inhiben, nadie parecía preocupada, y en realidad pensándolo bien todas
estábamos iguales y no teníamos nada diferente. Pero si yo fuera hombre las
cosas serían distintas, de vez en cuando les daba mirándolas y sentía una
creciente excitación, que se manifestaba por un calorcito húmedo en mi vagina.
Terminamos rápido y nos secamos con toallas, Nelly se veía mejor y caminaba
sola ahora. Se fue a acostar.
—Esperen, antes de ponernos la ropa
hay que ponernos bloqueador —dijo Clara.
Sacaron unas cremas y bloqueadores
en spray, nos embarrados en la cara y los brazos, eran bloqueadores de buena
calidad de la marca Isdin. Era una escena muy erótica, 5 chicas jóvenes todas
embarradas de blanco.
Todas tomamos nuestros bikinis y nos
empezamos a vestir, yo fui la más conservadora de todas al usar un bikini de
una sola pieza que me cubría más del cuerpo.
Nelly se puso uno de color negro.
Pasamos las horas platicando y
bajamos a la terraza de la fiesta que apenas estaban arreglando los
trabajadores. El mayordomo delgado nos pidió disfrutar mientras llegaban los
invitados, así que nos recorrimos a la zona de la piscina y estuvimos ahí
varias horas, más que nada en los camastros porque el sol estaba muy fuerte.
Las personas estaban llegando poco a
poco y sin darnos cuenta se convirtió en una verdadera fiesta. Después de un
rato la gente se empezó a reunir en un punto específico para saludar a alguien,
volteé y vi a el dueño de televisa, el señor Azcárraga.
Pocas veces había estado en público
como mujer, pero el estar en bikini me hacía estar muy consciente de mi cuerpo.
Estábamos acostadas en las sillas de
playa y en una especie de camas cubiertas por telas blancas y cercas de madera.
Durante aquella fiesta tuve que
soportar la mirada de muchos hombres en mi cuerpo con una sonrisa, pues
esencialmente era el trabajo. Así mismo, muchos tipos se me acercaron pidiendo
mi número o alguna de mis redes, cosa que yo me negaba torpemente diciendo que
no tenía un celular. Incluso hubo uno que otro mañoso que aprovechaba mis
momentos de distracción o la acumulación de la gente para tocarme una teta, una
nalga o rosarme su entrepierna.
Decidí dejar de prestarle
importancia y a pesar de ello traté de disfrutar aquel día en la playa, después
de todo hacía años que no iba, principalmente por que el tiempo de mis
anteriores trabajos no me lo permitía. Por ello aproveche en caminar nuevamente
descalzo por la arena, meterme al mar y nadar un rato y tomar el sol calmadamente,
como dijo Nelly a veces era bueno soltarse un poco disfrutar el momento.
Aquel
día en la playa también sirvió para conocer e interactuar un poco más con mis
colegas, pues hasta ese momento solo conocía bien a Larry. Todas las chicas de
papi nos bronceábamos luciendo nuestros bikinis mientras aprovechábamos en
hablar, cada una contaba su historia. Daphne/Alfredo quien llevaba un bikini lila
es un joven de apenas 21 años, su madre está muy enferma y su padre falleció
hace mucho así que tuvo que encargarse de todos los gastos el solo, obviamente
las ganancias de papi le venían muy bien. Clara, la hermosa rubia de negro es Isaac
él solo quería costearse sus estudios, sin embargo, menciona que hace tiempo
que lo dejó pues piensa que puede vivir de esto perfectamente. Finalmente, Adriana,
una chica morenita y muy en forma es Horacio. Su historia es similar a la mía,
es un padre de familia desesperado que llegó a papi. Nadie pensaría que esas
cuatro mujeres quienes conversaban y tomaban el sol, eran el fondo hombres.
Había música y los mozos nos
llevaban cualquier trago que pidiéramos, Nelly solo pedía agua.
—No quiero volver a probar el
alcohol nunca Nicol.
Solo me reí.
Íbamos
y veníamos por la fiesta, y el señor Azcárraga ya no se veía en ningún lado.
Nos
agrupábamos y separábamos, vi que las otras tres chicas se tomaban fotos.

Yo solo bebía y bebía.
—¿Nelly, como te sientes?
—Mucho mejor amiga, ya no quiero
vomitar y respiro mejor.
—Se nota.
Un muchacho de unos 20 años se
acercó a nosotras y dijo:
—¿Hola, chicas, pueden venir conmigo
un momento? —Parecía muy nervioso.
Lo
seguimos y él nos llevó dentro de la casa, se sentó en un sillón y nos dijo.
—Soy
sobrino del que organizo esta fiesta, es por mi cumpleaños y mi tío me dijo que
había traído a unas muchachas para festejar ¿no es cierto?
—Si,
somos nosotras dos y otras tres chicas —explicó Nelly.
—Oh
genial —dijo el muchacho, tenía ropa fina de Ralph Lauren y así, era delgado y
se veía algo inocente.
—¿Te
está gustando la fiesta?
—No
soy mucho de fiestas amiga, además no están mis amigos y no conozco a nadie.
El
chico parecía muy tranquilo, casi como un nerd.
—¿Quieres que te hagamos compañía? —
me apiade de él.
—Claro, podemos partir mi pastel el
mi cuarto.
Nos subimos a donde estaban las
habitaciones en otro lugar de la mansión aún más elegante y entramos en la
habitación del muchacho.
Su cuarto era como el de cualquier
otro chico, pero con cosas muy caras, igual casi al de Neil, una ps5, tele
grande, todas las computadoras y laptops Apple, cama King size, etc.
Y muchos posters de películas, tenía
de Iron Man, Metallica y un póster de alguna chica en bikini. Y pensar que
ahora tenía dos de “verdad” en su cuarto.
—Pasen, perdonen el desastre.
Entramos y nos sentamos en su cama,
él trajo una mesita y su silla del escritorio. Sacó un pastel pequeño del
minibar de su cuarto y le quito la tapa.
—Feliz cumpleaños eh…. —dije.
—Marco —dijo el chico.
—Feliz cumpleaños Marco —le dijimos
las dos.
—Gracias chicas, perdón que tenga
que traerlas hasta aquí, pero a mi tío no le gustan los cumpleaños.
—No te apures amigo.
Él puso una canción de cumpleaños en
inglés en su teléfono y la cantamos los tres.
El chico parecía ser tímido y buen
muchacho.
—Pide un deseo Marco —le dije.
—Deseo encontrar novia este año
—susurro.
—Tonto, no se te cumple si lo dices
en voz alta.
—De todas formas, no creo que se me
cumpla —dijo entristecido.
—¿No puede ser, por? —le preguntó
Nelly.
—Todas me batean, dicen que soy un
niñato —se veía triste.
Y la maldita de Nelly le dijo:
—No te apures Alfonsito, seguro eres
un gran partido y pronto conseguirás alguna chica que te quiera.
—No siendo tan penoso.
—Vamos, tuviste el valor de salir y
hablarnos.
—Porque sabía que en realidad son
hombres que se convierten en mujeres, y aun así no las puedo ver a los ojos.
Nelly y yo nos miramos mutuamente.
—¿No te importa que seamos hombres
entonces?
—No parecen hombres, son las mujeres
más bonitas que he visto.
—¿Y quisieras que te ayudemos a
perder el miedo?
El chico nos miró sorprendido, Nelly
se paró y lo tomo de la camisa, arrojándolo a la cama. Rápidamente le quito los
pantalones y los calzoncillos y le descubrió el pene. El maldito crío estaba
con una erección bien dura.
—¿Se te prendió solo por hablar con
nosotras? —le pregunté.
—Perdón.
—Nicol, ven aquí y ayúdame.
Me agache junto a Nelly y ella me
susurro al oído:
—Es tu hora de perderle el miedo al
sexo oral.
Lo analicé un segundo y concluí que
era mejor tenerlo por primera vez con un chico rico y tímido que con un cabrón
de cuarenta bien machista y feo.
De algún lugar saque el coraje y
tome su pene, la tenía más grande que yo el muchachillo.
—Ay porfa paren.
—Perdona Marco, pero no permitiremos
que le tengas miedo a las mujeres, toma esto como tu regalo de cumpleaños.
Nelly me miró y afirmó con la
cabeza.
Yo empecé a masturbar al muchacho y
acariciar su pene y sus testículos con ambas manos, le palpitaba todo y estaba
muy caliente. No era muy desagradable, seguí así un buen rato y al final abrí
mi boca y me metí su glande, lo chupaba despacito y con poca presión, el sabor
era limpio y sabia como lamer un brazo algo sudado, sus bellos me picaban un
poco la nariz y traté de ir más abajo. Su glande rozaba mi lengua, pronto lo
saqué y comencé a lamerle los testículos, los metía a mi boca y los succionaba,
como el chico no me obligaba a nada podía ir a mi ritmo. Lamia con miedo el
glande, pero le parecía gustar. Nelly se me unió en mi experimento y mientras
yo lamia un lado del pene del chico ella comenzó a pasar su lengua por el otro
lado, ese chico sí que tenía suerte. Comencé a besar la punta de su pene con
los labios y Nelly lamia de arriba abajo.

Nelly parecía hipnotizada, yo la
empuje juguetonamente y salió de su trance. Se paro y acostó junto a Marco,
solo pude escuchar sonidos de besos y saliva. No quise ver.
Marco comenzó a gemir y respirar
profundo, yo tenía su pene enterrado en la boca, estaba practicando más que
nada. No me gustaba, pero no estaba tan terrible.
—Me voy a venir, me voy a venir.
Demasiado tarde, un líquido muy
salado y poco agradable volvió a aterrizar en mi boca. Lo volví a escupir con
asco, no tanto como la otra vez por la limpieza del muchacho, pero no me
gustaba para nada. Corrí al baño a lavarme y tomé un refresco del minibar.
Nelly estaba montada encima de Marco y solo me dijo:
—Buen trabajo amiga, yo me encargo
desde ahora. Pude ver cómo aplastaba el pene del muchacho con su trasero aún
cubierto por el bikini.
—Adiós Marquito —dije mientras me
apresuraba a salir.
—Adiós Nicol, gracias.
Corrí lo más pronto que pude y
llegué de nuevo a la fiesta, yo solo me mantuve ahí y bebí más esa ocasión.
Incluso termine meneando mis caderas
en medio de todos cuando las copas se me subieron encima.
Al terminarse la fiesta a eso de las
11 de la noche, los mozos nos indicaron que podíamos regresar a la habitación.
Subimos y nos dimos otro baño en
silencio, estábamos algo quemadas por el sol y muy cansados.
Me acosté y después de una media
hora revisando el teléfono y bromeando con las otras muchachas me preguntaron
por Nelly.
—Ah, se quedó con un chico de la
casa.
Todas se rieron como colegialas
tontas y volvieron a lo suyo. Nos cambiamos a algo más cómodo y se quedaron
dormidas las tres en una cama.
Yo no pude dormir hasta que llegara
Nelly, y mucho menos teniendo en la consciencia que había chupado un pene. Un
nuevo punto bajo.
El cerrojo de la puerta sonó y Nelly
entró con el cabello revuelto. Abrí los ojos y le dije:
—¿Te divertirte?
—Divertirse no es la palabra, sino
asombrarse.
—¿Tan malo es?
—Ella casi suelta una carcajada y se
larga a bañarse.
Entonces él es todo lo contrario.
A la mañana siguiente pasaron por
nosotras a recogernos y nos dejaron en una casa de playa mucho más modesta solo
para nosotras, nos dieron un anticipo del pago y nos dijeron que hoy era
nuestro día libre. En las camionetas nos volvió a tocar el muchacho que nos
recogió del aeropuerto y con más confianza nos invitó a un bar en la noche.
Aceptamos y él nos dijo que pasaría a recogernos a las seis y nos mostraría el
puerto.
No pasamos ni 5 minutos en la nueva
casa y ya estábamos pidiendo un Uber para ir a una plaza a comprar cosas. Y ahí
nos pasamos todo el santo día. Nelly me obsequio unos shorts, sandalias y Crop tops.
—Para que te lo pongas esta noche en
el antro amiga.
Nos comportábamos como un grupo de
veinteañeras legítimo.

Al terminar le llamamos al muchacho
de la camioneta el cual se llamaba Saúl y le dijimos que si podía pasar por
nosotras al centro comercial. Llego en unos quince minutos y nos subimos con
él, venia acompañada de un amigo bien parecido. Creo que ninguno de los dos
sabía lo que en realidad éramos, pero nadie le quiso romper la ilusión de que
estaba saliendo con 5 chicas de su edad.
Nos dio un recorrido por lugares
turísticos y nos tomábamos fotos en estatuas y así.
Todos compartimos unas cervezas en
el bar y llevamos la fiesta hasta la casa.
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