Capítulo 3: Nelly mi compañera
Neil me miraba con ojos extraños, yo estaba hecho bola en la esquina del camerino, mirándolo con miedo.
—¿Pero que rayos hiciste Neil?
—Me transforme, ahora soy mujer temporalmente.
—No me lo creo, es imposible.
—No lo es, es una tecnología muy vieja,
salió en los dosmiles en Japón.
—Pero
jamás había oído hablar de eso.
—No fue muy popular entre el público
occidental, decían que moralmente era una aberración.
—Ya veo por qué.
—En realidad no está tan mal, muchas
personas transexuales tuvieron una oportunidad para ser quienes eran en
realidad.
Por alguna razón eso resonó conmigo.
—Pero Neil, ¿cómo es que funciona? —Pregunté.
—Bueno, exactamente no lo sé no soy
científico —dijo la chica que tenía frente a mi— pero creo que cada pastilla
tiene una cantidad exagerada de estrógenos que cambia la estructura celular de
quién la toma, en realidad es algo muy complejo.
—¿Y cómo es que te vuelves hombre otra vez,
dura ciertas horas o qué?
—No camarada, el cambio en mujer es
indefinido, pero hay una pastilla que es un antídoto —explicó— tomas la
pastilla, inhibe los estrógenos y potencia la testosterona y bum de nuevo
hombre.
—Reconfigura el material genético —le
dije.
—Básicamente, colega.
Yo ya estaba totalmente intrigado.
—Ups perdona no me he vestido —dijo la chica
Neil mientras se tapaba más con su camisa y se iba a una esquina en la cual
había una especie de cortina de camerino.
Yo me senté de nuevo en una silla
mientras esperaba que se vistiera.
Después de unos minutos Neil salió de la cortina, era una persona totalmente diferente a la que conocía. Llevaba puesto un vestido de lentejuelas dorado que llegaba hasta las rodillas y unos tacones negros muy altos. Pero lo más extraño de todo es que su brazo derecho estaba totalmente cubierto en tatuajes, también tenía otro tatuaje grande en las costillas, pero el vestido lo tapaba.
—Neil, ¿estás tatuado?
—Si, me los hice hace mucho —dijo Neil con
cara extraña— cuando vivía otra vida, ¿qué te parece mi ropa?
Ver a esa persona que yo sabía que era Neil,
en una vestimenta tan extraña se me hizo muy bizarro.
—Te ves bien, pero es extraño pensar en
ti como mujer Neil.
—Ah si, no me llames Neil —me pidió
Neil—. Mi nombre de mujer es Nelly.
—Ok, Nelly vale —dije con voz rasposa.
—No le des tantas vueltas al asunto
amigo, sigo siendo yo.
—Ok te haré caso, no quiero pensar más.
La billetera de Neil seguía sobre la
mesa de maquillaje. Y había algunos billetes desperdigados.
—¿Entonces todo eso lo hiciste en un
mes?
—Así es Pedro, un mes de trabajo cada
noche.
Asentí y pregunté:
—¿Y puedo yo también ganar lo mismo?
—Depende de cómo te veas como mujer.
—¿Te refieres a que también tengo que
tomar la pastilla?
Neil asintió.
—Mira, este negocio no es fácil, tienes
que cambiar y adaptarte a muchas cosas que tal vez no quieras hacer.
—Si, entiendo.
—No te hubiera contactado si no me
hubiera dado cuenta de lo desesperado que estabas, lo supe porque yo también
estuve en esa situación.
Ver a una mujer tan despampanante
hablando de la misma forma que Neil era rarísimo, pero en el fondo ya me estaba
acostumbrando a ver su nuevo cuerpo.
—¿A qué te refieres con que estuviste en esa
situación?
—¿Ves todos mis tatuajes? —preguntó—.
Todos me los hice en la cárcel.
—Wow.
—Si, tenía una muy mala vida, entre a la
cárcel por robo y narcomenudeo —confesó—. Pero encontré refugio en el estudio,
fue cuando comencé a estudiar psicología.
—¿Porque necesitas tanto dinero?
—Deudas, protección, sustento —nombró
Neil—. Trabajar en una empresa no fue suficiente, una vez me visitaron unos matones
porque me había atrasado en unos pagos y fue cuando conocí a Papi.
—¿Quién?
—Mi jefe actual, el dueño de todo esto.
—Mierda, debe ser muy poderoso.
—Lo es, me trajeron aquí y amenazaron
con golpearme —la voz se le quebró un poco—. Pero Papi me vio y decidió darme
otra oportunidad.
—¿Porqué?
—Dijo que tenía buenas facciones y
cualidades, fue cuando me explicó todo su negocio de acompañantes “mujeres”.
—Eso te quería preguntar, ¿Por qué no
solamente usar mujeres comunes?
—El negocio ya está muy lleno de mujeres
y transexuales.
—¿Y ya no son buenas o qué?
—No sabes cuánta gente tiene un fetiche
con las “trabajadoras” de este lugar —explicó Neil— a las personas con poder y
dinero por alguna razón les gustan las Scort X-Change.
—¿Ósea los que son hombres y se hacen
pasar por mujeres? —pregunté incrédulo.
—Si, en efecto —esta mujer sí que era Neil,
hablaba igual de educado.
—¿Por qué chingados?
—Las mujeres normales son muy simples para
ellos, poco educadas y no a todos les agradan las transexuales, aparte de que
son contadas las que si parecen mujeres.
—Ya veo —dije rascándome la barbilla—.
¿Y ellos contratan Scort X-Change a sabiendas de que son hombres?
—Ese es el atractivo, sí.
—Diablos.
—Y si, amigo.
—Está bien, quiero entrar —dije decidido—.
Necesito el dinero, ¿qué tengo que hacer?
—Es relativamente sencillo, tomas la
pastilla, te conviertes en mujer, te vistes, esperas que te llamen y sales con
algún cliente.
—¿Y que haré con los clientes? —pregunté
tanteando las aguas.
—Depende lo que quieran y lo que paguen.
—¿Cómo qué?
—Puede simplemente acompañarlos a una
reunión familiar, salir a cenar, trato de novios, peticiones especiales o
relaciones sexuales.
Esas dos últimas características me
cayeron encima como un yunque.
—¿A qué te refieres con esas últimas dos?
Neil solo sonrió y dijo:
—Las peticiones especiales pueden ser
desde que les des un masaje en los pies, limpies su casa, o bailes eróticamente
para ellos, y las relaciones sexuales ya sabes lo que son.
—¿Tu lo has hecho?
—Algunas veces, al principio es difícil
luego te acostumbras y lo tomas como parte del oficio.
—¿Hace cuánto trabajas en esto?
—Hace cinco meses, ya casi junto lo
suficiente como para retirarme.
—Vaya.
—Mira Pedro, es duro, pero te aseguro
que vale la pena cada segundo de tu esfuerzo, ¿Qué dices?
—Que no me queda de otra.
—Así se habla camarada —Neil se paró de
repente y me dio un abrazo—. No te arrepentirás.
—Eso espero.
—Bueno, antes que nada, tendrás que responder
ante Papi y conocerlo.
—¿Ese sujeto está aquí? —susurre
desesperado.
—Hey tranqui, el tipo es inofensivo.
—¿Seguro?
—Segura, acuérdate de quién soy justo ahora
—me explicó Neil— cuando sea mujer siempre refiere a mí con pronombres
femeninos y con el nombre de Nelly, ¿de acuerdo?
—De acuerdo Nelly.
—Ok, aquí nos tomamos la privacidad muy
en serio.
Nelly se separó de mí y destapó la otra
pastilla y me la puso en la mano.
—Mira, papi casi siempre está ebrio o
drogado así que siempre se comporta como un osito de peluche tonto, no le
tengas miedo.
–Ok —dije mientras tomaba una botellita
de agua de la mesita y me metía la pastilla a la boca.
—Anda, trágatela —me pidió Nelly.
Me la tomé y Nelly me empujó para que me
sentara.
—Espero que seas bonita, porque si no
Papi no te va a querer.
Espero los cuatro minutos que tarda en
agarrar el efecto y le pregunté a Neil algunas dudas sin importancia
De pronto sentí un calor algo intenso,
como si estuviera parado en la calle a las doce del día.
—Tranquilo, no duele.
Pude ver cómo cabello negro caía por mi
cara y el calor se intensifica a en algunas partes del cuerpo, no era doloroso
solo se sentía extraño.
Mis huesos tronaban y se expandían sin
dolor, mi pecho picaba un poco y sentía como me quedaba mucho más justa la
playera que tenía puesta.
Bajé la mirada y pude ver cómo se notaban
crecer unos senos frente a mí.
Y el cabello negro los cubría, e iba bajando
hasta la altura del estómago.
Mis brazos y piernas se sentían débiles,
como si hubiera hecho mucho ejercicio, pero solo se estaban contorneando.
Y la sensación más extraña sucedió en mi
entrepierna, donde día percibir como mi pene se encogía y se iba metiendo poco
a poco dentro de mí, mi estómago se sentía algo vacío y de pronto ya no, como
si nuevos órganos se hubieran creado dentro de mí. Y lo último fue la sensación
de que una hendidura se estaba formando entre mis piernas, desde el pubis hasta
casi un centímetro del ano. Como tener otra boca, era muy similar.
Nelly estaba boquiabierta.
—¿Qué paso, salió bien? —Pregunté
preocupado con una voz que no reconocí.
—Maldito bastardo suertudo, Pedro no te
asustes, pero el resultado de tu transformación fue… diferente.
—¿A qué te refieres? —Pregunté asustado.
—Bueno, la pastilla funciona a nivel
genético para obtener la información necesaria —explicó Nelly—. Pero a veces
hay cambios inesperados, se cambia el color de la piel, los ojos, etnia, etc.
—¿Y qué tiene que ver conmigo? —Empecé a
molestarme.
—Que a veces cambia la edad, y tú
pareces una chica de veinticinco años.
Me paré con celeridad y me miré en el espejo.
Me mire en el espejo y me devolvió la mirada
una chica joven y de cuerpo claramente exuberante. Era morena, de pelo muy
negro y largo. Mi cara era muy joven y femenina, había perdido unos 15 años de
edad.
—No puede ser, ¿Neil por qué soy tan
joven?
—Así lo dictaminó tu material genético
amigo —me dijo Nelly sentada con una pierna cruzada.
—Rayos, ¿crees que me podré quedar?
—Amigo, tú sabes que a los clientes les
gustan jovencitas —dijo Nelly sonriendo.
Me di media vuelta y me admiraba en el
espejo, mi trasero se marcaba en mi ropa grande y aguada, y todo se me movía.
—Bueno socio, hay que vestirte no te
puedo presentar a papi así.
Nelly se levantó y me tomo por la mano
que tenía libre, caminamos hacia una esquina del camerino dónde había tubos con
mucha ropa de mujer colgada, como en un tianguis.
—Ok, creo que necesitas un vestido —dijo
Nelly mirándome de pies a cabeza—. No muy elegante pero tampoco barato.
Removió entre la ropa y fue sacando
algunas prendas.
Nelly terminó y la extendió frente a mí, era
un vestido color crema, y ropa interior del mismo color que hacía juego.
—Esto te vendrá bien.
Me lo entregó todo en las manos y me
pidió que me vistiera, yo camine detrás de la cortina en la que se había
cambiado antes, había un sillón de cuero rojo muy elegante, me senté y me quite
la ropa de hombre. Me desabroché la camisa y los pantalones solo los tuve que
bajar y se cayeron solos. Solamente miraba al frente, no quería ver mi cuerpo.
Ya sentado y desnudo pude sentir con más cercanía las nuevas sensibilidades de
mi cuerpo, no me molestaba cruzar las piernas o cerrarlas mucho, y el marcado
peso de mis pechos nuevos me daban una extraña pero reconfortante sensación.
Tomé el sostén sin tirantes que Nelly me dio
y me lo traté de poner tal cual lo solía ver en mi esposa cuando se cambiaba en
las mañanas.
Tuve éxito, tomé el panty a juego y la
coloque en la posición correcta, no quería ver la parte baja de mi cuerpo, así
que solo cerré los ojos y me la coloque a ciegas. El llegar a mi entrepierna me
proporcionó otra nueva sensación, el topar con algo plano y no con mis órganos
sexuales colgantes, lo cual siempre era incómodo al usar calzoncillos que no
fueran boxers.
El vestido ahora era lo complicado, me
levanté totalmente y lo revisé para ver cuál era la dirección correcta para ponérmelo,
el escote estaba muy marcado en la tela, por lo que era fácil intuir la
dirección en que debía ponérmela.
Lo deslicé por debajo de mis piernas y
lo fui subiendo, la tela era elástica pero justa, y tuve que apretar un poco el
estómago al ponérmelo. Después de unos segundos de acomodar los pliegues ya
estaba completo.
Salí de la cortina y Nelly me daba la
espalda mientras buscaba algo en un estante con cientos de zapatos.
—Listo —dije con pena.
Nelly se volteó con unas sandalias
blancas y elegantes en las manos y las soltó en cuanto me vio. Sonrió y dijo:
—Ay que guapa —dijo en tono de broma y
con manierismos muy de mujer, se tapó la cara para reírse y reparó—. Pero no en
serio te ves genial, tienes el trabajo asegurado.
Sonreí nerviosamente, Nelly se agachó y
recogió las sandalias, para después entregármelas.
Me agaché para ponérmelas y las amarré
con una hebilla que tenían.
—Ok, solo déjame maquillarte y peinarte
y ya nos vamos a ver a papi.
—Ok.
Me senté frente a una de las mesas de maquillaje
y Nelly se paró detrás de mí, con un atomizador rocío mi cabello con agua y
conectó una plancha para el pelo a una clavija en la pared. Tomo muchos
cosméticos y cremas y me los empezó aplicar en la cara. Con dos dedos me unto
una crema que olía muy bien y con otra mano tomaba otra crema con color piel.
—¿Qué es eso? —pregunté.
—Es base para maquillaje —respondió
Nelly con naturalidad.
La mera idea de maquillarme me mareaba,
pero logré contenerme.
Nelly siguió untándome cremas y
comenzando a aplicar polvos y cosméticos ligeros.
—Ok socio, cierra los ojos.
Los cerré y sentí como Nelly me
maquillaba las pestañas y me ponía delineado. Luego pude abrir los ojos Nelly
comenzó a trabajar en mis cejas.
Luego con la plancha tomó mi cabello y
comenzó a alisarlo hacía abajo, dándole menos vida y haciéndolo más sobrio.
—Ya casi termino amigo, aguanta.
Pasaron incontables minutos y me estaba
empezando a dormir por el prolongado tiempo que llevaba con los ojos cerrados.
—Listo, terminé.
Abrí los ojos y me miré fijamente al
espejo.
Solo podía ver una hermosa mujer joven. Me
levanté y di una vuelta, había algo dentro de mí que se sentía excitado en
múltiples formas. Emocionado. Y me sentía sexy en una forma muy bizarra.
Me di media vuelta y miré a Nelly. La cual ya
se había terminado de maquillar.
—Si que es un cambio muy significativo, ¿no
crees socio? —Dijo Nelly con una sonrisa amigable.
—Es muy sorprendente —dije mientras
recorría mis manos por mi cuerpo y mi ropa y me miraba al espejo.
—Pues acostúmbrate, ya que de aquí en adelante
esta será parte de tu nueva vida.
Asentí con un nudo en la garganta.
—Ok, ya son las 10:30 vamos a ver a
Papi, andando.
Nelly se separó de mí y abrió la puerta, pude
ver cómo otra chica acompañada por un sujeto de seguridad caminaba enfrente de
la puerta de nuestro camerino.
Seguí a Neil, pero algo estaba mal, no
podía caminar correctamente.
—¡Nelly, mis zapatos! –dije en un fuerte
susurro.
—Oh mierda cierto, lo olvidé.
Nelly corrió hacia mí y recogió los huaraches
blancos que me había enseñado, se agacho y me los puso en los pies,
amarrándomelos rápidamente. Me tomó de la mano y me jaló hacia afuera. Cerró la
puerta del camerino y me guio por el pasillo. Llegamos a un lugar amplio y
elegante, con unas escaleras metálicas de hierro forjado que dirigían al
segundo piso.
—Espera, déjame tomarte una foto como
evidencia socio.
Yo me recliné en una pared y bajé los brazos
en posición de soldado.
—¿Qué nunca has visto a una mujer en una
foto? —dijo Nelly falsamente enojada.
—No sé cómo hacerlo.
Nelly guardó su celular en una bolsa que
tenía agarrada de la mano e hizo una pose muy interesante, tenía las manos en
la cintura y los brazos flexionados, me recordó a la pose de Superman. Sacó el
trasero y dijo:
—Solo imita esto, ¿OK?
Yo trate de ponerme de la misma forma
que ella hizo y me mantuve así y espere a que sacara su celular.
—Eso, buena pose.
Tomó la foto y me la mostró en su teléfono.
El vestido se me pegaba por completo a todas
las partes de mi cuerpo, en especial a mis nalgas y mis senos y me contorneaba
de una forma espectacular.
—Wow esa soy yo —dije con una
clarísima cara de idiota.
—Así es amiga.
Me pareció muy raro que me llamara
amiga, pero lo deje pasar.
—Bueno, ya se está haciendo tarde,
tenemos que reunirte con papi o nunca te va a contratar.
—Oh si, lo siento —lo había olvidado
al ver tan buena fotografía.
Subimos por las escaleras, yo
primero y Neil detrás de mí.
—Socio, acomodarte el vestido se te
está subiendo del trasero.
—¿Por qué me estás viendo? —dije
falsamente molesto.
—Es difícil no hacerlo amigo.
Le hice caso y seguimos subiendo.
Llegamos a una especie de bar
privado dónde solo había unas tres chicas y dos hombres de mediana edad muy
bien vestidos. Cuando pasamos se nos quedaron viendo detenidamente.
Pasamos a unos guardias cuando Nelly
los saludó y nos acercamos a una puerta doble de madera fina. Uno de los
guardias abrió la puerta y un olor insoportable a cigarro me inundó la nariz.
Pude ver en la lejanía de una sala oscura e iluminada solamente por unos
cuantos focos de neón a un hombre obeso sentado detrás de un escritorio grande.
Tenía las piernas subidas en su escritorio y fumaba un puro enorme. En cuanto
entramos él se acomodó y se puso de pie con sorprendente agilidad.
—Nelly, hermosa te esperaba.
—Hola papi —dijo Nelly con una voz
más dulce de lo usual.
Pude ver más de cerca a Papi, era
repulsivo. Tenía el cabello rubio largo y grasoso. Usaba lentes de sol en la
oscuridad, llevaba un sombrero de pana y mantenía su puro entre los dedos.
—Ahora, solo debes quedarte quieto y no hagas ni digas nada al menos que papi te lo diga —agregó Nelly.
—Mira papi, ella es la amiga que te
presentaría ¿Qué opinas?
Papi volteó a verme de pies a cabeza
y solo pude sentir una asquerosa mirada pesada penetrando en lo más profundo de
mi alma.
—Imposible que fuera un hombre tan
guapo como para resultar así, tiene mucho potencial —dijo Papi con una voz
áspera y cansina.
—Tuvo una muy buena reacción a la
pastilla Papi.
—Ya veo, ya veo —dijo Papi.
El cual se incorporó con mucho peasar, caminaba como un bebe ebrio. Pude sentirlo acercándose a mí y soltando a Nelly de los brazos, como en aquella escena de Toy Story en la cual Andy suelta a Woody, su antiguo juguete y solo tiene ojos para el nuevo.
— Tendré que verla mejor para valorar eso —dijo mientras seguía fumando y empapaba el humo de ese apestoso cigarro en mi rostro.
Yo me quedé congelado y cerré los
ojos del miedo.
—Abre tus ojitos nena quiero verte
—me dijo Papi mientras pasaba un dedo por mi mejilla.
Le obedecí.
—Carajo, son verdes —dijo Papi
sorprendido— los clientes pagan mucho por ellos.
Papi caminó detrás de mí y me
olfateo el cuello.
—Mmm hueles bien nena.
Sentí su mirada en mi trasero y mi
espalda descubierta.
Otra vez me rodeó y puso sus
inmensas manos en mis hombros.
—Te ves bien putita, ¿pero sabes como te verías mejor? —dijo divertido dirigiendose a nadie en particuar —Desnudita.
Sentí como si me dieran un latigazo en el alma.
Nelly pareció comprender lo que su jefe decía y corrió hacía mi, envolviendome con sus brazos.
—Esto es lo último, ya casi acabamos —susurró con delicadeza.
Nelly comenzó a despojarme de mis prendas, las demás chicas dentro de la habitación parecían entre curiosas y celosas.
—Zaria, avientame un bikini porfa —gritó Nelly a una de las chicas, la cual rapidamente aventó unos trozos diminutos de tela que estaban desperdigados por ahí. La oficina estaba sumamente desordenada, había basura, bolsas de ropa nuevecita, tacones, dinero, y cosas que se veían a leguas que eran drogas.
Ahora o estaba completamente desnuda y el frío empezó a azotarme. Nelly me seguía vistiendo, y me puso el bikini en chinga, ella parecía que estuviera evitandome la pena y el dolor.
Ahora ya estaba como papi me quería ver. Me sentía mas desnuda en bikini que cuando tenía todas mis carnes al aire, mas... vulnerable.
El hombre, al verme, nuevamente sonrió y se acercó a mí, viéndome de pies de cabeza, mientras caminaba a mi alrededor. Yo estaba muy nervioso, ahora me sentía mucho más indefenso ante él. Entonces llevó su enormes manos a mi trasero y empezó a apretarlo, quise apartarlo con mi mano pero vi a Nelly, la cual con una mirada me hizo recordar lo que me dijo "no hagas nada". Entonces solo cerré los ojos mientras él pasaba sus manos por mi "nuevo" cuerpo.
—Bonita piel, suave.
Bajó sus manos y manoseo mis nuevos
pechos.
Estaba a punto de derrumbarme, pero
Nelly puso su mano en mi hombro y negó con la cabeza.
Me aguante y Papi siguió
manoseándome y murmurando “mmm”, “firme” o “bien, bien”.
Desde delante me agarró las nalgas y
me atrajo hacia sí mismo.
—Muy buenas nalgas las de tu amiga Nelly,
me sorprende.
—Solo lo mejor para ti Papi.
Esa frase pareció hacerlo sentir mejor consigo mismo, más importante o validado.
—Vaya, vaya, alta, bonito rostro, buenos muslos, un gran par de pechugas y un culaso, sin duda serás bastante pedida por los clientes —dijo él mientras no dejaba de tocarme.
—Tiene el trabajo —le dijo Papi
desinteresadamente mientras regresaba pesadamente a su escritorio y se sentaba.
Sacó un papel y un bolígrafo de un
cajón.
—Muchas gracias papi, no te arrepentirás de tu decisión —sentenció Nelly.
—Claro que sí, bienvenida a nuestra gran familia y toda esa mierda, que firme antes de que me impaciente.
Nelly me agarró de la mano y me arrastró hacia una silla elegante en frente del escritorio.
—Ok —murmuré.
—Te daría más porque tienes potencial, pero no te conozco y quiero ver si eres confiable.
Me entrego la hoja y la pluma, leí por encima el contrato por recomendación de Nelly y lo firmé. Sentí que había vendido mi alma por un mes.
Esas palabras me taladraron el cerebro.
Papi soltó
una carcajada después de verme con detenimiento y dijo:
—Bienvenida
a tu segunda casa, el Aphrodite.
Yo hice una sonrisa falsa.
Ni bien lo hice el hombre sonrió mostrando sus dientes amarillos y guardó el contrato, para sacar un fajo de billetes.
—Tómalo como tu primera paga, pero úsala para comprarte vestidos, maquillaje y esas tonterías, pues aquí solo te daremos la píldora, empiezas mañana, preciosa.
—Ya váyanse niñas, tengo un asunto que atender.
Me paré rápido y me alejé con cuidado, estaba a punto de salir de la habitació, en cuanto el hombre me gritó...
—Hey, hey, hey ¿a dónde demonios vas sin despedirte bien niña?
Yo no sabía que hacer hasta que Nelly me susurró al oído que le diera un beso como ella, tuve que tragar saliva y de paso mi orgullo.
Vi como Nelly se acercó a él y le dió un beso en la mejilla, y con su mano me indicó que debía hacer lo mismo. Me acerque a Papi y me doble un poco para alcanzar la mejilla de aquel hombre bajito y obeso, sentí su barba rasposa y crespa en los labios, además del intenso olor a tabaco y a loción barata.
—Buenas chicas —dijo él dándonos una nalgada a cada una.
Me separé
de él y sonreí lo más naturalmente posible, sonrió complacido.


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