jueves, 13 de febrero de 2025

Es lo que un hombre hace (2)

 

Capítulo 2: Nuevo trabajo

Odio no poder dormir.

Eso implica que todo el día siguiente a mi desvelo tendré que cabecear, beber cantidades mortales de café y rogarle a Dios por no quedarme dormido en el trabajo.

Esta vez tuve suerte ya que el señor Urrutia estaba en una reunión con sus superiores así que dejó nuestros traseros en paz por unas horas. Las cuales aproveché para dormir lo más que pude. Cerraba los ojos mientras fingía escribir, y me llenaba la boca de mi café calientito.



Mis compañeros no parecían percatarse de lo que hacía así que seguí descansando todo lo que pude.

Ese maldito pensamiento del trabajo de Neil.

¿Por qué demonios me importaba tanto?, seguro era otro simple trabajador de recursos humanos en una empresa nocturna más.

Lo más probable es que me sintiera intrigado debido a la plática tan interesante que tuvimos.

Me preguntaba cuándo presentaría el reporte en contra del señor Urrutia, tal vez esa junta en la que estaba era en la que lo estaban regañando por su comportamiento.

Me quedé pensando un rato mientras seguía avanzando lo más que podía mis pendientes

Y a las 4 de la tarde llegó la hora de la comida.

Me dirigí a la cafetería y pedí un almuerzo gratuito de la empresa, era un pedazo de bistec con tortillas y ensalada. Muy poca cosa, pero obviamente era muy nutritivo.

Me puse a comer mientras escuchaba música en mis audífonos y de pronto sentí como alguien me daba unos empujoncitos en mi espalda.

Me giré quitándome un audífono y me encontré a Neil.

Podría haber jurado que la cara entera se me iluminó por ver de nuevo a mi más reciente amigo.

—¿Que hay socio? —preguntó Neil sentándose en mi mesa.

—Nada amigo, estoy almorzando —dije con la boca medio llena.

—Genial, yo también comeré.

Saco una bolsa pequeña y dentro de ella había una serie de tuppers y utensilios de plástico rígidos.

Neil tenía una comida que se veía muy buena, parecía pollo con pasta y verduras.

—¿No comes de la cafetería?

—No amigo, esa comida parece de prisión, sin ofender. —Neil sonrió y empezó a comer.

—La verdad si parece.

Ambos comimos y yo aproveché para preguntarle aquello que me inquietaba tanto.

—Oye Neil, anoche no pudiste decirme cuál era tu tercer trabajo.

Neil hizo una expresión muy extraña.

—¿Para qué quieres saber?

—Para nada, simplemente me inquietaba.

—Solo puedo contarte que no tiene nada que ver con ser psicólogo.

—Oh, ok.

—Mira, me agradas y creo que puedo confiarte esto.

—Claro amigo —dije con cara solemne.

—Por las noches soy Scort.

Casi me atragantó.

—Oye, dijiste que podías soportarlo viejo.

Tosí un poco y dije:

—Si, solo que me sorprendió eso es todo, eres bien parecido seguro te va bien.

Neil solo se rio nerviosamente y declaró que tal vez eso no era lo más importante de su trabajo.

No quise ser impertinente y dejé el tema.

Platicamos un poco sobre nosotros y un poco de cosas frívolas.

Al pasar el tiempo de comida fui al trabajo de nuevo y para mí mala suerte el señor Urrutia estaba esperándome en mi escritorio.

—Así lo quería ver Torres, holgazaneando como siempre.

—Hola señor, solo fui a comer.

—Eso no es excusa para no trabajar.

—Aun ni siquiera es hora de seguir señor.

—Desde que hablaste ayer con ese vago de recursos humanos te has puesto muy valiente, ¿no Torres?

Cállate maldito viejo idiota, no sabes nada.

—Sabes, ya vi que levantaron un reporte contra mí, pero no van a poderme hacer nada, estás despedido.

Mi sistema nervioso central se desconectó por completo, las piernas me flaqueaban y me sentí mareado.

—¿Qué?

—Tu y tú nuevo amigo, psicologuito de quinta.

—No puede hacernos esto.

—Ambos están por debajo de mí, y yo decido quien se va y quién no.

Vi mi escritorio y la montaña de papeles encima de él. Un impulso animal se apoderó de mí y arroje todo al piso.

—Váyase al mierda viejo imbécil.



Me di media vuelta y caminé lo más rápido posible hacía la salida.

Entre a mi auto después de haber recogido mis cosas y arranque. Llegué a casa y me tumbé en el sillón.

Mierda, lo había arruinado todo, yo y mi bocota.

Si no hubiera dicho nada, nada de esto hubiera ocurrido.

De pronto alguien me llamo al teléfono celular, respondí de inmediato, era Neil.

—Hola Pedro, disculpa que te llamé, pero me enteré de que a ti te despidieron también.

—Si —dije con amargura.

—Lo lamento amigo, es mi culpa si no hubiese mandado el reporte del señor Urrutia esto no hubiera sucedido.

—No es tu culpa Neil, es de él.

—Oye, ¿hay algo que pueda hacer por ti?

—No lo creo, ¿Oye y como conseguiste mi número?

—Logre robarme la hoja de tu expediente.

—Oh, ok.

—Pedro, seguimos en contacto amigo, saldremos de esta.

Neil se portaba de manera muy solidaria.

—Claro amigo, bye.

Hey, adiós, amigo.


Habían pasado dos semanas ya, tuve que ir a la empresa para firmar un papel que me obligaba a renunciar y recibir un poco de dinero.

Durante esos días me convertí en unas chambitas, hacía de todo para conseguir dinero.

Trabaje en el mercado levantando bolsas para el puesto de una señora que conocía de toda la vida, limpie el gimnasio del barrio después de hablar con el dueño, y buscaba trabajo en línea como loco. Pero nada era suficiente. Incluso me plantee robar comida en buen estado de los desperdicios del mercado, porque el dinero comenzaba a hacer falta. Mi suegra Lupita no sabía nada de mi despido.

Yo pretendía trabajar normalmente.

Pero no conseguía la misma cantidad de dinero, y me cansaba mucho más.

En la tercera semana de eso, yo ya estaba empezando a pasar hambre y comía de lo que quedaba de fruta en el mercado, le daba todo lo que ganaba a mis hijos.

Seguía hablando con Neil con regularidad, era un verdadero amigo, una noche recibí una llamada a mi teléfono de él.

—Socio, ¿cómo estás?

—En la mierda amigo —dije totalmente derrotado.

—Lamento oírlo, pero hey tengo buenas noticias.

—¿Me conseguiste el trabajo que te pedí hace unos días?

—Algo así, tienes que venir conmigo y te explicare de tu nuevo trabajo.

—Ok, solo mándame la dirección e iré.

—Ok muy bien, te veo a las 9 ahí.

Colgué el teléfono y recibí la dirección por WhatsApp segundos después.

Eran las 7:15, un sábado, día en que no trabajaba. Mis hijos ya se habían dormido, y los dejé dentro de casa. Eran niños listos, si pasaba algo ellos llamarían por teléfono o saldrían a la calle a buscar ayuda. Pero nada pasaría, me asegure de apagar todo aparato eléctrico antes de irme.

Tomé mi teléfono y pedí un Uber con dirección al lugar que me mandó Neil, era cerca de Chapultepec en Guadalajara. Zona relativamente de ambiente nocturno. La dirección parecía indicar una especie de bar o antro.

Llegué y me baje del auto una cuadra antes para estacionarme, camine y me encontré a Neil parado en la calle esperándome.

—Hola Compadre, ¿Cómo estás? —Me saludo Neil con cordialidad.

—Algo intrigado, la verdad.

—No te apures amigo, estás conmigo.

—¿Que es este lugar? —pregunté.

—Este es el Aphrodite, mi trabajo principal por el momento.

—¿Qué es, un bar, un antro?

—Mas bien un club.

—Vale, ¿y que trabajo tenemos que hacer aquí?

—Ven, sígueme.


Neil se dio media vuelta y entro por las puertas principales, se podía escuchar música techno desde dentro.

Un sujeto con cara de malote me detuvo y dijo:

—¿Neil, viene contigo?

—Si, es un trabajador nuevo déjalo pasar.

El sujeto me soltó y me reuní con Neil.

Era un tugurio oscuro y ruidoso. Nos metimos por un pasillo al salón principal, en el cual había media docena de chicas semidesnudas bailando en el tubo. Había otros veinte hombres sentados en mesas y una que otra mujer.

—Neil, no me dijiste que era un club para caballeros —dije casi gritando.

—Trabajo es trabajo Pedro —se excusó Neil.

—Ya me imagino que trabajo me darán, limpiar los baños, hacer bebidas o limpiar los malditos privados, ¿verdad?

—Nada de eso.

Neil siguió caminando llegó a otra puerta que decía “solo para empleados”.

Detrás de esa puerta el ambiente cambiaba radicalmente de una oscuridad horrible a una luminosidad blancuzca cegadora. Las paredes tenían azulejos blancos que reflejaban mucho.

Y había otro pasillo más largo con puertas de madera con nombres escritas en ellas.

Pero también a nuestra derecha había una especie de vidrio polarizado, como una ventanilla de un banco. Neil se acercó y dijo:

—Hola Rosy, dame dos pastillas porfa, tengo a alguien nuevo.

La música ya no se escuchaba tan fuerte y logré escuchar a la mujer detrás del vidrio.

—Si, si, en camino.

Una mano huesuda salió de debajo del vidrio y le entrego a Neil una cartera de pastillas recortada con tijeras. Eran dos pastillas rosas.

—Vamos a mi camerino, amigo.

Lo seguí y le pregunté sobre las pastillas.

—No me digas que esas cosas son droga, yo no quiero meterme en eso.

No lo es, es algo diferente, dijo mientras sacaba una llave de su bolsillo y abría una puerta de las 20 que había en el pasillo blanco.

Nos recibió una habitación con dos sillones, varias sillas, dos closets, locker, y dos mesas con vidrios gigantes para maquillarse. Típico camerino de club para adultos.




—Neil, explícame qué demonios es esto ahora.

Ya estaba perdiendo mi paciencia.

—Siéntate y déjame explicarte, ¿ok?

Neil se sentó enfrente de uno de estos espejos gigantes y encendió las luces de la mesa.

Yo me senté en una silla de metal que estaba por ahí.

—Mira, seguro que crees que te traje a un lugar de mala muerte, ¿verdad?

—Pues un club de este tipo no se ve muy bien.

—El Table Dance es una fachada para el verdadero negocio Pedro.

—Entonces si son drogas, ¿no?

—Ya te había dicho que no.

—¿Entonces?

—Servicios de “acompañantes” —dijo Neil de forma casual.

—¿Qué?

—Lo que oyes, pero no es el típico negocio sucio que crees, esto es una operación muy grande.

—Maldita sea, ¿cómo me metí en esto?

—No lo veas desde el lado negativo.

—¿Entonces que debo hacer?

—¿Recuerdas que te conté que yo soy Scort? —Preguntó Neil.

—Si, ¿y qué?

—Que también te conseguí un trabajo de Scort a ti mi amigo.

Mi mente hizo cortocircuito.

—Si, pero Neil tu eres joven y guapo, yo tengo 36 años y estoy hecho una mierda.

—Exactamente.

—¿Como que exactamente Neil?

—Exactamente, en un trabajo como este no puedes ser tú mismo, ni siquiera yo —dijo—. No hay mucho mercado para hombres acompañantes.

—¡Si, es por eso que creo que no tienes ni idea de cómo conseguir un puto trabajo, estoy desesperado y me vienes con estás estupideces! —le grite a Neil.

Ya me iba a marchar, pero Neil con su característica sonrisa me dijo:

—Espera, mira esto.

De su cartera se asomaban una enorme cantidad de billetes.

—Todo esto lo hice en un mes —confesó.

—Mierda, ¿es enserio?

—Si, pero fue gracias a esto —dijo mostrándome las pastillas.

Ya intrigado le pregunté que qué eran.

—Son pastillas X-Change, son especiales para cambiar el sexo de la persona que las toma.

—Otra vez me estás tomando el pelo.

—No Pedro, es enserio mira.

Neil abrió una de las pastillas y se la tomó con un poco de agua que había en la mesa.



—Tarda unos minutos —dijo con la voz un poco extraña.

Tenía el pomo de la puerta agarrado, listo para irme.

Ya habían pasado cuatro minutos.

—Ya va a empezar, lo siento.

Y tenía razón, el cabello rubio de Neil comenzó a crecer aceleradamente, y su ropa parecía quedarle más y más grande.

—Mira, de verdad estoy cambiando —dijo Neil con una voz muy aguda.

Yo solo pude ver horrorizado.

Su cara estaba totalmente cambiada, sus facciones eran parecidas, pero en verdad parecía una mujer de la misma edad de Neil.

De pronto se movió rápidamente y desabrochó su camisa, su pecho plano comenzó a hincharse y sus pezones se veían mucho más grandes y oscuros.

Parecía como si le estuvieran creciendo senos.

—Ya casi —dijo Neil con cara de angustia.

Tocó su entrepierna y me miró totalmente cambiado.

—¿Ves que no mentía?


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