Capítulo 2: Nuevo trabajo
Odio no poder dormir.
Eso implica que todo el día
siguiente a mi desvelo tendré que cabecear, beber cantidades mortales de café y
rogarle a Dios por no quedarme dormido en el trabajo.
Esta vez tuve suerte ya que el señor
Urrutia estaba en una reunión con sus superiores así que dejó nuestros traseros
en paz por unas horas. Las cuales aproveché para dormir lo más que pude.
Cerraba los ojos mientras fingía escribir, y me llenaba la boca de mi café
calientito.
Mis compañeros no parecían
percatarse de lo que hacía así que seguí descansando todo lo que pude.
Ese maldito pensamiento del trabajo
de Neil.
¿Por qué demonios me importaba
tanto?, seguro era otro simple trabajador de recursos humanos en una empresa
nocturna más.
Lo más probable es que me sintiera
intrigado debido a la plática tan interesante que tuvimos.
Me preguntaba cuándo presentaría el
reporte en contra del señor Urrutia, tal vez esa junta en la que estaba era en
la que lo estaban regañando por su comportamiento.
Me quedé pensando un rato mientras
seguía avanzando lo más que podía mis pendientes
Y a las 4 de la tarde llegó la hora
de la comida.
Me dirigí a la cafetería y pedí un
almuerzo gratuito de la empresa, era un pedazo de bistec con tortillas y
ensalada. Muy poca cosa, pero obviamente era muy nutritivo.
Me puse a comer mientras escuchaba
música en mis audífonos y de pronto sentí como alguien me daba unos
empujoncitos en mi espalda.
Me giré quitándome un audífono y me
encontré a Neil.
Podría haber jurado que la cara
entera se me iluminó por ver de nuevo a mi más reciente amigo.
—¿Que hay socio? —preguntó Neil sentándose
en mi mesa.
—Nada amigo, estoy almorzando —dije
con la boca medio llena.
—Genial, yo también comeré.
Saco una bolsa pequeña y dentro de
ella había una serie de tuppers y utensilios de plástico rígidos.
Neil tenía una comida que se veía
muy buena, parecía pollo con pasta y verduras.
—¿No comes de la cafetería?
—No amigo, esa comida parece de
prisión, sin ofender. —Neil sonrió y empezó a comer.
—La verdad si parece.
Ambos comimos y yo aproveché para
preguntarle aquello que me inquietaba tanto.
—Oye Neil, anoche no pudiste decirme
cuál era tu tercer trabajo.
Neil hizo una expresión muy extraña.
—¿Para qué quieres saber?
—Para nada, simplemente me
inquietaba.
—Solo puedo contarte que no tiene nada
que ver con ser psicólogo.
—Oh, ok.
—Mira, me agradas y creo que puedo
confiarte esto.
—Claro amigo —dije con cara solemne.
—Por las noches soy Scort.
Casi me atragantó.
—Oye, dijiste que podías soportarlo
viejo.
Tosí un poco y dije:
—Si, solo que me sorprendió eso es
todo, eres bien parecido seguro te va bien.
Neil solo se rio nerviosamente y
declaró que tal vez eso no era lo más importante de su trabajo.
No quise ser impertinente y dejé el
tema.
Platicamos un poco sobre nosotros y
un poco de cosas frívolas.
Al pasar el tiempo de comida fui al
trabajo de nuevo y para mí mala suerte el señor Urrutia estaba esperándome en
mi escritorio.
—Así lo quería ver Torres, holgazaneando
como siempre.
—Hola señor, solo fui a comer.
—Eso no es excusa para no trabajar.
—Aun ni siquiera es hora de seguir
señor.
—Desde que hablaste ayer con ese
vago de recursos humanos te has puesto muy valiente, ¿no Torres?
Cállate maldito viejo idiota, no
sabes nada.
—Sabes, ya vi que levantaron un
reporte contra mí, pero no van a poderme hacer nada, estás despedido.
Mi sistema nervioso central se
desconectó por completo, las piernas me flaqueaban y me sentí mareado.
—¿Qué?
—Tu y tú nuevo amigo, psicologuito
de quinta.
—No puede hacernos esto.
—Ambos están por debajo de mí, y yo
decido quien se va y quién no.
Vi mi escritorio y la montaña de
papeles encima de él. Un impulso animal se apoderó de mí y arroje todo al piso.
—Váyase al mierda viejo imbécil.
Me di media vuelta y caminé lo más
rápido posible hacía la salida.
Entre a mi auto después de haber
recogido mis cosas y arranque. Llegué a casa y me tumbé en el sillón.
Mierda, lo había arruinado todo, yo
y mi bocota.
Si no hubiera dicho nada, nada de
esto hubiera ocurrido.
De pronto alguien me llamo al teléfono celular, respondí de inmediato, era Neil.
—Hola Pedro, disculpa que te llamé,
pero me enteré de que a ti te despidieron también.
—Si —dije con amargura.
—Lo lamento amigo, es mi culpa si no
hubiese mandado el reporte del señor Urrutia esto no hubiera sucedido.
—No es tu culpa Neil, es de él.
—Oye, ¿hay algo que pueda hacer por
ti?
—No lo creo, ¿Oye y como conseguiste
mi número?
—Logre robarme la hoja de tu
expediente.
—Oh, ok.
—Pedro, seguimos en contacto amigo,
saldremos de esta.
Neil se portaba de manera muy
solidaria.
—Claro amigo, bye.
—Hey, adiós, amigo.
Durante esos días me convertí en
unas chambitas, hacía de todo para conseguir dinero.
Trabaje en el mercado levantando
bolsas para el puesto de una señora que conocía de toda la vida, limpie el
gimnasio del barrio después de hablar con el dueño, y buscaba trabajo en línea
como loco. Pero nada era suficiente. Incluso me plantee robar comida en buen
estado de los desperdicios del mercado, porque el dinero comenzaba a hacer
falta. Mi suegra Lupita no sabía nada de mi despido.
Yo pretendía trabajar normalmente.
Pero no conseguía la misma cantidad
de dinero, y me cansaba mucho más.
En la tercera semana de eso, yo ya
estaba empezando a pasar hambre y comía de lo que quedaba de fruta en el
mercado, le daba todo lo que ganaba a mis hijos.
Seguía hablando con Neil con
regularidad, era un verdadero amigo, una noche recibí una llamada a mi teléfono
de él.
—Socio, ¿cómo estás?
—En la mierda amigo —dije totalmente
derrotado.
—Lamento oírlo, pero hey tengo
buenas noticias.
—¿Me conseguiste el trabajo que te
pedí hace unos días?
—Algo así, tienes que venir conmigo
y te explicare de tu nuevo trabajo.
—Ok, solo mándame la dirección e
iré.
—Ok muy bien, te veo a las 9 ahí.
Colgué el teléfono y recibí la
dirección por WhatsApp segundos después.
Eran las 7:15, un sábado, día en que
no trabajaba. Mis hijos ya se habían dormido, y los dejé dentro de casa. Eran
niños listos, si pasaba algo ellos llamarían por teléfono o saldrían a la calle
a buscar ayuda. Pero nada pasaría, me asegure de apagar todo aparato eléctrico
antes de irme.
Tomé mi teléfono y pedí un Uber con
dirección al lugar que me mandó Neil, era cerca de Chapultepec en Guadalajara.
Zona relativamente de ambiente nocturno. La dirección parecía indicar una
especie de bar o antro.
Llegué y me baje del auto una cuadra
antes para estacionarme, camine y me encontré a Neil parado en la calle
esperándome.
—Hola Compadre, ¿Cómo estás? —Me
saludo Neil con cordialidad.
—Algo intrigado, la verdad.
—No te apures amigo, estás conmigo.
—¿Que es este lugar? —pregunté.
—Este es el Aphrodite, mi trabajo
principal por el momento.
—¿Qué es, un bar, un antro?
—Mas bien un club.
—Vale, ¿y que trabajo tenemos que
hacer aquí?
—Ven, sígueme.
Un sujeto con cara de malote me
detuvo y dijo:
—¿Neil, viene contigo?
—Si, es un trabajador nuevo déjalo
pasar.
El sujeto me soltó y me reuní con
Neil.
Era un tugurio oscuro y ruidoso. Nos
metimos por un pasillo al salón principal, en el cual había media docena de
chicas semidesnudas bailando en el tubo. Había otros veinte hombres sentados en
mesas y una que otra mujer.
—Neil, no me dijiste que era un club
para caballeros —dije casi gritando.
—Trabajo es trabajo Pedro —se excusó
Neil.
—Ya me imagino que trabajo me darán,
limpiar los baños, hacer bebidas o limpiar los malditos privados, ¿verdad?
—Nada de eso.
Neil siguió caminando llegó a otra
puerta que decía “solo para empleados”.
Detrás de esa puerta el ambiente
cambiaba radicalmente de una oscuridad horrible a una luminosidad blancuzca
cegadora. Las paredes tenían azulejos blancos que reflejaban mucho.
Y había otro pasillo más largo con
puertas de madera con nombres escritas en ellas.
Pero también a nuestra derecha había
una especie de vidrio polarizado, como una ventanilla de un banco. Neil se
acercó y dijo:
—Hola Rosy, dame dos pastillas
porfa, tengo a alguien nuevo.
La música ya no se escuchaba tan
fuerte y logré escuchar a la mujer detrás del vidrio.
—Si, si, en camino.
Una mano huesuda salió de debajo del
vidrio y le entrego a Neil una cartera de pastillas recortada con tijeras. Eran
dos pastillas rosas.
—Vamos a mi camerino, amigo.
Lo seguí y le pregunté sobre las
pastillas.
—No me digas que esas cosas son
droga, yo no quiero meterme en eso.
No lo es, es algo diferente, dijo mientras sacaba una llave de su bolsillo y abría una puerta de las 20 que había en el pasillo blanco.
Nos recibió una habitación con dos
sillones, varias sillas, dos closets, locker, y dos mesas con vidrios gigantes
para maquillarse. Típico camerino de club para adultos.
—Neil, explícame qué demonios es
esto ahora.
Ya estaba perdiendo mi paciencia.
—Siéntate y déjame explicarte, ¿ok?
Neil se sentó enfrente de uno de
estos espejos gigantes y encendió las luces de la mesa.
Yo me senté en una silla de metal
que estaba por ahí.
—Mira, seguro que crees que te traje
a un lugar de mala muerte, ¿verdad?
—Pues un club de este tipo no se ve
muy bien.
—El Table Dance es una fachada para el verdadero
negocio Pedro.
—Entonces si son drogas, ¿no?
—Ya te había dicho que no.
—¿Entonces?
—Servicios de “acompañantes” —dijo
Neil de forma casual.
—¿Qué?
—Lo que oyes, pero no es el típico
negocio sucio que crees, esto es una operación muy grande.
—Maldita sea, ¿cómo me metí en esto?
—No lo veas desde el lado negativo.
—¿Entonces que debo hacer?
—¿Recuerdas que te conté que yo soy
Scort? —Preguntó Neil.
—Si, ¿y qué?
—Que también te conseguí un trabajo
de Scort a ti mi amigo.
Mi mente hizo cortocircuito.
—Si, pero Neil tu eres joven y
guapo, yo tengo 36 años y estoy hecho una mierda.
—Exactamente.
—¿Como que exactamente Neil?
—Exactamente, en un trabajo como
este no puedes ser tú mismo, ni siquiera yo —dijo—. No hay mucho mercado para
hombres acompañantes.
—¡Si, es por eso que creo que no
tienes ni idea de cómo conseguir un puto trabajo, estoy desesperado y me vienes
con estás estupideces! —le grite a Neil.
Ya me iba a marchar, pero Neil con
su característica sonrisa me dijo:
—Espera, mira esto.
De su cartera se asomaban una enorme
cantidad de billetes.
—Todo esto lo hice en un mes
—confesó.
—Mierda, ¿es enserio?
—Si, pero fue gracias a esto —dijo
mostrándome las pastillas.
Ya intrigado le pregunté que qué
eran.
—Son pastillas X-Change, son especiales para cambiar el
sexo de la persona que las toma.
—Otra vez me estás tomando el pelo.
—No Pedro, es enserio mira.
Neil abrió una de las pastillas y se la tomó con un poco de agua que había en la mesa.
—Tarda unos minutos —dijo con la voz
un poco extraña.
Tenía el pomo de la puerta agarrado,
listo para irme.
Ya habían pasado cuatro minutos.
—Ya va a empezar, lo siento.
Y tenía razón, el cabello rubio de
Neil comenzó a crecer aceleradamente, y su ropa parecía quedarle más y más
grande.
—Mira, de verdad estoy cambiando
—dijo Neil con una voz muy aguda.
Yo solo pude ver horrorizado.
Su cara estaba totalmente cambiada,
sus facciones eran parecidas, pero en verdad parecía una mujer de la misma edad
de Neil.
De pronto se movió rápidamente y
desabrochó su camisa, su pecho plano comenzó a hincharse y sus pezones se veían
mucho más grandes y oscuros.
Parecía como si le estuvieran
creciendo senos.
—Ya casi —dijo Neil con cara de
angustia.
Tocó su entrepierna y me miró
totalmente cambiado.
—¿Ves que no mentía?



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