Capítulo
28: Ayúdame a entender
Ser hombre o mujer he ahí la cuestión.
Llevaba casi
medio día sentado en la banca de aquel parque contemplando el atardecer y el
pequeño lago que estaba frente a mí. Me comía la cabeza con tantos malditos
pros y contras que ya estaba empezando a pensar en círculos y a no darme a
entender a mí mismo.
Me empezó a doler la cabeza ya que llevaba ya horas son comer, para mí
suerte había un señor vendiendo nieves a unos cuantos metros, así que le compré
una de limón y me volví a sentar. Comiendo esa nieve recordaba las múltiples
veces que me habían llevado a restaurantes súper caros y ninguno era muy bueno,
disfrutaba más de una simple nieve de la calle.
Eso me hizo pensar en las cosas más simples, volver a lo básico como me
había dicho Nelly.
Así que me
volví a plantear mis pensamientos. Ahora planteándolo desde lo más simple,
eliminando detalles insignificantes cómo que el maquillaje es caro o que como
hombre tengo que afeitarme, a fin de cuentas, era objetivamente más feliz como
mujer. Hice más dinero que en toda mi vida como hombre, le pude dar mejores
cosas a mis hijos y podía estar con ellos sin matarme horas y horas en una
oficina, conocí muchos lugares y personas y finalmente había aprendido a como
disfrutar plenamente de ser mujer, me había creado una vida completamente nueva
para mí.
Pero la
única cosa que aún no podía ignorar era el que haría si aún con este dinero y
con la cosa que sé ahora podría mantenerlo siendo hombre, además de si
finalmente me decidiría a ser heterosexual como hombre o como mujer.
Pero eso solo podía probarlo viviendo un tiempo como hombre, lo cual ya
había hecho. Ya no ganaba
Fabián llevaba ya casi media hora lamiendo mi ano, y masturbándome con
sus largos y gruesos dedos.
Metió su pene lentamente en mi ano, y mi pene se puso muy duro.
Ahí va hermosa,
—ah si, por favor.
Al final
sacó su pene y solo pude sentir como mi ano estaba totalmente dilatado, me puse
de cuclillas en el piso y pujé un poco. Desde lo más profundo de mi recto salió
escurriendo una gota enorme de semen caliente.
Fabián me
separo las nalgas y se agacho rápidamente. Pegó sus labios a mi trasero y con
su lengua limpió el desastre que había hecho en mí, pero el muy malo no se lo
trago, me volteó con brusquedad y me puso la mano en la cara para que abriera
la boca, me forzó a abrirla y escupió su semen dentro de mi otra vez. Pero no
paró ahí, metió su lengua a mi boca y comenzó a pedirme un beso francés.
Nuestras bocas apestaban a semen muy fuerte y estaban pegajosas. El semen y la
saliva se entremezclaron y nuestros labios comenzaron a rebosar todo ese
líquido, me empezó a caer en el pecho y embarrarme el cuello. Le pedí que
parará y él se apartó de mí.
Yo gemía como toda una zorrita y me estrujaba el pecho como lo hacía con
mis tetas de mujer. Fabián salió de mí y me empezó a besar los pezones,
poniéndomelos duros como piedra, su gran pene chocaba con mi estómago y sus manos
me magreaban las nalgas con rudeza, tanta que de vez en cuando un dedo se le
resbala a por “accidente” y me lo terminaba metiendo por el ano. Pero se
divertía buen rato ahí, dándome un gran masaje de próstata y abriendo más mi
culito.
seguía comiéndose mis pectorales.
Lo desperté
sentándome sobre él y metiendo su pene fácilmente dentro de mi dilatado ano,
entró fácilmente como si fuera mi vagina, el lubricante hacia maravillas. Apoyé
mis manos en su pecho y le di unos sentones fuertes, mis nalgas rebotaban y
golpeaban su pubis, mientras mi flácido pene se restregaba en su duro estómago.
Por fin sus manos se unieron al juego, agarró mis caderas a ambos lados y
comenzó a penetrarme con dureza al mismo ritmo que yo azotaba mis nalgas sobre
él.
No duramos
ni 3 o 4 minutos y ambos tuvimos un orgasmo, sentí cómo mis entrañas se
llenaban de un espeso líquido caliente, y mi pene esparció una minúscula
cantidad de semen, apenas unas tres gotitas insignificantes. Pero no
significaba que no hubiera tenido un poderoso orgasmo, mi ano se estrechó por
las contracciones y mis ojos se cerraron por la potencia de aquella sensación
tan hermosa que la verga de Fabián me había regalado.
Ambos estábamos calientes y sudorosos y aún teníamos ganas, yo me deje
caer sobre su pecho y el siguió penetrándome ya más despacito pero profundo. Estábamos
abrazados en la oscuridad, y solo se escuchaba es mecer de la cama y sonidos
húmedos provenientes de nuestras entrepiernas. Hicimos el amor durante un rato
más y nos quedamos dormidos abrazados.
Al despertar
pude verlo de reojo, aún dormido y se me ocurrió volverlo a despertar, pero
esta vez con un beso. El abrió los ojos y me miró con extrañeza.
—Pensé que no te atreverías a volverme a despertar hermosa.
El
escucharlo decirme hermosa activó algo en mí que mi sueño me había quitado, así
que volví a actuar de manera amanerada y a tener la voz aguda.
—Papi, solo quería que te despertarás para poder seguir divirtiéndonos
—le dije propinándole otro beso.
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