viernes, 21 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (20)

 

Capítulo 20: Novicia

Los negocios en el Aphrodite eran simples, te metías, le vendías tu maldita alma a un demonio con sobrepeso y terminadas prostituyéndote con personas aleatorias.

Era poco usual que fuera al Aphrodite a trabajar últimamente, era mucho perder el tiempo y pocos negocios, estaba tan bien regentada que ya no hacía falta estar ahí entre las otras chicas comunes.

Debí decir que con el tiempo Nicol se hizo más conocida por los clientes, al punto que llegué a ser “pedida” por los peces gordos. Los peces gordos eran los hombres con más dinero, aquellos que les daba igual gastar unos miles de dólares en una noche. Muchas chicas/hombres de mi trabajo morían porque uno de ellos pague por ellas/ellos, pues sabían que eso implicaría una muy buena propina u otros regalos. Sin embargo, son tipos bastante exigentes, eran muy pocas las chicas que pedían. Incluso a Nelly le costó un poco obtener ese tipo de clientes antes de haber decidido dejar de trabajar, pero aún seguía apoyándola, después de todo nuestra relación de nuevo volvió a mutar, pasamos de ser amigos, a maestra y aprendiz, de nuevo amigas, luego a semi-amantes secretas y últimamente a ser familiares de mentiritas. Nelly me dijo que se retiraba el mismo día de su boda, por eso había invitado a Papi, para que no pareciera que lo había abandonado.

Aun así, me carcomía que el destino quería que siguiera conociendo personas, un día papi me llamo a su oficina, olía horrible como a bourbon añejo y tabaco barato.

Abrí las grandes puertas y la oscuridad me envolvió, había una chica menuda y delgada sentada en una silla de la mesa de papi, y él estaba en su silla de oficina de cuero fumando como un cabrón.

—Nicol, justo la nena que quería ver —soltó con su maltrecha voz.

—Hola papi, ¿Me buscabas? —dije con la voz más femenina que pude.

—Si, si mira a esta muñequita aquí delante de mí, será tu nueva compañera quiero que la entrenes, tiene potencial como tú y no quiero que las demás zorras la echen a perder.

—Pero papi, yo… nunca he tenido a nadie a mi cargo y…

—¿Me estás cuestionando? —dijo papi poniéndose derecho—¿A mí, a tu jefe?

—No papi, yo jamás lo haría —dije acercándome a él y tomando su mano— haré lo que me pidas.

Me apartó de un manotazo y dijo:

—Llévatela antes de que me empiece la gastritis, andando, largo.

Tomé a la nueva chica de la mano sin voltearla a ver y me fui rápido de la oficina, mientras un negrote cerraba las puertas detrás de nosotras.

No me detuve hasta llegar al camerino y por fin solté a la chica.

Al mirarla bien me di cuenta de que era una total belleza, su piel era blanca como la leche, sin imperfecciones, de ojos color miel y cabello castaño. Era delgada, pero tenía un muy buen pecho y sus caderas eran pronunciadas.

Tenía esa típica belleza de las chicas comunes y corrientes que eligen para ser supermodelos. Parecía tímida y estaba muy callada, apenas y respiraba.

 


—¿Como te llamas? —le dije con voz suave.

—Soy Hugo.

—Emm…. Yo soy Nicol, tengo otro nombre de hombre, pero no te lo diré por ahora, lo siento.

—Está bien —dijo con voz quebrada.

—¿Tienes miedo?

Asintió sin hacer ruido. A lo que yo cerré la puerta con seguro.

No te apures, ellos nunca vienen para acá, no te harán daño, yo te ayudo si eso llegara a pasar.

—Rayos, dónde me he metido —dijo al borde de las lágrimas.

—Hey tranquilo, ¿quieres agua o algo?

—Agua está bien.

Tomé del minibar una botellita de agua y se la di.

—¿A ver cuéntame qué pasó?

Ella solo pareció estar intranquila y tembló un poco.

—¿Papi te da miedo no?

—Si, es un hombre extraño.

—Si a mí también me da miedo, pero ya me acostumbré —dije con voz cansada— cuéntame cómo llegaste aquí cuando te calmes.

Pasaron unos minutos y la pequeña chica pareció tranquilizarse, su voz era áspera y gruesa. Pero seductora de igual forma.

—Yo supe de este trabajo por un amigo que ha venido varias veces aquí a buscar chicas y la verdad yo necesitaba dinero, hablé con uno de los guardias y me llevo directo con ese sujeto y me dio una pastilla, creí que me secuestrarían o algo, pero esto es aún peor.

—No hay de que preocuparse, tiene remedio mira.

Le tendí una de las pastillas que te devuelven a la normalidad y le pedí que se la tomara, pareció desconfiado así que yo lo hice primero. Se sorprendió mucho y después de una pequeña explicación terminó tomándosela ella. Resultó que era un chico de veintipocos cómo Neil y era ligeramente parecido a su contraparte femenina.

—Gracias, tenía miedo de no volver a ser quien soy.

Le di una explicación detallada del funcionamiento de las pastillas y saqué para él un frasco con ambos tipos de pastillas X-Change de un botiquín.

Me bombardeó con cientos de preguntas más, de dinero y de trabajo y de mil cosas más. Parecido a la plática que tuve con Nelly hace ya más de un año.

Pacientemente le expliqué cómo era el negocio y aproveché para preguntarle el porqué estaba aquí.

—Bueno, yo tenía unas deudas porque necesitaba dinero para mi familia y mi escuela, un amigo me recomendó con papi —explicó el chico más calmado y bebiendo agua— pero el cabrón me metió una pastilla a la boca sin preguntarme ni explicarme nada y entré en pánico.

—Si, está muy drogado siempre, hace locuras, pero no te preocupes por él, no vendrá por aquí —dije tranquilo— a veces parece tener la memoria de una mosca.

El chico se rio y me agradeció la ayuda.

—¿Oye, y entonces tú en realidad eres un hombre como yo?

—Si, como te dije solo me transformo cuando trabajo, últimamente me mantengo más como mujer, pero es por la variabilidad del horario de trabajo.

—Oh ok, ok.

—Mira hijo, siento que este trabajo no es para ti, eres muy pequeño y no creo que…

—Si, yo también lo creía, pero mi familia está a punto de ser desalojada de la casa, si no los ayudo todos nos vamos a la mierda.

—Wow, pareces decidido.

—No hay de otra —dijo el chico muy serio.

—Bueno mira yo ya te expliqué sobre el trabajo, pero es muy demandante tanto física como mentalmente —dije serio— ¿crees poder soportarlo?

—Bueno, tengo más juventud y además soy gay así que por lo de estar con hombres no creo que sea tan complicado.

—¿Espera, eres gay?

—Si.

—Bueno, tal vez eso te ayude a soportarlo un poco, pero igual es difícil estar con gente que no quieres.

El chico solo me miró con algo de tristeza.

—Pero la verdad no tengo ni puta idea de cómo empezar en el trabajo —dijo sincero el chico.

Me apiadé de él y le dije:

—Mira, papi me pidió hacerme cargo de ti y la verdad yo no soy esa típica persona malosa ni estoy confabulado con Papi —dije igualmente sincero— sabes, yo tengo una familia y no la arriesgaría a esto si no supiera que estaba en problemas financieros.

—Entiendo.

—Mira, yo y mi amiga Nelly podemos ser tus padrinos… madrinas en esto y ayudarte a adecuarte.

—Suena bien.

—Bueno, mira ya te platique acerca de ella, mañana la visitamos y te enseñaremos algunas cosas básicas.

Le di mi número de teléfono y lo acompañe hasta la salida del Aphrodite, le pagué un taxi y le dije que me llamara temprano en la mañana.

Llamé a Nelly y le expliqué la situación.

—Mierda colega, hace un año yo te estaba entrenando a ti, ¿y ahora te has convertido en maestro?

—Nunca me lo habría imaginado, pero aun así necesito tu ayuda Nelly.

—Naturalmente amigo, mira podemos verla mañana sin problema, la llevamos al centro comercial como a ti y luego a mi casa, le enseñaremos los básicos.

—Vale, me parece bien.

—Hasta luego bebé —me dijo Nelly.

—Adiós Nelly, bye.

Colgué el teléfono y volví a enfocarme en el trabajo de la noche.

 

 

A la mañana siguiente recibí una llamada a mi celular, era la voz del chico y le expliqué el plan que tenía con Nelly, pasé a recogerlo en mi auto y hablamos de cosas del trabajo sobre el camino. Yo estaba como hombre para que no se espantara.

—Mira, si encuentras a un cliente que le gusta la sumisión trata de robarle lo que puedas o pedirle dinero y regalos, siempre funciona.

—Ok, ok.

—Si el cliente es grande trata de mantenerlo charlando y perderá la fuerza poco a poco.

—Ok sí, sí.

—Si ya no tienes ropa o cosas pon alguna historia triste en tu Instagram de chica o tu número de WhatsApp y más de algún cliente te regalará un poco de cosas.

—Ok, ok anotado.

—Si ves a un pez extraño en una pecera de aspecto caro por favor nunca le preguntes nada al dueño o te explicará sobre peces 3 horas.

—Ok no preguntar, ok.

—Si ves que el cliente es homofóbico y no sabes que eres chico en realidad cágate de la risa, ah y siempre ten una coartada de lo que sea con tu familia y ellos no preguntarán nada.

—ok, jaja, ok

—Bien, esos fueron solo unos consejos, hay más de esos, pero esos son los básicos.

Llegamos al lugar de Nelly y ella estaba esperando en la puerta con una copa de vino en la mano.

—Nelly, si no te conociera diría que eres alcohólica.

—Cierra el pico Pedro, hoy necesito esto.

Entramos con Nelly y nos sentamos en la mesa del comedor.

—Bien chico, ¿así que eres el nuevo del negocio eh? —Preguntó Nelly con la voz áspera.

—Si, ¿tus eres Nelly no? —le preguntó el chico de forma seria.

—Si, soy amiga de Pedro, yo fui su mentora cuando él entró.

—¿En serio?

—Claro, yo le enseñé un par de cosas y míralo ahora, ha subido mucho en el trabajo.

—No creo que sea algo de lo cual alegrarse —dije amargamente.

—Hey socio mientras obtengas dinero y no le hagas daño a nadie el trabajo es honesto.

—Si tú lo dices —dije sobándome los ojos.

—¿Entonces tú le enseñaste a él a ser mujer, puedes enseñarme a mí? —dijo el chico emocionado.

—Eh espera chico, yo no le enseñé a Pedro a ser mujer, solo le enseñé a actuar como una y un par de cosas extra. Ser mujer es algo más complejo.

—Bueno lo que sea, ¿pueden enseñarme esas cosas no?

—Puedo aconsejarte un poco pero ya no trabajo en eso, estoy recién casada, así que no podré ayudarte tanto como quisiera, solo de vez en cuando —explicó Nelly.

El chico chasqueó la lengua y pareció decepcionado.

—Rayos.

—No te preocupes muchacho, estás en las hábiles manos de Pedro. Es el mejor en el negocio te lo aseguro, poco a poco está montando su pequeña fortuna —dijo volteándome a ver.

—Es mejor si estás conmigo a con alguna otra del Aphrodite, solo Dios sabe las mañas que tengan.

Era cierto, en tantos meses de estar trabajando en el Aphrodite solo había conocido a las chicas de la primera fiesta a la que fuimos y pocas más, todas siempre parecían ocupadas.

—Sabes, aún no es tarde para retirarte si no quieres.

—Tengo que conseguir ese dinero, solo lo puedo conseguir si me hago narco o si invento la cura del cáncer.

El chico pareció resignarse y dijo:

—¿Está bien, por dónde empezamos?

—Bueno chico primero tenemos que comenzar por conseguirte cosas propias, ropa maquillaje y eso.

—Hey, no tengo dinero de dónde saco para comprar eso

—Te regalaremos unas cuantas cosas, tómalo como un presente o lo que quieras.

—¿Ok y que es lo que necesito?

—Te llevamos al centro comercial y allá lo vemos, son tantas cosas que no podemos ni siquiera contarlas.

El chico se vio preocupado cuando le dije que todos tomaríamos la pastilla, ya que llamaríamos mucho la atención siendo hombres y viendo puras cosas de mujer.

Después de casi una hora dentro del centro comercial las cosas parecían ir bastante tranquilas, incluso nos sorprendió que el chico tuviera algunas nociones de ropa femenina.

—Bueno es lo que llevan puestas mis amigas en las fiestas y eso, no es difícil saber lo que ocupan.

Donde ocupó más ayuda fue con los maquillajes y los productos de higiene, ya que eran cosas más personales.

Pero de igual forma obtuvimos varias cosas y aproveché incluso para comprar algunas cosas que se me hicieron bonitas y estaban en descuento.

Terminamos de igual manera sentadas en una banca comiendo nieve, ese era nuestro último regalo ya que estábamos algo escasas de efectivo después de tantas compras.

De igual manera me pareció apropiado preguntarle al chico que nombre utilizaría, y le conté la historia de como elegí el mío.

—Bueno, Huga no puede ser, suena muy prehistórico —dijo riendo.

——¿Tienes otro en mente? —preguntó Nelly.

—Bueno no sé…

En ese momento un grupo de chicas se cruzó corriendo frente a nosotras y saludaron a otra chica que estaba a pocos metros, parecían colegas de la escuela.

—¡Hannah, amiga! —gritó una de ellas abrazando a la chica— tanto tiempo.

Hugo nos volteó a ver y dijo:

Bueno creo es señal suficiente para saber cuál es mi nuevo nombre, dijo con una sonrisa.

 

 

—Mira hijo el negocio es difícil, pero noble si te portas bien y trabajas duro serás bien recompensado —le dije a Hugo mientras lo llevaba desde su casa al Aphrodite.

Me había contado un poco más en el camino sobre su vida, la enfermedad de su madre, su relación con sus hermanas y la historia de maltrato de su padre, muerto por adicciones con las drogas. No le preguntaba nada, solo lo dejaba hablar.

—Entiendo —dijo el chico mirando pensativo la ventana— ¿Oye te puedo preguntar algo?

—¿Sobre qué? —le dije.

—Pues tengo duda sobre ti, ya ves que ayer Nelly me contó sobre cómo pasó de ser hombre a entender que en realidad siempre quiso ser mujer, y como tomó esa decisión —relató el chico— ¿Tú te consideras un hombre o eres mujer ya casi siempre o eres gay como yo?

—Mira, es complicado —las preguntas me sentaron con una descarga eléctrica de 1,000 voltios—Yo me considero un hombre, pero en realidad paso más tiempo como mujer últimamente, pero es solo por trabajo o si me conviene, además no soy gay.

Pude sentir la penetrante mirada de Hugo de completa incredulidad.

—Pues Nelly me contó sobre cómo son muy cercanas ustedes dos.

—Esa maldita Nelly —dije para dentro de mi— ¿qué te dijo?

—No mucho, solo que a veces están “juntas” —dijo haciendo señas de tijeras con los dedos.

Por voltearlo a ver casi choco con el carro de adelante.

—¿Pues es cierto y…?

—Nada, solo curiosidad —dijo algo afeminado.

—Pues sí, he estado con ella porque me gustan las mujeres, soy hombre después de todo.

—Nelly me platicó algo sobre otra chica y un hotel también.

No me la podía creer.

—Si, eso también pasó.

—Qué raro —dijo con voz áspera— ¿Bueno y en el negocio que haces mayormente?

—Eso, mejor cambiemos el tema, pues bueno salgo con personas que contratan mis servicios, hasta el momento solo hombres que quieren que salga con ellos o que vayamos a un hotel o a sus casas.

—¿Entonces sales y tienes sexo con otros tipos?

—Si, y tú también harás eso listillo, me estás empezando a cansar.

—Bueno, pues perdóname, pero tus afirmaciones y lo que haces no concuerdan, o mientes o eres hipócrita.

—¿Que tratas de decir muchacho?

—Dices que eres un hombre, pero siempre estás como mujer, que eres hetero, pero solo tienes sexo con hombres y con mujeres no puedes, a menos que no estés igual transformada en mujer.

Sus palabras eran tan filosas y exactas como un bisturí que cortaba toda mi masculinidad.

—En serio viejo, si quieres ser mi mentor es mejor que no me mientas o puedo meterme en líos.

Frené el auto en seco en una esquina.

—Mira maldito mocoso, no sé quién te has creído o si tus ideas de diva te tienen podrido el cerebro, pero a mí no me… —detuve en seco mis gritos.

La cara del chico, aunque pálida se encontraba en perfecta tranquilidad.

—¿Así como? —dijo en voz baja— ¿con la verdad?

No tenía caso discutirle nada al niño.

—Ya había discutido esto también con Nelly, puede que tengan razón y que mis acciones no reflejen en verdad lo que quiero aparentar que pienso.

—No hay nada de malo en disfrutar lo que haces, ¿sabes?

—A veces hasta creo que lo disfruto demasiado —dije con extrañeza.

—Espero que me pase igual —dijo divertido el chico.

—Es que es demasiado difícil, mira soy padre, soy el hombre más viejo de los 3 y estuve casado, son muchas cosas que procesar.

—La vida da cambios muy extraños amigo, o te adaptas o te mueres.

—No cuestiono eso, solo que esto no entra dentro de mis planes de vida, es temporal.

—Amigo, ser puta es algo con lo que se nace, o lo tienes o no lo tienes, así de simple y por lo que sé fuiste bendecida con ese don.

—No soy una puta —ni siquiera me pude convencer a mí mismo de tal afirmación, mi oficio técnicamente era ser puta, pero hay de putas a putas. ¿Saben lo que digo?

El chico se quedó callado.

—Yo no te cuestiono nada y tampoco lo haces, ¿trato? —le dije para terminar la conversación.

—Seguro viejo, una disculpa si te ofendí.

—Igual perdóname por haberte gritado, vamos tarde.

Conduje y terminamos fundiéndonos con las oscuras calles de la ciudad.

Esa noche no pude dejar de dar vueltas en la cama, las palabras del chico me taladraron el cerebro. Y me puse a reflexionar de cómo me había comportado en los últimos meses, exactamente después de mi viaje a Dubái con el señor Black.

Con cada mes que ha pasado me he percatado de que paulatinamente me he vuelto más zorra, no solo en la cama sino en general, en mi trato con los clientes, en las fiestas que me invitan, incluso hasta en la maldita ropa que uso. Lo que me hizo tener curiosidad sobre mi closet.

Me levanté de la cama y abrí mi armario especial, no tenía llave ya que Lupita cuidaba a los niños, más de 100 prendas de mujer había en mi repertorio, y de hombre me había desecho de tantas cosas que ya no me agradaban que ahora solo me quedaban 3 playeras, una camisa, una corbata (la cual solo usaba cuando me disfrazaba de maestra sexy), un par de tenis, poca ropa interior (que igual usaba como mujer porque era cómoda) y unos pares de pantalones viejos.

Todo lo demás dentro del armario tenía lentejuelas, encaje o tenía colores pastel.

Incluso el no haberme tomado la pastilla para volver a la normalidad decía mucho de mi estado mental actual, estaba cómoda como mujer. Cómo mencioné me sentía cómoda con mi anatomía actual, no sudaba tanto, no tenía que rasurarme y era más cómodo estar sentado por largos períodos sin tener que preocuparse de aplastarse un testículo por accidente.

Arrojé mi ropa al piso y volví a acostarme y pensé más en mi vida.

Mi heterosexualidad estaba tan cercenada como un maldito veterano de Vietnam.

Hace muchos meses que tengo sexo como mujer con hombres y por el contrario llevo años sin hacerlo con una mujer yo siendo hombre. Y por más que intente resistirlo y negarme a ello, me ha empezado a gustar sentir como me besan, como me nalguean con fuerza, como me abrazan con sus grandes brazos, como juegan con mis tetas. Incluso como me la meten por el coño o la boca.

Me pasé las manos por el cuerpo y sentí cierta excitación. Lo primero que vino a mi cabeza fue el recuerdo del hombre con el que había tenido sexo en la fiesta de Nelly, por mucho que odiara a ese idiota no puedo negar el simple hecho de que su voz hacía que se me calentara el coño.

Traté de excusarme pensando que es algo propio de un cuerpo de mujer, sin embargo aún como hombre me imagino de vez en cuando el cuerpo de otros hombres, su olor, incluso una vez pensé en el sabor de una verga en mi boca, o cuando veo un hombre guapo caminar por la calle me quedo mirándoles con cierta curiosidad y a veces ellos se percatan de que una chica hermosa se les queda mirando y van a tratar de ligar conmigo, esas memorias las iba suprimiendo pero llegaban en poderosos torrentes a mi frágil mente.

—Tienes que sincerarte cabrón —dije mirando al techo.

A ver, ya quise compensar con mis nuevos apetitos tratando de ver a más mujeres desnudas por internet, no funcionó ya que no causaba reacción en mí, las tetas y las vaginas eran algo que yo ya podía ver todos los días, e incluso tenía una yo misma. También contraté una prostituta para tener sexo, pensé que así quizá regresaría mi gusto por las mujeres, pero al momento de hacerlo mi pene no se paraba, solo podía imaginarme tomando la píldora y siendo penetrada por otro hombre junto con ella, eso fue lo que no me permití contarme a mí mismo.

Y ser más perra en el trabajo implicaba ser también más fogosa y candente con los clientes. Pasé de escupir el semen en mi primera vez a tragarme el de varios hombres diferentes la misma noche, y aparte tener la desfachatez de sonreír y de disfrutar hasta cierto punto todo el proceso de una felación, pase de odiar el semen a amarlo tomándomelo cada que puedo.

Al principio bajo la idea de parecer más femenina y satisfacer a los clientes, pero luego me di cuenta de que no era únicamente eso, era yo que quería satisfacer mis propias necesidades de verga.

Ya me había dado una oportunidad de seguir actuando como hombre y no había funcionado muy bien, ahora no parecía mala idea intentar dejarme llevar y liberarme más como mujer.

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