lunes, 3 de marzo de 2025

Es lo que un hombre hace (11)

 

Capítulo 11: One more year

“La familia siempre será la mayor prioridad, y yo, como hombre, tengo la responsabilidad de proveer. Y lo haré a pesar de que no sea apreciado o respetado, simplemente lo soporto porque es lo que un hombre hace”.

Ya llevo seis meses en este trabajo y sigo repitiéndome aquella frase cada noche antes de tomar la píldora.

Los dos meses se fueron volando por todo el trabajo, y tuve que firmar otro contrato ahora por tres meses, veía un patrón ahí.

Los clientes cambiaron con el tiempo, he tenido una enorme variedad de clientes en todo este tiempo que llevo trabajando como Nicol. Incluso logré diferenciar los dos tipos de clientes, en primera están los que solo buscan una noche de sexo, como el primer cliente que tuve. Es simple, te recogen, te llevan a un hotel o a su hogar, ocurre la acción y pagan. Es algo humillante pero fácil de hacer, al fin y al cabo. Generalmente solo tengo desnudarme frente a ellos y dejar que hagan lo que quieran conmigo. Claro que muchas veces luego de ello apenas si puedo caminar o acabo con el trasero o el vientre adolorido.

Lo que es un poco más complicado, y humillante, son los juegos de rol que algunos clientes pagan por hacer. Por ejemplo, está el profesor Martín. La primera vez que me tocó con él pensé que sería una noche tranquila, pues solo vi a un hombre viejo y aparentemente aburrido. No obstante, ni bien llegamos a su enorme casa, me entregó una vestimenta de colegiala, junto con un juego de lencería y tacones que me ordenó ponerme. Como siempre, tuve que obedecer sin protestar, así que me coloqué la pequeña falda, las medias largas, y la camisa que apenas pude cerrar por el tamaño de mis pechos, incluso me hice dos colitas con mi cabello para aparentar más inocencia.

Ya vestida como una colegiala, empezó el juego de rol, el típico de la alumna y el profesor. Fingía ser una chiquilla inocente la cual se acercaba al escritorio de su maestro y con una pose muy sugerente le pedía que le ayude con sus notas. En aquel momento recordé como solía jugar con mi esposa, con la diferencia que ahora era yo la mujer. Entonces empecé a actuar como recordaba que mi esposa lo hacía, imitando sus gestos y sus poses. El cliente se veía feliz con ello, sin embargo, yo no podía sentirme más patético y triste por dentro. En fin, al menos esa noche tuve una muy buena propina y me llevé tanto el traje de colegiala como la lencería, lo cual me ahorraría uno que otro gasto.

Esa no fue la única noche que trabaje con el señor Martín, él me contrató múltiples veces para cumplir su fantasía, por lo que el papel de colegiala inocente me salía cada vez mejor. No obstante, he hecho varios “papeles” a lo largo de mi corta trayectoria, de maestra caliente, enfermera sexy, policía, criminal, etc. Todos roles que siempre terminaban siendo penetrado por el tipo de turno. Sin embargo, eso no fue lo más difícil que he tenido que hacer en todo este tiempo.

Una noche, tanto Nelly como yo, fuimos contratadas para animar una pequeña reunión de hombres. Me dijeron que no habría sexo, solo sería una exhibición, no obstante, aún me desagradaba el hecho de estar rodeado de un grupo grande con este cuerpo, si ya era repugnante ser tratado como una mujer por uno, no imaginaba tener que soportar ser morboseado por tres o cuatro más, sin embargo, trabajar al lado de Nelly me daba cierta seguridad.

No obstante, cuando llegamos al lugar, nos pidieron que hagamos algo que no esperaba para nada al ser tan novato, necesitabas ya tener años en el negocio como Nelly. Nos pidieron un baile del tubo. No estaba preparado, apenas si dominaba los tacones y querían que me cuelgue de una barra de metal y me ponga a menear el culo. Nelly me pidió que me calme y que trate de imitar lo que ella hacía. Entonces Nelly empezó con el show, comenzó a desnudarse poco a poco mientras abrazaba aquella barra, movía sensualmente su cuerpo mientras era acompañada con los gritos y silbidos de sus nuevos admiradores. Parecía toda una profesional, bailando con tal naturalidad y sensualidad que hasta a mí llegó a excitarme.

Una vez la canción que acompañaba sus movimientos terminó, supe que me tocaba, me moría de miedo y vergüenza, Nelly había dejado la vara bastante alta para alguien como yo, quién no tenía la más mínima idea de que hacer. Mi peor temor era ser abucheado por no saber moverme, que los clientes se quejen y a papi se le ocurra despedirme, no podía correr el riesgo de perder el trabajo, necesitaba el dinero, así que tuve que hacer mi mayor esfuerzo.

La música empezó a sonar nuevamente, tragué saliva y salí hacía la mini pasarela con firmeza, caminé lentamente moviendo mis caderas y haciendo sonar mis tacones hasta llegar al tubo. Los hombres gritaron y aplaudieron con solo verme, eso me dio algo más de seguridad, me duele aceptarlo, pero, en ese momento me sentí atractiva y deseada. Traté de imitar lo más que pude a Nelly empezando con pequeños giros alrededor de la barra mientras poco a poco me iba desnudando y tiraba mis prendas al público. No sé si fue la emoción del momento, la música, los gritos de aquellos tipos, todo el alcohol que tomé antes de salir a bailar o quizá la combinación de todo eso, pero solo por ese instante pude quitarme de la cabeza que era un hombre, sintiéndome completamente femenina y sensual.

La música acabó y el grupo de hombres no paraba de gritar y lanzar dinero, yo en cierta medida me sentí feliz y orgulloso de haber superado ese obstáculo sin mucho problema. Pero esa noche apenas iniciaba, mientras recogía los billetes que yacían en el piso Nelly nuevamente se acercaba a la barra. Me puso de pie, ante la mirada atónita del público y sin ningún aviso previo empezó a besarme, no tenía idea de por qué lo hacía, pero joder, ni sabiendo que es mi mejor amigo le negué un beso a tal mujer. Nuestras lenguas jugaban entre sí, mi mano derecha tocaba sus senos mientras la izquierda la terminaba de desvestir, ella hacía lo mismo conmigo, mientras los hombres gozaban de esa escena lésbica. Ambas terminamos desnudas metiendo los dedos a nuestras húmedas vaginas en el escenario, casi como nuestro encuentro en el mar, era la primera vez que me sentí totalmente en contacto con mi lado femenino y sentía un auténtico placer que no quería que se acabé. Fue tal mi éxtasis que sin darme cuenta terminé junto a Nelly rozando mis nalgas contra el frío y grueso tubo de metal y lo estaba disfrutando.

Ya al acabar nuestra noche, ambas regresábamos en el auto de Alfonso mientras yo tomaba la píldora, en ese momento no pude evitarle preguntar a Nelly por qué lo hizo, a lo que ella me respondió.

—Te dije que a los hombres les encantaban las lesbianas, mira la propina que nos dieron.

Nelly tenía razón, esa noche gané mucho más que cualquier otra noche y solo por dejarme llevar y aunque me avergüence admitirlo, ese fue un punto de inflexión en mi nueva feminidad. Más que en nuestro solitario encuentro, aquí pude probarme ante los hombres y ellos nos aceptaron con los brazos abiertos y los penes erectos.

Me acerqué a Nelly y le di otro beso ahora yo como hombre.

—Gracias, me has ayudado mucho con todo lo que has hecho.

Ella no dijo gracias, solo me devolvió el beso y acarició un poco mi pene por encima del pantalón.

Llegué a mi casa y me despedí.

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