martes, 25 de febrero de 2025

Es lo que un hombre hace (8)

 

Capítulo 8: La fiesta del señor A.

Llegamos temprano al aeropuerto, fuimos en el auto de Nelly, yo también ya convertida en mujer porque mi boleto estaba a nombre de Nicol.

El vuelo duro casi una hora, yo ya había volado un par de veces antes en mi trabajo y ya no me daban miedo los aviones. Pero Nelly se sintió algo mal en el vuelo, casi vomita algunas veces. Y pues me toco cuidarla.

Al llegar al aeropuerto de canción nos recibieron unos hombres con camisa de vestir y una tableta que Tenía varios nombres de mujeres, entre ellos el mío y el de Nelly, yo la tenía agarrada de los hombros y la ayudaba a caminar.

Junto al hombre de los nombres se reunieron las tres chicas que venían caminando detrás de Dora en el Aphrodite, no las habíamos visto en el avión.

Ya todas reunidas el sujeto nos llevó afuera y llegamos a unas camionetas blancas estacionadas afuera del aeropuerto. Dentro había chóferes en camisa guayabera y tan pronto nos subimos ellos comenzaron a avanzar el coche.

Yo como la metiche que soy pregunté.

—¿Oye guapo hoy a dónde vamos? —El muchacho volteó confirmándose lo de guapo y dijo que iríamos a la haciendo de su patrón, el señor Azcárraga.

Estuvimos platicando todo el camino, y el chico nos invitó a ir a unos buenos bares de la zona, además de enseñarnos la ciudad si queríamos.

Ese nombre me sonaba. Tardamos casi otra hora en llegar al lugar, Nelly aún seguía mal y parecía que era por culpa de la presión del mar, la hacienda era casi como una pequeña ciudad amurallada a pie de mar, lejos de la zona hotelera y a pie de playa.

Nos abrieron un portón y el auto avanzo por un camino empedrado rodeado por césped muy bien cortado y muchas palmeras. Seguimos hasta empezar a ver una especie de casa de playa tirándole a mansión, era color crema y con tejas en el techo.

 


 

Llegamos y los carros se aparcaron en la entrada donde había una fuente de piedra. Salimos y yo sostuve a Nelly con toda mi fuerza, ella también actuaba como si estuviera bien.

Al llegar nos recibió un señor de mediana edad muy delgado y nos condujo a todas las chicas a unas habitaciones de arriba de la casa. Obviamente extremadamente elegante y moderna. Parecía que cada silla costaba más de diez mil pesos.

Subimos y ya por fin nos encontramos cara a cara con las otras tres chicas, las cuales nos saludaron con cariño.

La más joven nos dijo:

—Ay mil disculpas de que no hayamos podido saludarlos niñas, estábamos muy presionadas por Dora y ya ven que llegar aquí fue muy rápido, sorry.

—No hay problema —dije.

Las otras dos chicas también nos saludaron, se veían más jóvenes que nosotras dos. A decir verdad, no conocía a casi nadie más del Aphrodite más que a Nelly y otra chica con la que me cruzaba muy de vez en cuando. El sujeto que nos acompañaba nos abrió una puerta con tarjeta electrónica y nos metió a todas ahí, había solo 2 camas, pero varias mesitas de maquillaje. Y un baño gigantesco con varias regaderas.

—Bueno señoritas, los invitados llegan a la una de la tarde, así que prepárense para la fiesta, queremos que se vistan con bikini y que solo deambulen entre los invitados, pero no los molesten, no los vean a los ojos y no les hablen si no les hablan ellos primero, están aquí para amenizar la fiesta y entretener a los invitados.

Nos metimos, le agradecimos y cerramos la puerta, otra de las chicas dijo ya después de unos segundos.

—Entonces somos objetos que se ven bonitos, ven muchachos les dije que no había nada que tener si nos comportaban bien.

Nelly corrió a acostarse en una cama.

—¿Este lugar es bonito no creen? —dijo la chica rubia.

—Bastante —dijo la de apariencia más joven.

—Bueno, que les parece si comenzamos a movernos para cambiarnos —les dije a las 3.

—Oki —dijo la más chica.

Todas pusimos las maletas encima de la cama no ocupada por Nelly y las abrimos sacando las cosas con la que nos vestiríamos.

—¿Oigan y cuál es su nombre? —les pregunté.

La más grande de todas y de cabello negro dijo:

—Soy Adriana, pero en verdad me llamo Horacio.

La de en medio y rubia dijo:

—Soy Isaac, pero llámame Clara por ahora.

Y la más jovencita dijo:

—Soy Daphne, pero en realidad soy Alfredo, tengo 21 por cierto —se sinceró con una sonrisa llamada nerviosa.

Todas parecían muy agradables y platicaban entre ellas, pero me preocupo de que Daphne fuera tan chica y ya tuviera que trabajar en esto.

Nos metimos a las regaderas, pero yo busqué en el botiquín de medicina, le di un poco de pastillas para el mareo y el dolor de cabeza a Nelly y le di una botellita de agua de un mini refri. Su cara le cambió casi de inmediato. Le ayude a quitarse la ropa y Daphne me vino a ayudar, era muy buena chica.

La metimos a las regaderas y la sentamos, el agua le venía de maravilla, no me había dado cuenta, pero todas estábamos ya desnudas y bañándonos. juntas. Esas pastillas X-Change sí que te inhiben, nadie parecía preocupada, y en realidad pensándolo bien todas estábamos iguales y no teníamos nada diferente. Pero si yo fuera hombre las cosas serían distintas, de vez en cuando les daba mirándolas y sentía una creciente excitación, que se manifestaba por un calorcito húmedo en mi vagina. Terminamos rápido y nos secamos con toallas, Nelly se veía mejor y caminaba sola ahora. Se fue a acostar.

—Esperen, antes de ponernos la ropa hay que ponernos bloqueador —dijo Clara.

Sacaron unas cremas y bloqueadores en spray, nos embarrados en la cara y los brazos, eran bloqueadores de buena calidad de la marca Isdin. Era una escena muy erótica, 5 chicas jóvenes todas embarradas de blanco.

Todas tomamos nuestros bikinis y nos empezamos a vestir, yo fui la más conservadora de todas al usar un bikini de una sola pieza que me cubría más del cuerpo.

Nelly se puso uno de color negro.

Pasamos las horas platicando y bajamos a la terraza de la fiesta que apenas estaban arreglando los trabajadores. El mayordomo delgado nos pidió disfrutar mientras llegaban los invitados, así que nos recorrimos a la zona de la piscina y estuvimos ahí varias horas, más que nada en los camastros porque el sol estaba muy fuerte.

Las personas estaban llegando poco a poco y sin darnos cuenta se convirtió en una verdadera fiesta. Después de un rato la gente se empezó a reunir en un punto específico para saludar a alguien, volteé y vi a el dueño de televisa, el señor Azcárraga.

Pocas veces había estado en público como mujer, pero el estar en bikini me hacía estar muy consciente de mi cuerpo.

Estábamos acostadas en las sillas de playa y en una especie de camas cubiertas por telas blancas y cercas de madera.

Durante aquella fiesta tuve que soportar la mirada de muchos hombres en mi cuerpo con una sonrisa, pues esencialmente era el trabajo. Así mismo, muchos tipos se me acercaron pidiendo mi número o alguna de mis redes, cosa que yo me negaba torpemente diciendo que no tenía un celular. Incluso hubo uno que otro mañoso que aprovechaba mis momentos de distracción o la acumulación de la gente para tocarme una teta, una nalga o rosarme su entrepierna.

Decidí dejar de prestarle importancia y a pesar de ello traté de disfrutar aquel día en la playa, después de todo hacía años que no iba, principalmente por que el tiempo de mis anteriores trabajos no me lo permitía. Por ello aproveche en caminar nuevamente descalzo por la arena, meterme al mar y nadar un rato y tomar el sol calmadamente, como dijo Nelly a veces era bueno soltarse un poco disfrutar el momento.

Aquel día en la playa también sirvió para conocer e interactuar un poco más con mis colegas, pues hasta ese momento solo conocía bien a Larry. Todas las chicas de papi nos bronceábamos luciendo nuestros bikinis mientras aprovechábamos en hablar, cada una contaba su historia. Daphne/Alfredo quien llevaba un bikini lila es un joven de apenas 21 años, su madre está muy enferma y su padre falleció hace mucho así que tuvo que encargarse de todos los gastos el solo, obviamente las ganancias de papi le venían muy bien. Clara, la hermosa rubia de negro es Isaac él solo quería costearse sus estudios, sin embargo, menciona que hace tiempo que lo dejó pues piensa que puede vivir de esto perfectamente. Finalmente, Adriana, una chica morenita y muy en forma es Horacio. Su historia es similar a la mía, es un padre de familia desesperado que llegó a papi. Nadie pensaría que esas cuatro mujeres quienes conversaban y tomaban el sol, eran el fondo hombres.

Había música y los mozos nos llevaban cualquier trago que pidiéramos, Nelly solo pedía agua.

—No quiero volver a probar el alcohol nunca Nicol.

Solo me reí.

Íbamos y veníamos por la fiesta, y el señor Azcárraga ya no se veía en ningún lado.

Nos agrupábamos y separábamos, vi que las otras tres chicas se tomaban fotos.


Yo solo bebía y bebía.

—¿Nelly, como te sientes?

—Mucho mejor amiga, ya no quiero vomitar y respiro mejor.

—Se nota.

Un muchacho de unos 20 años se acercó a nosotras y dijo:

—¿Hola, chicas, pueden venir conmigo un momento? —Parecía muy nervioso.

Lo seguimos y él nos llevó dentro de la casa, se sentó en un sillón y nos dijo.

—Soy sobrino del que organizo esta fiesta, es por mi cumpleaños y mi tío me dijo que había traído a unas muchachas para festejar ¿no es cierto?

—Si, somos nosotras dos y otras tres chicas —explicó Nelly.

—Oh genial —dijo el muchacho, tenía ropa fina de Ralph Lauren y así, era delgado y se veía algo inocente.

—¿Te está gustando la fiesta?

—No soy mucho de fiestas amiga, además no están mis amigos y no conozco a nadie.

El chico parecía muy tranquilo, casi como un nerd.

—¿Quieres que te hagamos compañía? — me apiade de él.

—Claro, podemos partir mi pastel el mi cuarto.

Nos subimos a donde estaban las habitaciones en otro lugar de la mansión aún más elegante y entramos en la habitación del muchacho.

Su cuarto era como el de cualquier otro chico, pero con cosas muy caras, igual casi al de Neil, una ps5, tele grande, todas las computadoras y laptops Apple, cama King size, etc.

Y muchos posters de películas, tenía de Iron Man, Metallica y un póster de alguna chica en bikini. Y pensar que ahora tenía dos de “verdad” en su cuarto.

—Pasen, perdonen el desastre.

Entramos y nos sentamos en su cama, él trajo una mesita y su silla del escritorio. Sacó un pastel pequeño del minibar de su cuarto y le quito la tapa.

—Feliz cumpleaños eh…. —dije.

—Marco —dijo el chico.

—Feliz cumpleaños Marco —le dijimos las dos.

—Gracias chicas, perdón que tenga que traerlas hasta aquí, pero a mi tío no le gustan los cumpleaños.

—No te apures amigo.

Él puso una canción de cumpleaños en inglés en su teléfono y la cantamos los tres.

El chico parecía ser tímido y buen muchacho.

—Pide un deseo Marco —le dije.

—Deseo encontrar novia este año —susurro.

—Tonto, no se te cumple si lo dices en voz alta.

—De todas formas, no creo que se me cumpla —dijo entristecido.

—¿No puede ser, por? —le preguntó Nelly.

—Todas me batean, dicen que soy un niñato —se veía triste.

Y la maldita de Nelly le dijo:

—No te apures Alfonsito, seguro eres un gran partido y pronto conseguirás alguna chica que te quiera.

—No siendo tan penoso.

—Vamos, tuviste el valor de salir y hablarnos.

—Porque sabía que en realidad son hombres que se convierten en mujeres, y aun así no las puedo ver a los ojos.

Nelly y yo nos miramos mutuamente.

—¿No te importa que seamos hombres entonces?

—No parecen hombres, son las mujeres más bonitas que he visto.

—¿Y quisieras que te ayudemos a perder el miedo?

El chico nos miró sorprendido, Nelly se paró y lo tomo de la camisa, arrojándolo a la cama. Rápidamente le quito los pantalones y los calzoncillos y le descubrió el pene. El maldito crío estaba con una erección bien dura.

—¿Se te prendió solo por hablar con nosotras? —le pregunté.

—Perdón.

—Nicol, ven aquí y ayúdame.

Me agache junto a Nelly y ella me susurro al oído:

—Es tu hora de perderle el miedo al sexo oral.

Lo analicé un segundo y concluí que era mejor tenerlo por primera vez con un chico rico y tímido que con un cabrón de cuarenta bien machista y feo.

De algún lugar saque el coraje y tome su pene, la tenía más grande que yo el muchachillo.

—Ay porfa paren.

—Perdona Marco, pero no permitiremos que le tengas miedo a las mujeres, toma esto como tu regalo de cumpleaños.

Nelly me miró y afirmó con la cabeza.

Yo empecé a masturbar al muchacho y acariciar su pene y sus testículos con ambas manos, le palpitaba todo y estaba muy caliente. No era muy desagradable, seguí así un buen rato y al final abrí mi boca y me metí su glande, lo chupaba despacito y con poca presión, el sabor era limpio y sabia como lamer un brazo algo sudado, sus bellos me picaban un poco la nariz y traté de ir más abajo. Su glande rozaba mi lengua, pronto lo saqué y comencé a lamerle los testículos, los metía a mi boca y los succionaba, como el chico no me obligaba a nada podía ir a mi ritmo. Lamia con miedo el glande, pero le parecía gustar. Nelly se me unió en mi experimento y mientras yo lamia un lado del pene del chico ella comenzó a pasar su lengua por el otro lado, ese chico sí que tenía suerte. Comencé a besar la punta de su pene con los labios y Nelly lamia de arriba abajo.

 


 

Nelly parecía hipnotizada, yo la empuje juguetonamente y salió de su trance. Se paro y acostó junto a Marco, solo pude escuchar sonidos de besos y saliva. No quise ver.

Marco comenzó a gemir y respirar profundo, yo tenía su pene enterrado en la boca, estaba practicando más que nada. No me gustaba, pero no estaba tan terrible.

—Me voy a venir, me voy a venir.

Demasiado tarde, un líquido muy salado y poco agradable volvió a aterrizar en mi boca. Lo volví a escupir con asco, no tanto como la otra vez por la limpieza del muchacho, pero no me gustaba para nada. Corrí al baño a lavarme y tomé un refresco del minibar. Nelly estaba montada encima de Marco y solo me dijo:

—Buen trabajo amiga, yo me encargo desde ahora. Pude ver cómo aplastaba el pene del muchacho con su trasero aún cubierto por el bikini.

—Adiós Marquito —dije mientras me apresuraba a salir.

—Adiós Nicol, gracias.

Corrí lo más pronto que pude y llegué de nuevo a la fiesta, yo solo me mantuve ahí y bebí más esa ocasión.

Incluso termine meneando mis caderas en medio de todos cuando las copas se me subieron encima.

Al terminarse la fiesta a eso de las 11 de la noche, los mozos nos indicaron que podíamos regresar a la habitación.

Subimos y nos dimos otro baño en silencio, estábamos algo quemadas por el sol y muy cansados.

Me acosté y después de una media hora revisando el teléfono y bromeando con las otras muchachas me preguntaron por Nelly.

—Ah, se quedó con un chico de la casa.

Todas se rieron como colegialas tontas y volvieron a lo suyo. Nos cambiamos a algo más cómodo y se quedaron dormidas las tres en una cama.

Yo no pude dormir hasta que llegara Nelly, y mucho menos teniendo en la consciencia que había chupado un pene. Un nuevo punto bajo.

El cerrojo de la puerta sonó y Nelly entró con el cabello revuelto. Abrí los ojos y le dije:

—¿Te divertirte?

—Divertirse no es la palabra, sino asombrarse.

—¿Tan malo es?

—Ella casi suelta una carcajada y se larga a bañarse.

Entonces él es todo lo contrario.

A la mañana siguiente pasaron por nosotras a recogernos y nos dejaron en una casa de playa mucho más modesta solo para nosotras, nos dieron un anticipo del pago y nos dijeron que hoy era nuestro día libre. En las camionetas nos volvió a tocar el muchacho que nos recogió del aeropuerto y con más confianza nos invitó a un bar en la noche. Aceptamos y él nos dijo que pasaría a recogernos a las seis y nos mostraría el puerto.

No pasamos ni 5 minutos en la nueva casa y ya estábamos pidiendo un Uber para ir a una plaza a comprar cosas. Y ahí nos pasamos todo el santo día. Nelly me obsequio unos shorts, sandalias y Crop tops.

—Para que te lo pongas esta noche en el antro amiga.

Nos comportábamos como un grupo de veinteañeras legítimo.

 


 

Al terminar le llamamos al muchacho de la camioneta el cual se llamaba Saúl y le dijimos que si podía pasar por nosotras al centro comercial. Llego en unos quince minutos y nos subimos con él, venia acompañada de un amigo bien parecido. Creo que ninguno de los dos sabía lo que en realidad éramos, pero nadie le quiso romper la ilusión de que estaba saliendo con 5 chicas de su edad.

Nos dio un recorrido por lugares turísticos y nos tomábamos fotos en estatuas y así.

Todos compartimos unas cervezas en el bar y llevamos la fiesta hasta la casa.

 

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